MasukCAPÍTULO 5
Don Antonio Strondda Siento el viento helado golpeando mi cuerpo y me doy cuenta de que han pasado muchas horas. Me aprieto la manga de la camisa contra la frente y me doy cuenta de lo sudado que estoy, pero no quiero parar. Oigo el ruido de los zapatos de mi hermana, pero no tengo valor para mirarla. - Tony... ¡no pasa nada! Ven a darte una ducha, vístete, podrías resfriarte. - dijo suavemente y yo le dije que no. - Sé que la tierra te calma, pero tu prometida ya está bien, está a salvo... - ¡Ella nunca me perdonará, Laura! He vuelto a perder la cabeza... - Recogí los pétalos sueltos que habían caído de las rosas blancas. - Mira, hasta las rosas están tristes, Laura... Sentí que su mano tocaba la mía y la miré. - Todo va a salir bien. Mañana será un nuevo día y tendrás otra oportunidad de enmendarte, o de disculparte... - ¡Tienes razón! - Recordé que por la mañana yo sería el jardinero y ella no me miraría con los ojos que lo ha hecho hoy. Nunca he sido posesivo, pero la idea de que otros hombres la visitaran y tal vez incluso la besaran como yo... me volvía loco. Su tío me dejó así, diciendo esas cosas, y tal vez mañana tenga la oportunidad de preguntarle. . El otro día... . Antes de que saliera el sol, ya había cogido las rosas más bonitas de mi jardín. Escogí todos los colores y yo misma le hice un ramo. Me coloqué detrás del muro y, cuando salió, le lancé una piedrecita para atraer su atención. Se le iluminaron los ojos, no sé si por las rosas o porque me vio, pero nunca había recibido un abrazo tan cálido, y simplemente se lo devolví. - ¡Has vuelto! - Te he traído rosas. ¿Te gustan? - Son preciosas... - dijo, tragándose las lágrimas y sosteniendo el ramo. Sus ojos admiraban las hermosas flores, pero estaban tristes y yo sabía que era culpa mía. - ¿Quieres que hablemos? - me miró a los ojos y pareció observarme. - Me parece que te conozco de algo. - Me puso la gorra y me arregló el pelo revuelto con sus suaves manos. - Tienes el pelo bonito, pero despeinado... - Gracias... ¡Me moría por volver a verte! - Mira... ¡Estoy muy triste porque no podremos vernos más! Estoy prometida a otro hombre... - Tenía ganas de decirle que yo era ese otro hombre, incluso se me abrió la boca, pero no tuve valor y me callé. - ¿Y cómo te sientes? - Me llevé la mano a su pelo y se lo acaricié. - ¡Un objeto! ¡Completamente manipulable y sin salida! Odio a Don Antonio... - Me dolía el pecho, pero tuve que contenerme. Si descubre quién soy ahora, ni siquiera podré acercarme a ella, odiará cada versión de mí. - ¡Si Don la eligió, no podrá cambiar nada! - ¿Cómo lo sabes? - Son las reglas de la mafia italiana, incluso puede ser rechazado, pero las consecuencias son altas... - se alejó de mí. - No sé qué hacer... - ¡Huye conmigo hoy! Mañana ya es viernes, seguro que te recoge para prepararte, ¡así que disfrutemos de tu último día! - me miró dubitativa. - Pero, ¿y mi tío? - Don no le dejará hacer nada, y mientras esté conmigo yo tampoco se lo permitiré... ¡ven, antes de que aparezca! - Le tendí la mano y aceptó encantada. Salimos casi corriendo del barranco, utilizando los arbustos para salir sin ser vistos. - ¿Por qué odias tanto a Don? - le pregunté. - Se cree el dueño de todo, ¡y yo no soy una mercancía! - La cogí del brazo cuando estábamos detrás de un árbol y tiré de ella. - No, no lo eres... es que eres la mujer más guapa de Roma y él debía de estar loco por ti, ¡no podía saciarse! - Me acerqué mucho. - ¿Lo conoces? ¿Cómo sabes tanto de él? - Yo sólo, imagino... - Le pasé los dedos por los labios. - Sé que yo también haría cualquier cosa por poder besarte ahora mismo... tu delicada piel, el dulce sonido de tu voz, la suavidad de tus labios... - Me acerqué mucho. - Mi tío me mataría si lo besara... - susurró. - ¿Por qué lo haría? No necesita saberlo... - susurré. - ¡Protege mi unión con Don con uñas y dientes! Ayer te vio besándome y me maldijo por no respetar a Don... - ¿A Don? - Sí... - Confieso que oí parte de la conversación y pensé que se trataba de otros novios tuyos... - No... Nunca he besado a nadie aquí. Sólo en el instituto, cuando tenía dieciséis años, antes de graduarme, ¡nunca más después de eso! - Me quedé mirándola un rato y me di cuenta de lo estúpido que había sido. La estaban juzgando por mi culpa y yo también la había juzgado y humillado en aquel baño. Respiré hondo y la abracé con inquietud. Sentía el corazón extraño, me dolía. Con mi mano derecha pasé mis dedos entreabiertos desde su nuca hasta la parte superior de su cabello, luego con mi otra mano aparté el cabello de su rostro y besé su frente, porque por más que me muera por besarla, la respetaré, mi padre ya me ha explicado cómo funciona el respeto con las mujeres, y tampoco quiero dejarla decepcionada con el jardinero. - ¡Vamos a ver un río precioso que está escondido entre esas dos parcelas! - señalé. - ¿No es privado? Nunca he oído a nadie decir que haya estado allí, incluso dicen que pertenece al Don... - ¡No te preocupes, conozco al dueño! - ¡Vale! Me miró con aquella hermosa sonrisa y entonces le cogí de la mano y caminamos juntos hasta la parte trasera del jardín que mi padre y yo habíamos remodelado, frente a la casa en la que vamos a vivir cuando nos casemos, y espero que estos buenos momentos puedan ser recordados más adelante, cuando ella descubra la verdad.Capítulo 132 Narración del autor:Para Rebeca y Enzo, la vida se ha convertido en un maratón constante. La vida de esta familia es una locura, con dos bebés pequeños y la peligrosa vida en la mafia italiana, no es algo para todo el mundo, y Rebeca también es muy diferente al resto de la familia, por lo que esto funciona perfectamente para ella. Esta pareja nunca cambiará, los altibajos forman parte de su día a día, y no tendría gracia si no fuera exactamente así. Heloá tiene un carácter más fuerte que Miguel, y Enzo no para de repetir que ella es la cara de Rebeca, mientras que Miguel se porta mejor. A Maicon le fue bien en la mafia, y últimamente trabaja en una posición mejor, como mano derecha del Don. Desde que llegó, puso sus ojos en María Eduarda, la hermana de Enzo. Pero Hélio cortó pronto con él y acabó alejándose. Al ir al club nocturno, conoció a varias mujeres, pero ninguna le llamó la atención. Quizá en un próximo libro os cuente más sobre esto, porque el sigu
Capítulo 131 Enzo - ¡Santo cielo! Has alborotado a los niños. - Me peleé con Rebeca mientras caminábamos hacia el coche. - ¡YO NO HE HECHO NADA! Y DEJA DE AGITARME, ¡LA QUE AGITA ERES TÚ! AHHHH, MIERDA, ENZO, ESO DUELE. - Abrí la puerta y la ayudé a entrar, pero me estaba asustando. Estaba ansioso, y con cada respiración diferente de Rebeca, me daba cuenta de la situación. - Enzo. ¡ENZOOO! - gritó Rebeca cuando sintió más dolor. - ¿Qué le pasa? ¿Va a nacer ya? - pregunté aterrorizada. - Va a nacer. - Dijo que respiraba con dificultad y la desesperación se apoderó de mí, así que empecé a dar vueltas alrededor del coche, sin saber qué hacer.- Maldita sea, deberías haberte quedado en casa. - Enzo, por el amor de Dios... acelera, y deja de andar como un gilipollas mareado, porque mi irritación va a acelerar el parto, y creo que es... YA, YA... ¡YA VIENE, CORRE! - gritó Rebeca, haciéndome despertar de mi trance y correr con ella hacia el hospital. Ni
Capítulo 130 Enzo La noche siguiente: - Te ves peor embarazada - rocé mi barba contra su piel. - Claro que no, sólo eres tú - me susurró al oído. - Te voy a arrancar la ropa... - Me puse encima de ella. - No te atrevas o te complicaré aún más la vida. - Tumbé mi cuerpo junto al suyo, desanimado.- ¿Qué quieres ahora?- Nada... sólo dormir. Buenas noches...La maledetta se tumbó con su lencería roja, y parecía tener un rastreador de peligros en el cuerpo, porque yo no podía ni tocarla. - Vas a dejar de trabajar, ¿verdad? - Pasé mis manos por su espalda, veía que le gustaba. No quería insistir en seducirte, si no quieres, no quieres.- No voy a dejar de trabajar. Tengo cuidado, nunca me han pegado. - dijo lentamente.- No vas a misiones, ¿verdad? ¿Porque es demasiado peligroso, si te disparan o alguien te ataca? ¿Si te lanzan dagas o cuchillos? No, no puedes... Se lo contaré a Don. - Lo he pensado un poco más. - Tenemos demasiados soldados para eso, ¿po
Capítulo 129 Rebeca Me quedé asombrada al saber que no había un solo bebé en mi barriga, sino dos. El médico estaba muy atento, y creo que Enzo estaba un poco nervioso, porque empezó a hacerle muchas preguntas. - Mira, seamos prácticos. Escribe lo que puedes y lo que no puedes hacer, y luego lo leeremos en casa. - La doctora sonrió y se tomó su tiempo para teclear. Cuando salimos, estábamos en silencio, y cerca del coche, cuando fui a abrir la puerta, me giró para que le mirara y me abrazó. - Ahora seremos una familia, Rebeca. - Le devolví el abrazo. - Te quiero... - Yo también te quiero, ragazza. - Nos quedamos un rato abrazados y me sorprendió oír una voz: - Qué casualidad... - Me giré y vi que allí estaba uno de los encargados de la discoteca, de los que hacen programas. - É... - No hice mucho hincapié, fue una de las primeras en reírse de mí cuando empecé en el club. - ¿Hay alguien enfermo? - preguntó y yo me estresé, ¿sería que la puttana no me veía
Capítulo 128 Enzo - ¿Estás lista, ragazza? - pregunto, golpeando la mesa con las manos al darme cuenta de que Rebeca ha salido por fin de aquella habitación. - No sé... dímelo tú. ¿Se me nota la barriga, o no? No puedo parecer gorda, estoy embarazada. - Se giró de lado, estirando aún más el vestido, intentando mostrar la barriga, pero yo no estaba tan loca como para decir tonterías y esperar media hora más. - Diablilla, estás preciosa. Tu barriga es preciosa, puedo verla perfectamente. - Me puse las manos en la barriga y ella me miró con desconfianza. - No lo dices para complacerme o para que nos pongamos en marcha, ¿verdad? - me miró. - Por supuesto que no. Si algún desgraciado se atreve a decir lo contrario, le pego un tiro. O le meteré un calcetín por la garganta, según quién sea... - sonrió. - Eres gracioso... - Divertidísimo. Vámonos de una vez, que no por estar embarazada no te voy a poner en medio de mi espalda -ella ensanchó los ojos. - No harías e
Capítulo 127 Fabiana - Ah, pero este bebé es tan hermoso. Por eso la otra abuela está encantada con él. - Mi madre abraza a Vinícius y yo suspiro. - Sabes, mamá... cuando lo miro, pienso: se formó dentro de mí, nació dentro de mí, es tan increíble, ¿no? - Estamos bendecidos, hija mía... Estoy segura de que dentro de unos años tendremos muchos bambinos correteando por esta casa, por estas tierras. Cuando naciste, faltaba de todo... nuestra primera casa era de barro, un espacio minúsculo, yo alisaba el suelo con barro y agua, con las manos o con lo que veía delante, luego se secaba y quedaba bonito... al menos, a mí me parecía bonito. Luego sólo tenía que barrerlo bien y listo. - ¿Y cómo te las arreglabas con las cosas que faltaban? - Seguíamos así... un día tras otro, y siempre había suficiente para comer al final del día. Aunque tu padre siempre comía paçoca con Coca-Cola, porque era más barata y duraba más en el estómago. - Ella sonreía y yo le seguía la corrie







