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Capítulo 11

Autor: Valentina21R
last update Fecha de publicación: 2025-09-13 17:20:48

El gran espectáculo de la boda terminó, pero para Natalia, su verdadera prisión comenzaba allí, en la Villa de los Molinari. Su estómago se revolvía con cada paso que daba hacia el interior de la mansión. El recuerdo del beso de Alessandro la perseguía, una sensación extraña que encendía su cuerpo, pero también la repulsión hacia él. ¿Cómo podía desear a un hombre que la había utilizado de esa forma? La confusión la atormentaba, y la ansiedad se apoderaba de ella cada vez que pensaba en lo que podría suceder después.

El coche frenó frente a la villa, y Alessandro, con su porte de caballero, extendió la mano hacia ella. ¿Qué quería de ella ahora? Natalia dudó, pero finalmente, con un esfuerzo visible, aceptó su mano y salió del vehículo. El peso de la situación le aplastaba el pecho. No podía escapar, no podía correr.

Los fotógrafos y reporteros ya se agolpaban a las afueras de la propiedad, algunos incluso sobrevolaban los alrededores en helicópteros, intentando capturar cualquier imagen de Alessandro Ferri y su nueva y misteriosa esposa. Natalia sentía la mirada de todos sobre ella como un peso sobre sus hombros, una presión insoportable.

Pero Alessandro, el hombre que había sido la estrella de la fiesta, había desaparecido. El semblante serio, casi sombrío, reemplazó la falsa sonrisa que había mostrado minutos antes. No había dicho una sola palabra en el camino. Al entrar a la casa, la soltó de forma brusca, dejándola en medio del gran salón mientras él se alejaba rápidamente, como si no tuviera tiempo ni interés en nada más.

Natalia, como si todo fuera un sueño distante, subió a su habitación, donde Giulia la esperaba para ayudarla con el vestido. La sirvienta la abrazó con efusión, su alegría parecía una burla.

—Congratulazioni, mia signora —dijo Ofelia con voz cálida, la emoción en sus ojos era palpable.

Natalia le sonrió con cortesía, pero no compartía el mismo entusiasmo. La boda no era un cuento de hadas. Era una prisión disfrazada de lujo.

Ofelia la ayudó a desvestirse, mientras Natalia le relataba lo que había sucedido en la ceremonia. La mujer escuchaba, con ojos brillantes, como si todo fuera un romance épico, un amor con final feliz. Pero la realidad era otra. Natalia no podía evitar sentir que cada palabra que decía caía en un vacío.

Después de un rato, Ofelia salió de la habitación, dejándola sola. Pero algo en la forma en que dejó la puerta entreabierta la sorprendió. ¿Por qué no la cerró completamente? Sin pensarlo demasiado, Natalia decidió que no quedaba nada más que hacer allí.

Con un suspiro, salió de la habitación y, al cruzar el pasillo, la vio. Alessandro estaba allí, de pie, en el vestíbulo. Se había cambiado de ropa, ahora lucía más relajado, aunque su mirada estaba vacía, distante. Ambos se miraron por unos segundos, pero en la intensidad de su contacto visual, Natalia sintió el mismo cosquilleo en el estómago que cuando la besó en la iglesia. Esa sensación extraña. Como si el aire entre ellos estuviera cargado de algo más que odio. Había una especie de magnetismo inexplicable que la atraía, y a la vez, la repulsión crecía en su interior. ¿Qué era eso?

Él fue el primero en cortar el contacto visual, girando la cabeza hacia otro lado. No le dijo nada, simplemente se alejó, dejándola allí, sola con sus pensamientos.

Ese momento, breve pero intenso, dejó una huella en ella. Era como si todo lo que había pasado hasta ahora fuera una mentira. Su matrimonio era un espejismo, una farsa. Alessandro no le exigiría cumplir con su papel de esposa en la cama. Al principio, se sintió aliviada, pero luego, un malestar la invadió. ¿Qué pasaría después? ¿Pasaría el año con él, fingiendo que eran un matrimonio feliz? O peor aún, ¿se empeñaría en mantenerla bajo su control, interpretando el papel de esposo amoroso, mientras ella perdía la oportunidad de ser feliz?

Su mente no dejaba de dar vueltas en torno a esas preguntas, hasta que decidió que era hora de hacer algo. Ya había cumplido su parte del trato. No estaba dispuesta a quedarse atrapada en la jaula dorada que Alessandro había creado para ella.

Salió de la habitación, decidida, con paso firme. La servidumbre la saludaba con solemnidad, y al pasar junto a ellos, Natalia sintió una extraña mezcla de angustia y determinación. Al salir de la villa, un coche estaba esperando para llevarla a donde deseara. Sin dudarlo ni un segundo, se subió al vehículo. Había un solo lugar al que quería ir: ver a su abuela Rosa.

Era lo único que realmente le quedaba.

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