Share

Caín y Abel

last update publish date: 2026-04-20 10:20:54

Gael se observaba en el espejo con una sonrisa satisfecha.

Ajustó ligeramente su corbata, admirando su reflejo, mientras detrás de él Eduardo Vercelli apoyaba una mano firme sobre su hombro.

—Padre… lo logramos —expresó Gael, sin ocultar su orgullo.

Eduardo sonrió, complacido.

—En efecto —respondió con calma—. La naviera por fin nos pertenecerá… y por supuesto, tú te quedarás con esa muñequita.

Gael sostuvo su propia mirada en el espejo, seguro, convencido, había intentado tantas veces conquistar a Isabella sin llegar a nada.

—Sí.

Acomodó una vez más su traje, impecable, y ambos salieron de la habitación.

Afuera, los autos ya los esperaban. Eduardo subió a uno distinto, Gael, en cambio, caminó hacia el suyo y abrió la puerta del conductor.

—Yo manejo —dijo sin mirar a nadie.

Encendió el motor, el vehículo arrancó con suavidad. No sabía que alguien más… ya había decidido su destino.

A varios kilómetros de distancia dentro de otro auto negro, el ambiente era completamente distinto. Adriano Vercelli permanecía sentado en el asiento trasero, con la mirada fija al frente.

Imperturbable, esperando el momento perfecto.

Acomodó con calma el puño de su camisa, luego la corbata.

—Síganlo —ordenó finalmente, con voz baja.

El conductor asintió de inmediato.

—Sí, señor.

El auto arrancó, y ,minutos después el vehículo de Adriano aceleró, acercándose al de Gael hasta quedar peligrosamente cerca, después se atravesó de golpe 

El sonido de los frenos rechinando rompió el silencio de la carretera.

—¡Demonios! —gruñó Gael, girando el volante con fuerza para evitar el impacto.

El auto se detuvo bruscamente.

El corazón le latía con violencia.

—¿Qué diablos…?

Antes de que pudiera reaccionar, la puerta del otro vehículo se abrió.

Adriano bajó, tranquilo, acomodó su saco, y luego la corbata. Su expresión era completamente fría.

Caminó hacia el auto de Gael sin prisa… pero sin detenerse.

Gael abrió la puerta con brusquedad y salió.

—¿Qué demonios crees que haces, Adriano? —espetó—. ¿Acaso intentas matarme?

Adriano sonrió. Pero no fue una sonrisa amable, fue calculada. Dio dos pasos más hasta quedar frente a él.

—Por supuesto que no —respondió con calma—. Al contrario… solo quiero evitar que cometas el peor error de tu vida.

Gael frunció el ceño confundido, molesto.

—¿De qué hablas?

Adriano no respondió de inmediato. Alzó ligeramente la mano, e hizo un ademán, un simple gesto.

Las puertas del vehículo detrás de él se abrieron. Varios hombres comenzaron a bajar.

Gael retrocedió medio paso, sorprendido.

—¿Qué estás haciendo?

Adriano lo miró fijamente sin emoción.

—Simplemente… tomo el control.

Luego giró apenas el rostro hacia sus hombres.

—Llévenlo a la bodega —Hizo una pausa mínima—. Y procuren que no se lastime.

Los ojos de Gael se abrieron de par en par.

—¿Qué? ¿Te volviste loco?

Los hombres se acercaron sin dudar, y lo sujetaron por los brazos.

—¡Suéltenme! —él forcejeó—. ¡Adriano, ¿qué diablos haces?! ¡Hoy es mi matrimonio!

Adriano se detuvo frente a él.

Lo observó, con calma, y con bastante superioridad.

—Lamentablemente, hermanito… tu boda no se llevará a cabo.

Se inclinó apenas hacia él.

Lo suficiente para que sus palabras pesaran más.

—Hoy se celebrará la mía, mi boda.

Gael dejó de resistirse por un segundo, incrédulo.

—Estás bromeando…

Adriano sonrió de lado.

—No —respondió Adriano. Se enderezó y añadió, con total tranquilidad—. ¿No piensas felicitarme?

—Eres un imbécil, Adriano… me las vas a pagar.

Adriano sonrió apenas, sin molestarse en responder. Cerró la puerta del auto y subió con total calma, como si nada pudiera tocarlo.

A kilómetros de ahí… El vestido se adhería al cuerpo de Isabella Beltrán como una segunda piel.

Estaba hermosa, más que nunca. Pero sus manos temblaban… al igual que su cuerpo.

Solo quería una cosa, salir de ahí.

—Hija, por favor… camina —dijo Josué, con la voz tensa, intentando mantener el control.

Isabella se giró hacia él, mirándolo con incredulidad.

—Papá… él no va a venir —susurró—. ¿Cómo pretendes que siga? Ya pasó media hora.

Josué no respondió. A unos metros, Eduardo Vercelli miró su reloj y luego hizo una leve seña, acababa de recibir un mensaje de uno de sus hombres, su hijo acababa de llegar.

—Empieza —ordenó.

Josué tragó saliva y sujetó el brazo de su hija con más fuerza y la marcha nupcial comenzó a sonar.

—Vamos… camina.

—Papá, no me hagas esto —dijo ella, resistiéndose.

—Camina.

—Vamos, señorita Beltrán 

Una voz detrás de ella, hizo que Isabella se quedara helada… esa voz grave, sus ojos se abrieron lentamente mientras giraba su cuerpo 

Ahí frente a ella estaba Adriano Vercelli, impecable, frío. Mirándola como si ya le perteneciera.

Incluso Eduardo pareció tensarse un segundo. Pero no podía hacer nada, al menos no todavía.

—¿Qué haces aquí? —preguntó Isabella, sin poder ocultar la confusión.

Adriano dio un paso hacia ella.

—Vamos a casarnos.

El aire se le quedó atrapado en el pecho de Isabella, ¿Cómo Adriano pretendía casarse con ella, cuando ella se casaría con su hermano Gael?, ¿Acaso se había vuelto loco?.

—Pero tú y yo no…

—En eso te equivocas —la interrumpió.

Se acercó lo suficiente para que solo ella lo escuchara.

—Esta noche te casas conmigo…—él hizo una breve pausa. Y añadió, sin cambiar el tono—  O al idiota de tu padre le meto una bala en la cabeza.

Continue to read this book for free
Scan code to download App

Latest chapter

  • Vendida al hermano equivocado   Traicionada por mi padre

    Gael no había pronunciado una sola palabra desde que abandonaron la mansión.El silencio dentro de la camioneta era casi insoportable.Isabella permanecía junto a la ventanilla, con los brazos cruzados y la mirada fija en el paisaje que pasaba a toda velocidad. Intentaba controlar la respiración, pero el miedo que sentía se mezclaba con una rabia que le quemaba el pecho.Frente a ella, Gael no dejaba de observarla.Durante varios minutos permaneció en silencio, hasta que finalmente soltó una pequeña risa.—No entiendo por qué huyes de mí.Isabella giró lentamente el rostro.—¿Qué?Gael apoyó un brazo sobre el respaldo y la miró directamente.—Sabías perfectamente que algún día sería yo quien se casaría contigo.Isabella frunció el ceño.—No sé de qué estás hablando.—Claro que lo sabes.Gael sonrió.—Nuestros padres lo habían hablado desde hace años. Tú y yo terminaríamos juntos. Lo único que cambió fueron los planes de nuestras familias.Isabella soltó una risa amarga.—¿Y esperabas

  • Vendida al hermano equivocado   Vamos por mi esposa

    El sonido de varios motores acercándose a toda velocidad rompió el silencio de la carretera.La camioneta que encabezaba el convoy frenó bruscamente frente a la mansión.Antes de que el vehículo terminara de detenerse por completo, Adriano abrió la puerta y bajó.—¡Señor!Luca descendió inmediatamente detrás de él.Adriano ni siquiera respondió. Al ver la entrada destrozada, los cristales rotos y varios cuerpos tendidos en el suelo, su rostro perdió cualquier rastro de calma.—Maldición...Corrió hacia el interior.—¡Señor, espere!Pero Adriano ya había cruzado las puertas.Sus hombres entraron detrás de ellos, desplegándose por toda la propiedad mientras revisaban cada habitación.—¡Revisen todos los accesos! —ordenó Luca—. ¡Quiero saber si queda algún intruso dentro!Adriano avanzó por el salón, sintiendo cómo la rabia comenzaba a apoderarse de él.Entonces vio a María.La mujer estaba sentada en el suelo, con las manos atadas detrás de la espalda. A su lado se encontraba uno de sus

  • Vendida al hermano equivocado   No hay salida

    Los pasos continuaron acercándose.Isabella permanecía inmóvil, con el corazón latiéndole con fuerza. María tenía una mano sobre su boca para evitar que cualquier sonido escapara, mientras Leah observaba fijamente la puerta.Entonces la manija comenzó a moverse.La puerta empezó a temblar bajo la fuerza de alguien que intentaba abrirla desde afuera.Leah se puso de pie de inmediato.—Voy a abrir.María abrió los ojos.—¡Señorita, no!—Si no la abrimos, van a entrar de todas maneras.Leah se acercó a la puerta.—Y cuando entren, será mucho peor.María negó desesperadamente.—Tenemos que esperar al señor Adriano.Leah la miró.—¿Y cuánto crees que tardará?Isabella comenzó a caminar de un lado a otro, completamente alterada.—No sabemos si Adriano siquiera sabe que estamos aquí.Otro golpe sacudió la puerta. Las tres se sobresaltaron.—¡Atrás! —susurró María.Pero antes de que Leah pudiera responder, una ráfaga de disparos atravesó la puerta.Las tres gritaron y se cubrieron los oídos.

  • Vendida al hermano equivocado   Ella es mía

    Gael levantó la mirada hacia los hombres que permanecían detrás de él.Su expresión había cambiado por completo.—Abran fuego.La orden fue suficiente.Los hombres comenzaron a disparar contra la entrada de la bodega. El estruendo de las armas retumbó por todo el lugar, haciendo vibrar los ventanales y provocando que varios objetos cayeran de las estanterías.Los tres hombres que custodiaban la propiedad reaccionaron de inmediato.—¡Al suelo! —gritó uno de ellos.Se refugiaron detrás de unas enormes cajas de madera mientras respondían al ataque.Las balas atravesaron algunos de los objetos, levantando astillas por todas partes.Mientras tanto, en el interior de la mansión, María bajaba rápidamente las escaleras junto a Isabella.—¡Señora, tenemos que escondernos!—¿Qué está pasando? —preguntó Isabella, intentando mantener la calma.—No lo sé, pero están disparando.Un nuevo estruendo hizo que Isabella se estremeciera. Antes de que pudiera responder, escucharon pasos apresurados detrá

  • Vendida al hermano equivocado   Tenemos que irnos

    La tarde había llegado sobre la mansión Vercelli, en una simple vista llena de calma.Dentro de la propiedad, las luces permanecían encendidas y algunos empleados todavía se movían por los pasillos. Después de lo ocurrido horas atrás con Leah, todos parecían estar intentando recuperar la normalidad.Pero aquella tranquilidad estaba a punto de terminar.En la sala de vigilancia, uno de los hombres encargados de controlar las cámaras permanecía sentado frente a los monitores. Sus ojos recorrían las diferentes entradas de la propiedad hasta que algo llamó poderosamente su atención.Frunció el ceño, pues una camioneta negra apareció en una de las cámaras, después otra, y otra.El hombre se inclinó hacia delante.—¿Qué demonios...?Y amplió la imagen.Varias camionetas estaban atravesando lentamente el camino que conducía directamente hacia la mansión.Entonces vio las puertas abrirse, y varios hombres armados comenzaron a descender.El guardia sintió que un escalofrío le recorría la espa

  • Vendida al hermano equivocado   Será mía

    Gael sostenía el teléfono con fuerza, caminando de un lado a otro dentro de su habitación. Su mandíbula permanecía tensa mientras esperaba que Leah dejara de llorar al otro lado de la línea. Estaba a punto de responder cuando la puerta se abrió sin previo aviso.Eduardo entró con el ceño fruncido.Al verlo, Gael bajó la mano que sostenía el teléfono y respiró hondo, intentando que su padre no alcanzara a escuchar la conversación.Del otro lado de la llamada, la voz desesperada de Leah volvió a escucharse.—Gael... no pude hacer nada.Él frunció el ceño.—¿Qué?Leah soltó un bufido cargado de rabia.—Sí, como escuchaste. La estúpida mujer de tu hermano, me acaba de echar.Gael cerró los ojos con fuerza.—¡Mierda!Eduardo levantó una ceja, intentando entender qué estaba ocurriendo, pero decidió permanecer en silencio.Gael hizo una pausa antes de volver a hablar.—Espera un momento... ¿y dónde está mi hermano?—No lo se, él salió temprano. Pero la estúpida, insípida e insignificante de

More Chapters
Explore and read good novels for free
Free access to a vast number of good novels on GoodNovel app. Download the books you like and read anywhere & anytime.
Read books for free on the app
SCAN CODE TO READ ON APP
DMCA.com Protection Status