INICIAR SESIÓNHola :D segundo capitulo de la noche
PoV Alejandro Lennox El silencio era mi único amigo fiel, ese que sabía que no me traicionaría. Mi leal compañero, el estandarte de mi vida. A pesar de tener apenas veintisiete años, ya acumulaba el tipo de poder, fortuna y prestigio que muchos solo se atrevían a soñar. Me llamaban el León de Nueva York, y como todo león, debía proteger mi trono con ferocidad. En el mundo de los negocios no había espacio para la debilidad ni margen para la duda. Si algo se interponía entre mí y mis objetivos, simplemente lo apartaba. No era crueldad, era instinto. Era el rey de esta jungla de metal. En mi vida, el café se había convertido en otro compañero fiel. Siempre en mi mano, como un ritual silencioso; su calor era el único capaz de templar, aunque fuera por un instante, el frío que habitaba en mi corazón. Un frío denso como el hielo, que ni el éxito ni la soledad lograban derretir del todo. Mis ojos se posaban en la cantidad absurda de papeles, como sacados de una película de terror, p
POV Alexander Lennox Con ágiles y profesionales movimientos, batía los huevos. La luz se filtraba por las ventanas, el sonido de la risa de los niños me despertaba, y mis dedos sentían el metal tibio al sostener la batidora de mano. Todas mis sensaciones estaban a flor de piel. Ese día era especial, pues estábamos celebrando el Día de las Madres, y quería que todo saliera perfecto para Dorothea. Mientras batía los huevos, podía oír el siseo de los hotcakes en la sartén, llenando la cocina con su inconfundible fragancia. Después de retirarlos y colocarlos en un plato, procedí a preparar los huevos revueltos. Desde donde estaba, pude ver a Anastasia acercarse a mí y tirar suavemente de mi pantalón. —¿Crees que mamá estará contenta con el obsequio, papá? La serena voz de mi hija me brindaba la calma que tanto anhelaba, ya que ella y Gabriel eran los más tranquilos, mientras que los otros tres eran como huracanes dispuestos a arrasar con todo. —Estoy seguro de que le va a encan
El delicioso olor del pollo a la parrilla hacía que mi estómago brincara de la emoción. Actualmente nos encontrábamos en la casa de la madre de Alexander para pasar la Navidad en Engadin, una región de Suiza. Por sorprendente que pareciera, estaba acondicionada para nosotros, aunque debía admitir que Margaret adoraba a sus nietos. Los trillizos ya habían cumplido su primer año, donde Alexander casi se desmaya. ¿Por qué? Los niños le hicieron una travesura jugando a las escondidas mientras yo averiguaba todo lo de la fiesta. La forma en que me contactó, a punto de llorar, resultó muy tierna. Me encontraba preparando unas tortillas para los niños para cenar, los cuales eran entretenidos por Alexander en el piso de arriba. El caos que se escuchaba en el techo, de diminutos pies corriendo en el piso de madera, significaba que muy probablemente estaba jugando a las atrapadas en el cuarto de juegos. Comenzaba a preparar la mesa notando a Cookie recostado en el suelo, mirándome preparar l
—Papi ¡cárgame papi! ¡Se mi caballo! Notaba a los niños intentar atrapar a Alexander que estaba vestido de Santa Claus. Esa mañana ya habíamos abierto los obsequios, por lo que los pequeños rebosaban de energía. Las preciosas luces resplandecían en el árbol navideño, Cookie brincaba de un lugar a otro mientras nuestros hijos mayores corrían detrás de su Alexander. Estaba sentada junto a Grace, junto con mis traviesos pequeños a mi lado en el suelo. —Vamos princesa, tu puedes. —Levantaba mis manos.La dulzura que irradiaba Grace tenía el poder de ablandar a cualquiera. Ella trataba de dar sus primeros pasos, se balanceaba y se desplomaba varias veces después de esforzarse por conservar su estabilidad. Sus ojos se llenaron ligeramente de lágrimas cuando la sostuve para que no cayera al suelo dándole un suave beso en su mejilla.—Pronto lo lograrás, no te preocupes, pequeña.Como si pudiera oírme, la escuché dando un leve puchero. La graciosa expresión en su rostro me hizo reír, ya que
Un leve llanto me hizo levantar de golpe. Había estado cabeceando varias veces. Gabriel, el más tranquilo de los tres dormía placido en un pequeño asiento de hamaca a mi lado mordisqueando su juguete. Grace estaba en mis brazos pegada a mi pecho…y Gael estaba en los brazos de Alexander sollozando. Los dos decidimos tomarnos unos tres meses fuera del trabajo para los niños, pero actualmente aun estábamos en el quinto mes. La experiencia de tener trillizos resultaba toda una odisea debido a que no se quedaban quietos. Ellos parecían que se turnaban para hacernos sufrir con sus ternuras siento Gael el mas travieso de los tres.—Dory, Gael no para llorar. —Susurró angustiado Alexander.—Yo creo que se descompuso. —Alejandro mordía un pedazo de su galleta mientras nos miraba. —Yo creo que deberían devolverlo.—No puedes devolver a nuestros hermanos Alejandro, si haces eso mami se pondrá muy triste. —Anastasia acariciaba a Cookie mientras nos miraba. Anastasia y Alejandro habían ayudado en
El viento jugueteaba con los girasoles a nuestro alrededor. Una calma interminable nos envolvía, nuestros hijos se encontraban con mis padres ese sábado para que pudiéramos disfrutar de un momento a solas con Alexander. Estábamos en un jardín de girasoles en un picnic en New Jersey. Su mano acariciaba suavemente mi vientre con una gran sonrisa.—Rosa azul, ¿Qué quieres comer? —Me gustaría una manzana bañada en chocolate y queso.Mi petición hizo reír ligeramente a Alexander. Durante mi embarazo, tenía antojos tan peculiares que incluso Alexander creó un blog de nota para elaborar recetas innovadoras con mis mezclas extravagantes. Estaba llegando a mi octavo mes, mi tercer bebé no se mostraba por lo que decidimos desistir ya y dejar que el milagro hiciera lo suyo. Finalmente, decidimos comprar una vivienda más grande donde los niños estaban extremadamente contentos ya que todos tendrían sus propias habitaciones. Nosotros nos encargamos de decorar la habitaciones de nuestros bebes algo







