INICIAR SESIÓNEmilia MorganCuatro meses después.Nunca pensé que me temblarían las manos por algo que no fuera una pistola.Y sin embargo, ahí estaba. Frente al espejo, con un vestido blanco que Scarlett había elegido con lágrimas en los ojos y un peinado demasiado delicado para una mujer que había sobrevivido al infierno.Mis dedos no dejaban de apretar el borde del tocador.—Estoy nerviosa —dije en voz alta, como si confesarlo lo hiciera menos real.Scarlett me miró desde el otro lado de la habitación, con Axel dormido en sus brazos. Liam jugaba en el pasillo con una flor en la mano, repitiendo sus líneas como pequeño portador de anillos.—Nunca te había visto así —dijo mi hermana, con una sonrisa suave—. Ni siquiera cuando tenías una orden de asesinato encima.—Porque esto es diferente —murmuré, llevándome la mano al pecho—. Cuando me casé con Sebastián… lo hice para huir. Para tener paz. Y aunque lo quise, aunque fue bueno conmigo... era como casarme con la idea de que yo no podía tener más qu
Narrador OmniscienteNicholas se encontraba en la sala de estrategias del ala este del complejo Morgan. A su alrededor, los jefes regionales de Nueva York, Miami, Bogotá, Caracas y Sicilia. Hombres y mujeres de poder, algunos leales… otros observadores.Él, firme, sin su uniforme del FBI, pero con la autoridad que había demostrado una y otra vez desde su llegada.—Las decisiones pasan por mí ahora —dijo, sin rodeos—. Pero ninguna orden será contraria a lo que Emilia ha construido. No estamos cambiando el sistema. Solo reforzándolo.Un silencio tenso siguió. El jefe de Bogotá, Delgado, cruzó los brazos.—¿Y cómo sabemos que tus lealtades no siguen dividas?Nick lo miró directo a los ojos.—Me entregué. Fui torturado. Estuve dispuesto a morir por esta familia. ¿Tienes idea de lo que eso significa?Delgado bajó la mirada. Nick prosiguió:—Ella lleva a nuestro hijo en su vientre. ¿Creen que arriesgaría eso? Voy a hacer este imperio aún más fuerte. Pero cualquiera que desafíe a Emilia, aún
Emilia MorganEstoy en el segundo mes y, aunque parezca extraño decirlo, cada día siento que esta pequeña vida dentro de mí me hace más fuerte y más vulnerable a la vez.Las náuseas aún me golpean sin aviso. A veces, el simple olor del café me revuelve el estómago, y eso me frustra más de lo que esperaba. Pero aprendo a escuchar mi cuerpo, a darle lo que necesita y a respetar sus límites, aunque eso signifique rendirme a la calma más de una vez.Mi abdomen aún no muestra señales, pero yo sé que algo está ahí, latiendo, creciendo. Es un recordatorio constante de que esta vez no solo lucho por mí, ni por Nick, ni por Liam, sino por alguien que aún no conozco, pero que ya amo con todo mi ser.A veces me pregunto qué tipo de madre seré. Si podré protegerlo como a los míos, si podré darle la paz que nunca tuve. No puedo evitar sentir miedo, ese miedo que se cuela en la noche y me hace apretar el puño contra el pecho.Pero también siento esperanza.Espero que este pequeño sea mi luz en medi
Emilia MorganLa habitación del hospital estaba en silencio, pero mi mente no dejaba de gritar.Cada vez que cerraba los ojos, veía su rostro lastimado. Las marcas, los hematomas, la sangre seca. Nick atado a esa silla, luchando por respirar, por no rendirse.Y yo…¿Había hecho lo suficiente?¿Lo había puesto en peligro por llevar este mundo sobre mis hombros?¿Había sido egoísta al traer una vida nueva en medio de esa tormenta?El peso de la culpa me aplastaba con una fuerza que ni las armas ni las batallas habían logrado.Me senté en el borde de la cama, las manos temblando. Miré mi reflejo en el espejo del tocador y no reconocí a la mujer que me devolvía la mirada.—Lo siento, Nick —susurré al vacío—. Por todo lo que tuviste que pasar. Por no poder protegerte mejor. Por arrastrarte a esto.Una lágrima rodó por mi mejilla y la dejé caer sin luchar.Sabía que él no me reprocharía nada. Que su amor era más fuerte que cualquier herida.Pero esa culpa… esa sensación de no ser suficiente
Emilia MorganMe conocía perfectamente para saber que algo no andaba bien en mi.Lo supe en el instante en que corrí al baño a vomitar, luego de haber dejado a Liam en su cama dormido. Lo supe en el momento en que ví mi rostro pálido. Lo supe en el momento en que sentí un dolor en mi espalda.Sabía que no era necesario una revisión médica para saber la respuesta, pero necesitaba oírlo. Saber que quizás podría ser una idea mía o en verdad era lo que pensaba.Mientras el medico de la familia revisaba a Liam, quien no paraba de preguntarme cuando volvería Nick, yo solo podía pensar en que pasaría si en verdad mis suposiciones eran verdaderas.Todos en la mansión familiar estábamos en búsqueda de Nick. Luego de haber registrado su celular, descubrimos que el entregarse al secuestrador de Liam, era la única manera de que el volviera con nosotros.No sabía si Nick estaba muerto o vivo. Golpeado o bien. Sufriendo o solo viviendo. No sabía nada. Nadie había hecho ni una sola llamada en las úl
Narrador OmniscienteEl motor del auto vibraba suavemente, como si supiera que alguien importante estaba a punto de subir.Liam corrió entre charcos de agua sucia y concreto resquebrajado. Tenía los pulmones al borde del colapso, el corazón golpeándole el pecho con la fuerza de un tambor de guerra. Sus zapatillas estaban empapadas, sus piernas temblaban, pero no se detuvo. Papá le había dicho que corriera. Y eso hizo.Cuando llegó al auto, las puertas estaban destrabadas, tal como le prometió. Se lanzó al asiento del copiloto y cerró con fuerza, mirando nervioso por las ventanas como si algo —o alguien— pudiera seguirlo.Entonces lo vio: el celular, sobre el asiento del conductor.Con manos sucias y temblorosas, lo tomó. Lo desbloqueó. Ya estaba marcado. Un solo nombre en la pantalla: Mamá.Marcó.El tono fue eterno.Y entonces, la voz.—¿Nick?—Mami… —La palabra salió temblorosa, apenas audible—. Mami, estoy en un auto. Hice lo que papá me dijo… Corrí muy rápido… Pero él no está aquí







