FAZER LOGINEmilia Morgan
El tono de llamada de mi celular me hace gruñir contra la almohada, ¿Quien carajos molesta tanto? De lejos oigo la música a todo volumen de Jared.
Meto la cabeza bajo la almohada ignorando el llamado y este se termina, me relajo en mi cómoda cama y antes de volver al sueño profundo mi celular vuelve a sonar.
Juro quien sea le meteré una bala por el culo. Odiaba que me despertarán y sobre todo que fuera por una puta llamada. De seguro era un idiota buscando que le meta una paliza.
Me estiro a la mesa de noche y en eso la llamada se corto, bufo mientras me cubro con las sábanas pero una nueva llamada me hace chillar. Alcanzó el celular y atiendo.
—Seas quien seas joder será mejor que lo que me vayas a decir sea importante—gruño
—¡Morgan, ven de inmediato al comando!—gritan
Genial, mi paciencia se fue a la m****a.
—¡Escúchame bien, maldito desgraciado, acabas de despertarme de mi sueño cómodo y profundo el cual disfrutaba demasiado! ¡No vengas a darme órdenes porque lo último que me apetece oír el día de hoy son órdenes de un cabrón!
—¡Morgan, he dicho que vengas!—gruñe el Capitán Jones
Oh vaya m****a. Siento que el alma se me va del cuerpo por su molestia y tono de voz, no solo le grite por despertarme si no que también podría saber lo que había pasado la noche anterior. M****a, vaya m****a.
—¡Tienes veinte minutos para llegar al comando y venir directo a mi oficina!
Cuelgo la llamada sin dar una respuesta y gruño contra la almohada, me paro de la cama yendo al baño y dándome una ducha rápida. No me convenía para nada hacer enojar al Capitán si necesitaba ganarme la confianza de él y acabar con la investigación hacia mi familia.
En menos de diez minutos ya estaba lista, salgo de mi habitación mientras guardaba mi arma en mi funda, en ese instante Jared iba hacia su habitación con un bol de cereales.
—Agradezco que tu puta música haya interrumpido mi sueño—le digo
—Son casi las una de la tarde—me dice
—¿Y a mi que? Yo no te interrumpo cuando duermes—digo
—Vaya alguien ha despertado con mal humor—dice papá cuando me ve pasar por la sala
—Es tu hija, siempre está de mal humor—dice mamá mientras revisa unos documentos—. Carajo, Mattheo, tienes muy descuidada la empresa, así como vas terminarás en quiebra
—Me largo—aviso
—¿A dónde vas?—pregunta mamá
—Al comando, resulta que Jones me requiere ahí. Maldito hijo de perra que no me deja dormir en paz.
—¿Tomaste el medicamento?—pregunta papá
—No, lo tomaré de camino—alcanzó el bote de pastilla
—¡No mates a nadie!—grita Scar
—¡Y si lo haces envíame una foto al menos!—grita Jared
—¡Los mataré a ambos si me siguen jodiendo!—salgo del piso
Bajo al aparcamiento y camino hacia la auto, tenía menos de diez minutos para llegar al comando así que debía de irme por un camino fácil.
Salgo del edificio y aceleró rápidamente mientras seguía las indicaciones del GPS. Cuando estaba a dos minutos del comando me entró una nueva llamada y simplemente la ignoré. Una orden más y lo primero que verían mis compañeros de trabajo sería a la hija del líder de la Mafia Negra y no a la Teniente Morgan.
Aparco en el comando y camino hacia el ascensor, subo hacia mi nivel de trabajo y al llegar todo era un caos. Al salir del ascensor, Harrinson se acercó a mí rápidamente.
—El Capitán te requiere con urgencia en su oficina—me dice
—¿Para?—pregunto
—No lo dijo, pero es mejor que vayas. No está de humor—me dice
Ruedo los ojos mientras camino a mi lugar de trabajo, dejo mis cosas mientras que tomaba el informe que debía entregar. Camino a la oficina y toco la puerta.
—Adelante
Entro y el Capitán Jones se pone de pie cruzando sus brazos contra su pecho, me mira fijamente y dejo la carpeta con el informe dentro sobre el escritorio.
—Ahí está el informe—digo sin siquiera saludarlo, esta falta podría mandar derechito fuera de la investigación y la misión de mi padre pero me valía
—Treinta minutos tarde, Morgan—gruñe mientras apoya sus manos en el escritorio y me mira fijamente—. Todo esto es un caos y tu llegas media hora tarde.
—Te vuelves loco solo por un informe—digo sin importancia
—Informe que ya no vale la pena—dice
—¿Me estás jodiendo?—me molesto
—No, toda la puta información de la investigación ha desaparecido—dice sin despegar su mirada de la mía—. No tenemos absolutamente nada de lo que se ha logrado obtener.
—¿Y para qué m****a me pides algo si no hay nada?—gruño
—Durante la noche toda la información fue tomada de mi oficina—en ese instante mi cuerpo se tensa, ¿Sabe que fui yo?—la carpeta estaba en esta oficina y forzaron la cerradura hasta que lograron abrir la puerta, se preguntó a los Tenientes y Sargentos de la sala, pero nadie vio nada pero—me mira fijamente. Genial, lo sabe—la Teniente John afirma que has sido tú la última en irse ya que cuando ella se fue solo quedabas tú—tomo una profunda respiración mientras pensaba como decirle a mi padre que la había cagado—. ¿Viste algo anoche, Morgan?
—No—miento
—¿Segura? Mentirle a tu Capitán puede salir caro
—Segura—afirmo—. No vi nada, me fui minutos después que John
—Esta tarde se revisarán las cámaras de seguridad de mi oficina y de toda el área, espero que no me mientas. Mientras tanto, vete a casa te llamaré cuando tenga la seguridad de que no me estés mintiendo
—Bien—digo
Me giro sobre mis talones, debía de descubrir los códigos de las cámaras y hacer que Sebastian interfiera en ellas.
—Morgan—me llama y volteo nuevamente para encararlo—. Si llegas a mentirme me encargaré de sacarte de este comando y enviarte a prisión
Inténtalo
Le doy una pequeña sonrisa falsa y salgo de la oficina, camino a mi escritorio y tomó mi bolso para irme. Mi mirada recae en la de la Teniente John y ella solo ríe ligeramente. Maldita, voy a sacarla de mi camino porque es un estorbo ahora mismo.
Voy a las escaleras y subo al octavo piso donde estaba todo lo de seguridad y cámaras, me escabullo entre los agentes y llego hacia la sala privada, abro la puerta y la cierro tras de mí, me acerco a las estanterías para sacar los códigos de seguridad de las cámaras.
Pillo el de mi nivel y área de trabajo, tomó la carpeta y saco mi celular mientras que buscaba los códigos exactos, al pillarlos les saco foto y dejo todo en su lugar. En eso alguien entra a la sala con carpetas en sus manos y me escondo en medio de los estantes.
—... Robaron la investigación hacia la Mafia Negra, ¿Puedes creer eso? Quizás tengamos a uno de ellos entre nosotros—dicen
—¿Tú crees? Quizás al capitán solo se le perdieron—dice el acompañante
—Se rumorea que uno de los tantos nuevos puede ser un infiltrado de la Mafia—dice
—Solo son rumores—dice el acompañante
Salen de la sala y suspiro, guardó mi celular en mi bolso y salgo de la sala, me escabullo hacia las escaleras y bajó hasta el piso de aparcamiento, me subo al auto mientras le marcó a Sebastian.
—Se que me amas Emilia y que me extrañas pero no pensé que sería tan grave—se burla Sebastian apenas atiende
—Idiota —río mientras salgo del aparcamiento—. Voy camino a tu casa, necesito de tu ayuda ahora ya
—Vale, pero todo lleva su precio, ¿Que me das? ¿Una cita? ¿Salida a Las Bahamas?
—Un polvo nada más, no deseo alimentar los rumores de la Mafia sobre nosotros—le digo mientras doblo en una avenida
—¿Y qué importa lo que digan los hombres de tu padre, Emilia? Es cosa nuestra si follamos o no
—Lo se, pero no sabes la presión que siente mi padre por eso
—Vale—rie—te espero
—Compra condones que parece que últimamente se te acaban muy rápido—me burlo
—Si tengo, calma
Dejo el celular en el asiento de copiloto y paso de camino a comprar unos cafés y donuts para mi y Sebas, luego condujo a su casa mientras como una dona de chocolate. Amaba el chocolate desde niña.
Llegando a casa de Sebas me bajé con mi bolso, la caja de donas y el café, toco la puerta y es James quien me recibió, era un año mayor que yo. Le sonrió mientras que le dejaba pasar.
—¿Trajiste donas de manjar? Sabes que son mis favoritas
—Creo que en la caja hay dos—digo—. ¿Dónde está Sebas?
—En su habitación—sacó tres donas y muerde una
Niego mientras me dirijo a su habitación, entro sin tocar y estaba acostado en su cama con un solo pantalón de chándal y sin camiseta.
—Amo cuando traes café—agarra el suyo
—Lo sé—digo mientras bebo del mio—. Ahora—busco las fotos—rastrea los códigos de estas cámaras y manipula el video.
Agarra mi celular y revisa el código, toma su computadora mientras me siento en su cama, Sebas se sienta en la cama apoyándose en el respaldo de ella mientras bebe del café. Ingresa a unos programas y escribe el código, por unos minutos aparecen muchos link con ubicaciones y entre más cosas que no comprendía. Teclea unas cosas hasta dar con la cámara de seguridad del comando.
Muerde una dona de chocolate blanco mientras tomo la computadora, busco el video de esta noche y al pillarlo le doy clic.
Los primeros segundos salgo de lejos en mi escritorio revisando documentos, aparece John y ella se despide, pasan unos minutos hasta que me pongo de pie y caminó con cuidado hacia la oficina del Capitán. Cambio el ángulo de la cámara que daba directo a la puerta y salgo en ella forzando la cerradura con mi pasador, luego entro e ingreso a las cámaras de seguridad de la oficina de Jones, ahí me veo rebuscando en los cajones hasta dar con la carpeta, salgo rápidamente y por todas las cámaras de seguridad del área se me ve caminando rápidamente y victoriosa hacia mi escritorio, tomando el bolso y desapareciendo por el ascensor.
—Necesito que borres eso—le pido
—Vale
Sebastián tardó al menos media hora en borrar las evidencias de mi robo de anoche y dejar el video como si nada hubiera pasado. Finalmente quedó en que luego que John se fuera yo había salido con tranquilidad del área minutos después después me habían pasado a recoger. Algo común y que no levantaba sospechas.
—Ahora por esto—dejó todo aún lado y me siento en su regazo—tendrás una buena recompensa
Quito mi camiseta y Sebastián sonríe de lado mientras que sus manos se aferran a mis caderas, me inclino hacia sus labios y los beso, siento el sabor a café con un toque de chocolate por las donas que habíamos comido en el rato que estuvo solucionando todo.
Sebastian toma mi nuca profundizando el beso y su lengua se adentra a mi boca para juguetear con mi lengua, suelta mi sujetador y me lo quita dejando mis senos a la vista. Mis pezones se endurecen cuando las yemas de sus dedos lo rozan varias veces. Mi sexo se humedece poco a poco y me contoneo sobre su pelvis buscando friccion. Sebas me voltea quedando bajo su cuerpo y mis piernas se abren dejando que se acomode entre ellas, acaricio su cabello mientras que baja sus besos por mi barbilla.
Su lengua se encuentra en mis pezones y jadeo suavemente mientras los succionaba, mi vientre se contrajo y contoneo un poco mis caderas buscando fricción. El miembro de Sebas se hace notar en mi muslo derecho y eso me enciende aún más. Baja sus besos por mi abdomen hasta llegar al cierre de mis Jens, baja la cremallera y elevo mis caderas dejando que baje mis pantalones y bragas. Quita los zapatos dejándolos a un lado y quedó desnuda frente a Sebas, baja su pantalón de chándal.
Nos volvemos a besar mientras que bajaba mi mano hacia la polla de Sebas, acarició el falo duro dándole placer mientras que con su pulgar acariciaba mi clítoris. Gimo contra su boca y luego de unos segundos se estira hacia la mesa de noche, de ella saca una tira de condones.
—Dos opciones, ¿Usamos los tres o solo uno?—propone
—Me apetece los tres, necesito relajarme—sonrió
Sebas saca el primer paquete y deja aún lado los dos otros, saca el látex y lo coloca con cuidado en su miembro para no romperlo y que no haya imprevistos. Guía la cabeza de su polla a mis pliegues y jadeo al sentirla.
—¿Seguro que tu padre no te los pillo?—pregunto mientras abro más mis piernas
—Seguro—besa mi cuello—los tenía escondidos en mi armario
Asiento y se desliza por mis pliegues, gemí contra su oído cuando su miembro ingresó por completo en mi canal enviando sensaciones exquisitas por mi cuerpo. Contonea las caderas hacia mí iniciando una secuencia de embestidas las cuales me hicieron jadear y clavar las uñas sobre su espalda.
Jadea sobre mi oído aumentando mi calor y empujó su pelvis aún más a mi dejando que se hunda por completo, gimo suavemente mientras con una mano tironeo su cabello. No deseaba que una de las del servicio supiera que otra vez estaba follando con Sebas y le fuera de chisme al señor Roselli.
Poco a poco el clímax me envolvió y un orgasmo me golpeó dejando que me corriera, el relajo de mi cuerpo me hizo sonreír mientras que Sebas se corría sobre el preservativo. Espera unos segundos antes de salir de mi y quitarse el condón. Cambiamos la posición y esta vez quedó sobre su regazo, colocó el preservativo y luego buscó su miembro en mis pliegues. Bajo lentamente las caderas y Sebas aprieta mis caderas fuertemente dejando marcas de sus caderas. Empiezo a mover mis caderas a un ritmo rápido y los gemidos junto jadeo y respiraciones agitadas se adueñan de la habitación.
Sebas nalguea mi trasero enviando corrientes de placer por mi cuerpo, gemí mientras que su boca le daba atención a mis pecho, clavo mis uñas en su abdomen mientras que mi vientre se volvía a contraer. Besa mi cuello y succiona suavemente dejando marcas en él mientras que mis gemidos eran cada vez más altos. Un nuevo orgasmo me golpea con fuerza dejando mi cuerpo tembloroso, Sebas corre nuevamente y tomó una bocanada de aire
Emilia MorganCuatro meses después.Nunca pensé que me temblarían las manos por algo que no fuera una pistola.Y sin embargo, ahí estaba. Frente al espejo, con un vestido blanco que Scarlett había elegido con lágrimas en los ojos y un peinado demasiado delicado para una mujer que había sobrevivido al infierno.Mis dedos no dejaban de apretar el borde del tocador.—Estoy nerviosa —dije en voz alta, como si confesarlo lo hiciera menos real.Scarlett me miró desde el otro lado de la habitación, con Axel dormido en sus brazos. Liam jugaba en el pasillo con una flor en la mano, repitiendo sus líneas como pequeño portador de anillos.—Nunca te había visto así —dijo mi hermana, con una sonrisa suave—. Ni siquiera cuando tenías una orden de asesinato encima.—Porque esto es diferente —murmuré, llevándome la mano al pecho—. Cuando me casé con Sebastián… lo hice para huir. Para tener paz. Y aunque lo quise, aunque fue bueno conmigo... era como casarme con la idea de que yo no podía tener más qu
Narrador OmniscienteNicholas se encontraba en la sala de estrategias del ala este del complejo Morgan. A su alrededor, los jefes regionales de Nueva York, Miami, Bogotá, Caracas y Sicilia. Hombres y mujeres de poder, algunos leales… otros observadores.Él, firme, sin su uniforme del FBI, pero con la autoridad que había demostrado una y otra vez desde su llegada.—Las decisiones pasan por mí ahora —dijo, sin rodeos—. Pero ninguna orden será contraria a lo que Emilia ha construido. No estamos cambiando el sistema. Solo reforzándolo.Un silencio tenso siguió. El jefe de Bogotá, Delgado, cruzó los brazos.—¿Y cómo sabemos que tus lealtades no siguen dividas?Nick lo miró directo a los ojos.—Me entregué. Fui torturado. Estuve dispuesto a morir por esta familia. ¿Tienes idea de lo que eso significa?Delgado bajó la mirada. Nick prosiguió:—Ella lleva a nuestro hijo en su vientre. ¿Creen que arriesgaría eso? Voy a hacer este imperio aún más fuerte. Pero cualquiera que desafíe a Emilia, aún
Emilia MorganEstoy en el segundo mes y, aunque parezca extraño decirlo, cada día siento que esta pequeña vida dentro de mí me hace más fuerte y más vulnerable a la vez.Las náuseas aún me golpean sin aviso. A veces, el simple olor del café me revuelve el estómago, y eso me frustra más de lo que esperaba. Pero aprendo a escuchar mi cuerpo, a darle lo que necesita y a respetar sus límites, aunque eso signifique rendirme a la calma más de una vez.Mi abdomen aún no muestra señales, pero yo sé que algo está ahí, latiendo, creciendo. Es un recordatorio constante de que esta vez no solo lucho por mí, ni por Nick, ni por Liam, sino por alguien que aún no conozco, pero que ya amo con todo mi ser.A veces me pregunto qué tipo de madre seré. Si podré protegerlo como a los míos, si podré darle la paz que nunca tuve. No puedo evitar sentir miedo, ese miedo que se cuela en la noche y me hace apretar el puño contra el pecho.Pero también siento esperanza.Espero que este pequeño sea mi luz en medi
Emilia MorganLa habitación del hospital estaba en silencio, pero mi mente no dejaba de gritar.Cada vez que cerraba los ojos, veía su rostro lastimado. Las marcas, los hematomas, la sangre seca. Nick atado a esa silla, luchando por respirar, por no rendirse.Y yo…¿Había hecho lo suficiente?¿Lo había puesto en peligro por llevar este mundo sobre mis hombros?¿Había sido egoísta al traer una vida nueva en medio de esa tormenta?El peso de la culpa me aplastaba con una fuerza que ni las armas ni las batallas habían logrado.Me senté en el borde de la cama, las manos temblando. Miré mi reflejo en el espejo del tocador y no reconocí a la mujer que me devolvía la mirada.—Lo siento, Nick —susurré al vacío—. Por todo lo que tuviste que pasar. Por no poder protegerte mejor. Por arrastrarte a esto.Una lágrima rodó por mi mejilla y la dejé caer sin luchar.Sabía que él no me reprocharía nada. Que su amor era más fuerte que cualquier herida.Pero esa culpa… esa sensación de no ser suficiente
Emilia MorganMe conocía perfectamente para saber que algo no andaba bien en mi.Lo supe en el instante en que corrí al baño a vomitar, luego de haber dejado a Liam en su cama dormido. Lo supe en el momento en que ví mi rostro pálido. Lo supe en el momento en que sentí un dolor en mi espalda.Sabía que no era necesario una revisión médica para saber la respuesta, pero necesitaba oírlo. Saber que quizás podría ser una idea mía o en verdad era lo que pensaba.Mientras el medico de la familia revisaba a Liam, quien no paraba de preguntarme cuando volvería Nick, yo solo podía pensar en que pasaría si en verdad mis suposiciones eran verdaderas.Todos en la mansión familiar estábamos en búsqueda de Nick. Luego de haber registrado su celular, descubrimos que el entregarse al secuestrador de Liam, era la única manera de que el volviera con nosotros.No sabía si Nick estaba muerto o vivo. Golpeado o bien. Sufriendo o solo viviendo. No sabía nada. Nadie había hecho ni una sola llamada en las úl
Narrador OmniscienteEl motor del auto vibraba suavemente, como si supiera que alguien importante estaba a punto de subir.Liam corrió entre charcos de agua sucia y concreto resquebrajado. Tenía los pulmones al borde del colapso, el corazón golpeándole el pecho con la fuerza de un tambor de guerra. Sus zapatillas estaban empapadas, sus piernas temblaban, pero no se detuvo. Papá le había dicho que corriera. Y eso hizo.Cuando llegó al auto, las puertas estaban destrabadas, tal como le prometió. Se lanzó al asiento del copiloto y cerró con fuerza, mirando nervioso por las ventanas como si algo —o alguien— pudiera seguirlo.Entonces lo vio: el celular, sobre el asiento del conductor.Con manos sucias y temblorosas, lo tomó. Lo desbloqueó. Ya estaba marcado. Un solo nombre en la pantalla: Mamá.Marcó.El tono fue eterno.Y entonces, la voz.—¿Nick?—Mami… —La palabra salió temblorosa, apenas audible—. Mami, estoy en un auto. Hice lo que papá me dijo… Corrí muy rápido… Pero él no está aquí





