INICIAR SESIÓNHola mis bellas, feliz viernes, nos vemos más tarde con el segundo capítulo.
—Jamás voy a olvidar aquel día. Rubén y yo llevábamos horas trabajando y el cansancio ya nos pesaba en los hombros. Justo entonces entró una llamada: una emergencia en una librería. Al llegar, encontramos a una chica con dificultad para respirar. La estabilizamos rápido, guiados por la rutina y la adrenalina. Estábamos por salir cuando apareció su hermana.Y ahí… ahí todo cambió —tomo una gran bocanada de aire—. Era la chica más linda que había visto en mi vida. Estaba preciosa, aunque lucía pálida, asustada, temblando, pero aun así, había algo en ella que me atrapó al instante. Nos acompañó durante el trayecto al hospital, sentada a mi lado, intentando mantener la calma. Recuerdo perfectamente el momento en que tomé su mano para tranquilizarla. Fue un gesto instintivo, profesional, eso me dije. Pero en cuanto su piel rozó la mía, sentí un cosquilleo leve, inesperado… extraño, sí, pero también increíblemente agradable. Como si algo dentro de mí hubiera despertado sin previo aviso —suspi
𓏲ּ𝄢⋆༺Natty༻⋆𓏲ּ𝄢La vida suele darnos oportunidades inesperadas. Hoy, a mis cuarenta y ocho años, estoy en un lugar que jamás imaginé habitar.Mi padre murió cuando yo tenía dieciocho. Se quitó la vida, ahogado por las deudas del juego, nos dejó a mi madre y a mí enfrentando un mundo que se volvió demasiado grande de un día para otro. Abandoné mi carrera, trabajamos dos turnos, hicimos lo que estaba en nuestras manos para sostener la situación, las amenazas de perder lo único que teníamos, nuestro hogar, eran demasiado latentes. Era hija única; no podía dejarla sola cuando más me necesitaba.Con el tiempo conseguí empleo en un periódico, como asistente del director: un hombre de treinta y ocho, atractivo, educado, seguro de sí mismo. Al principio, sus atenciones me deslumbraron. Me llevaba a viajes, reuniones, eventos… siempre tan atento, tan presente. Pero era un hombre casado, con tres hijos. Su esposa vivía más pendiente de su apariencia que de él; de la vida social, viajes const
La celebración continúa. Leah lanza el ramo y Natty lo atrapa casi por reflejo. Ella niega con la cabeza, avergonzada, pero las miradas que intercambia con Artur dicen otra cosa: todos sabemos que podría ser la siguiente.Compartimos con nuestros amigos, con nuestra familia. Adriel no deja de repetir que somos la pareja más bonita que ha visto; Danae y Hayleen se turnan para robarle bailes a Leah; y Natty llora cada vez que nos mira. Artur se ríe con cariño de ella, aunque también se limpia los ojos cuando cree que nadie lo está observando, en el tiempo que lleva trabajando con ellas, les ha tomado mucho cariño.Ya entrada la noche, nos despedimos de todos, agradeciendo a cada persona por acompañarnos, por ser parte de este día tan feliz para nosotros.En el trayecto a casa, entre el silencio cómodo y el cansancio dulce de la celebración, tomo la mano de Leah.—¿Estás contenta? —le pregunto.—Contenta no es una palabra que pueda describir lo que siento en este momento —responde, con la
La iglesia está tan silenciosa que puedo escuchar mi propia respiración. Estoy de pie frente al altar, con las manos entrelazadas detrás de la espalda para que no noten que me tiemblan, llevo un traje negro con un camisa beige y un corbatín que siento demasiado ajustado. Nunca pensé que este lugar pudiera intimidarme… hasta hoy. Porque hoy la espero a ella, hoy será el gran día en el que unamos nuestras vidas para siempre. Han pasado algunos meses y, poco a poco, todo ha vuelto a su curso. Leah trabaja ahora en una escuela, da clases a segundo grado y se le nota la felicidad. Verla llegar a casa con historias de sus pequeños alumnos es una de mis partes favoritas del día.Danae ha mejorado mucho con su nuevo tratamiento; aun así, sé que Adriel tiene gran parte del mérito. No la deja caer. La anima, la distrae, la hace reír. Es imposible no agradecerle en silencio cada vez que los veo juntos. Hayleen, en cambio, está más reservada. Se nota que libra su propia batalla interna, pero est
La estadía en Atlanta fue maravillosa, incluso más de lo que imaginábamos. Leah no alcanzó a conocer muchos lugares, ya que pasamos casi todo el tiempo en el hotel, pero aun así cada minuto valió la pena. Fue un viaje distinto, íntimo, de esos que no necesitan grandes recorridos para sentirse especiales. Hubo momentos en los que simplemente nos quedábamos mirando la ciudad desde la ventana, con su luz dorada filtrándose por las cortinas, y Leah apoyaba su cabeza en mi hombro como si ese lugar, ese instante, fuera suficiente. Y lo era. La cercanía, la calma, la forma en que sus dedos buscaban los míos sin pensarlo… todo tenía una intensidad tranquila, una pasión que no necesitaba prisa.Hablamos de la boda, de fechas posibles y coincidimos en que lo mejor sería hacerlo pronto, antes de que la rutina nos absorbiera y sobre todo ahora que Leah está por comenzar su nuevo empleo. Había una emoción tranquila en su voz, una ilusión que se mezclaba con nervios, pero también con esa certeza qu
Nos registramos, me entregan la tarjeta de la habitación y subimos al elevador.—Este lugar está increíble, pero no debiste gastar tanto, podríamos habernos quedado en uno más sencillo —menciona.—Quiero que estos días sean inolvidables.—A tu lado, ya lo son —asegura—. No necesito nada más que estar contigo. El elevador se detiene en el último piso. Bajamos, entramos a la habitación y una luz tenue nos recibe, junto con un suave olor a rosas que llena el aire. Un enorme ventanal deja ver la ciudad extendiéndose bajo nosotros, imponente y brillante.—Te excediste —sonríe, maravillada.Dejamos el equipaje y avanzamos hacia la habitación principal. Al abrir la puerta, un camino de luces cálidas en el piso nos da la bienvenida. Leah me mira, cruza el umbral y sigue el sendero cubierto de pétalos de rosas blancas y rojas. Al llegar a la cama, encuentra más pétalos formando un corazón. En el centro, hay chocolates y la tarjeta que pedí que colocaran.“Donde sea que estemos… mientras sea







