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PARTE XXII

Autor: Mary Ere
last update Data de publicação: 2026-06-17 03:31:15

Alessandro abrió los ojos al escuchar su teléfono sonar con insistencia, la cabeza lo estaba matando y, a decir verdad, ya ni siquiera sabía qué día era. Desde la tarde en que llegó a casa y la encontró vacía con esa nota de Roberta donde le informaba que se había ido con su padre por unos días, él se dedicó a beber para poder sobrellevar lo que lo estaba matando.

Él no podía creerse que Rebecca, su amada Rebecca, se hubiera ido para siempre, dejando atrás a sus hijos, su vida y todos esos sueñ
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Último capítulo

  • ¿TUYAS?... ¡NUESTRAS!   PARTE LXI

    —Se enojó y se fue sin decir nada —informó Rebecca a su mejor amiga, con quien hablaba de lo último sucedido en su vida—, y sin dejarme explicarle nada, también.—Supongo que se enojó muchísimo, entonces —dijo Blanca y la otra asintió—, pero ¿en serio no quieres casarte con él? Yo asumí que era lo que seguía entre ustedes luego de lo bien que se estaban llevando como novios.—No quiero casarme con nadie, nunca —repitió Rebecca algo que le hubiera dicho a Alessandro antes—, amiga, no creo que el matrimonio sea avanzar, creo que no hay necesidad de tener un papel con dos firmas como prueba de que nos amamos y de que queremos estar para siempre juntos... además, sería ridículo casarnos luego de divorciarnos, ¿no?—Dijiste que se divorció de tu hermana —recordó Blanca y Rebecca suspiró.—Legalmente no es así —dijo la castaña—, yo era Rebecca legalmente cuando nos divorciamos... Pero, no es el punto. En realidad, a mí no me importa lo que la gente diga, pero no quiero tener que pasar por e

  • ¿TUYAS?... ¡NUESTRAS!   PARTE LX

    —Ustedes están locos —soltó Alice luego de ver a su hermano despidiéndose de Rebecca el domingo por la tarde—, ¿por qué divorciarse si continúan tratándose como una pareja de tortolitos?Alessandro sonrió, definitivamente entendía que su hermana no entendiera, así que decidió contar la segunda parte de aquella historia que les comenzó a contar cuando tuvieron que refugiarse en casa de su abuelo cuando la hermana mayor de su esposa apareció a reclamar como suyo algo que no le pertenecía.—Bueno —dijo el hombre, terminando de abrochar su cinturón de seguridad—, Rebecca y yo no éramos esposos dentro de las paredes de nuestra casa, éramos casi desconocidos compartiendo techo, y antes de eso fue peor, porque cuando mi esposa “murió” —dijo haciendo comillas con los dedos de la mano que no sostenía el volante—, deseé por mucho tiempo que hubiera muerto esta Rebecca en lugar de la otra.—Pero si la otra era un monstruo —señaló Alice lo que más le hizo ruido del comentario de su hermano—, esta

  • ¿TUYAS?... ¡NUESTRAS!   PARTE LIX

    —Voy a ir al psicólogo —informó Rebecca a Alessandro una decisión que, en realidad, no le había costado tomar, porque ella desde siempre ella pensó que, en estos tiempos, en los que al fin la humanidad volteaba a ver las emociones y les daba cierta importancia, revisar periódicamente nuestra mente y corazón era indispensable.Sin embargo, a pesar de creerlo, aun había cosas que le hacían decidir que no lo necesitaba, que la invitaban a pensar que aún podía con todo, y por eso les daba prioridad a otras cosas; en los últimos años fue porque ser madre era en extremo demandante, y antes de eso porque su prioridad era trabajar para comer y trabajar para atender al idiota que la maltrataba.Pero ya era tiempo, necesitaba trabajar en sí misma, pues, tal como dijo Blanca en esa conversación medio rara en que mezclaban seriedad con bromas, ella ya ni siquiera era ella, ahora era quien sabe quién.Rebecca lo pensó, Blanca incluso dijo que ni siquiera sabía si debía tratarla de alguna manera di

  • ¿TUYAS?... ¡NUESTRAS!   PARTE LVIII

    —Eres idiota con mayúsculas y en negritas —declaró Blanca luego de encontrarse de nuevo con su amiga y de escuchar la última de sus aventuras—, y creo que además tiene un fondo fluorescente.Rebecca no se atrevió a negarlo, porque justamente había utilizado la palabra idiota para llamarse a sí misma cuando descubrió lo que había hecho.» ¿Y entonces? —preguntó la mejor amiga de Rebecca y la cuestionada solo suspiró.Ella no tenía la respuesta a esa pregunta, de otro modo no le habría comentado su última desventura a esa joven que sabía bien cómo hacerla sentir peor cuando ya se sentía lo suficientemente mal.—No sé —declaró la joven madre luego de mover ligeramente la cabeza en negativas un par de veces, eso mientras miraba del suelo al cielo, perdiendo su vista en la ventana—. No es como que algo más vaya a ocurrir; es decir, nosotros estamos divorciados ahora. ¿No se supone que un divorcio es el final?—Bueno —habló Manuel, que entraba sin anunciarse por una puerta que raramente est

  • ¿TUYAS?... ¡NUESTRAS!   PARTE LVII

    Alessandro pidió permiso de bañarse en lo que antes fue su habitación para poder ir a desayunar con sus hijos y dejar a esa mujer descansar, pues se notaba en extremo agobiada y se veía por todos lados lo mal que se sentía luego de semejante noche.Tras salir de la ducha, escuchando el agua correr en la regadera de su exesposa y al fin su mujer, Alessandro anunció que se iba y le pidió que se relajara, anunciando también que el domingo por la tarde regresaría con los niños y sería entonces cuando hablarían de todo lo que tuvieran que hablar.Rebecca respiró profundo intentando no devolver de nuevo el estómago, porque ya lo había hecho tres veces, así que estaba segura de que no quedaba mucho en su estómago, y no quería ver sus tripas saliendo por su boca.—Rebecca —dijo Alessandro y la chica se tragó sus intestinos por la sorpresa, pues luego de anunciar que se iba y cuando volvería, el padre de sus hijos hizo una pausa algo larga que hizo pensar a quien se bañaba que el otro ya se ha

  • ¿TUYAS?... ¡NUESTRAS!   PARTE LVI

    Las manos de ese hombre recorrían con delicadeza su piel, haciéndola estremecer en cada toque, y su mente estaba entre nubes, no sabía si era por el alcohol o por lo bien que se sentían ese par de dedos en su interior; los besos en su cuello la obligaban a cerrar los ojos, como si de esa manera se pudiera concentrar mucho mejor en la deliciosa sensación que le provocaba el hombre con el que se acostaba.¿Quién era? Ni siquiera le interesaba, todo lo que Rebecca quería era que le dieran mucho más de lo que ya estaba recibiendo, por eso tomó al hombre del rostro, lo encaró y se lo pidió. El sujeto la miró sorprendido, y sonrió ante la linda exigencia de esa mujer, así que se mordió los propios labios para no morder los de ella, no quería dejarla con marcas visibles que la pudieran incomodar después.Y es que incómoda se iba a sentir, definitivamente, porque ella estaba tan ebria que ni siquiera lo había reconocido, aunque Rebecca estaba completamente segura de que el hombre entre sus pi

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