~ MAITÊ ~La puerta del apartamento se abrió con un clic suave. Marco no dudó: se volteó hacia mí con esa sonrisa traviesa que conocía tan bien y, antes de que pudiera decir cualquier cosa, ya me tenía en sus brazos, levantándome del suelo en un movimiento fluido y decidido. Entró conmigo en brazos, cargándome a través de la puerta como si no pesara nada.Una risa ligera y feliz escapó de mis labios, mis brazos encontraron su cuello por pura voluntad del cuerpo, el ramo todavía seguro en una de las manos.—¡Marco! —protesté, sin poder contener la sonrisa.—Tradición, Maitê. No se discute la tradición —declaró, sus ojos brillando con una mezcla de diversión y posesividad que me hizo temblar por dentro.No me bajó de inmediato. Se quedó parado ahí, en medio de la sala, conmigo en sus brazos, como si no pesara más que una pluma. Su mirada recorrió mi rostro, y la broma dio lugar a una seriedad profunda que hizo que mi corazón latiera más fuerte.—Esto me recuerda a Maldivas —dijo, s
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