Ahora, como esposos, se mudaron juntos a una mansión con un enorme jardín, árboles centenarios y un columpio; todo lo que un niño de casi cinco años necesitaba para crecer libre.Era perfecta para que Alan corriera, gritara y jugara. Su pequeño se había enamorado del lugar desde el primer día: corría descalzo por el césped, perseguía mariposas, construía castillos de barro y gritaba: «¡Mamá, mira!», cada vez que encontraba algo nuevo.Y, aunque su hijo estaba fascinado, ella empezaba a sentir que la casa era demasiado grande.En las noches, los pasillos eran largos y silenciosos. La habitación, exageradamente espaciosa; la cama, muy ancha para dormir sola. Y aunque Alejandro estaba allí —desayunaban juntos cada mañana, conversando sobre el trabajo, sobre Alan, sobre cosas pequeñas y cotidianas, como si no pasara nada entre ellos—, había una distancia que ella no sabía bien cómo cerrar.Él no había querido dormir en la misma habitación. No hasta que se hiciera la vasectomía, para que n
Última atualização : 2026-01-18 Ler mais