Alec estaba de pie en su inmensa oficina, la corbata aflojada y el rostro encendido por la rabia contenida. Frente a él, Elizabeth Radcliffe, permanecía de pie, elegante e imperturbable, pero visiblemente tensa. La discusión giraba en torno a la conveniencia de pasar página y no buscar culpables, ni siquiera por el accidente de Miranda.—Si te preocupaba demasiado que yo pensara de esa manera —espetó Alec, con una voz peligrosa—, ¿no crees que nunca debió pasar por tu cabeza siquiera la idea de que yo dejaría de buscar justicia por lo que ella hizo?Elizabeth suspiró, su postura rígida. —Alec, por favor. No estás entendiendo. Hago esto para que no afecte nuestra imagen, porque no quiero que nos veamos enredados en toda una polémica. Pero esto no puede quedarse así.La mujer asintió con la cabeza y, con una audacia que solo ella poseía, se acercó y se atrevió a sentarse en la silla de visita frente al escritorio, a pesar de que su hijo no le había ofrecido permiso para hacerlo. Justo
Última actualización : 2025-12-05 Leer más