Después del festival, arrastraron a Liam y a Sarah a los calabozos; a la misma celda de agua donde ella había estado encerrada antes. Solo que, esta vez, los papeles se habían invertido.Damon entró con paso tranquilo, rodeando mi cintura con su brazo como si estuviéramos paseando por el jardín de nuestra casa. El aire estaba saturado de olor a sangre y desesperación.Liam y Sarah colgaban del techo, atados con cadenas especiales de plata. El acónito seguía destrozando sus cuerpos, provocando que se convulsionaran por el dolor.Al vernos, Sarah logró levantar la cabeza. Su cara ya se estaba pudriendo, un efecto secundario del veneno.—¿Por qué? ¡Era mi segunda oportunidad! ¡Me robaste mi destino, Elena! ¡Eres una ladrona! ¡Ese lugar era PARA MÍ!Gritó con una voz que sonaba como un desgarrón sangriento. Incluso en ese momento, ella creía que todo era cuestión de suerte.Me solté de Damon y hablé con voz pausada.—El destino no te falló, Sarah. Tú lo hiciste. Recibiste todo en bandeja d
Leer más