En la plataforma de bungee al aire libre, me encontraba en el rincón más apartado, aferrada con fuerza a la barandilla. Mi vientre de ocho meses, afectado por el clima adverso, se sentía pesado e incómodo.El equipo de seguridad, básico y precario, me tenía pálida.Frente a mí, Mateo parecía completamente ajeno a mi malestar. Su mirada, llena de una ternura que ya no me pertenecía, estaba clavada en su amante, Clara, quien había insistido en saltar hoy.Clara se acercó a él con voz melosa:—Mateo, eres tan bueno conmigo. Siempre estás ahí cuando me siento mal. Eres la persona más importante en mi mundo.Mateo la rodeó con sus brazos con la misma dulzura:—No te preocupes, Clara. Pase lo que pase, siempre estaré a tu lado. No temas nada.Sus miradas se entrelazaron, cargadas de una intimidad que parecía borrar al resto del mundo.En ese momento, una fuerte ráfaga de viento sacudió la estructura. Di un traspié involuntario, lo que provocó exclamaciones a mi alrededor:—¡Dios mío! ¿Hacer
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