Kael no dijo nada más, solo me dio unas palmaditas reconfortantes en la espalda.—No tengas miedo. Estoy aquí. Nadie podrá llevarte lejos de mí.Bajé la mirada, no sintiendo miedo, sino un cansancio infinito. Mi conexión con Aiden se había cortado en aquel precipicio, el día en que fingí mi muerte. Era traición. Ninguna excusa podría cambiar eso jamás.En la galería, el fuego danzaba en la chimenea. Nos sentamos en silencio en el sofá, abrazados, valorando esa extraña paz.***Mientras tanto, a miles de kilómetros de distancia, en el centro de curación de la Manada Black Moon, se había desatado el caos. Arrastrando su cuerpo aún en recuperación, Aiden se arrojó contra los guardias Beta en su puerta como una bestia enjaulada.—¡Quítense de mi camino! ¡Déjenme salir! —gritaba Aiden—. ¡Tengo que encontrarla! ¡Elara no está muerta! ¡Realmente no está muerta!Desde que Elara “murió”, su mundo se había derrumbado. Se negaba a aceptar la realidad, refugiándose en el alcohol, buscando una sust
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