El dolor no se anunció.Si esto no hubiera sido más que una traición de un amigo de la infancia, me habría dicho a mí misma que era soportable.Lo que de verdad me rompió fue que Lucien cruzara la línea de la amistad y me hiciera creer que era amor. Aquella noche me llevó a un bar de hombres lobo en territorio neutral para celebrar la transferencia.Las luces estaban bajas, la música palpitaba, los feromonas eran densas en el aire y, por primera vez en años, me permití mirarlo de verdad… no como al niño con el que crecí, sino como a un hombre lo bastante cerca como para tocarlo.Mi loba ya había despertado, pero la Luna no me había dado un compañero destinado. Me dije que no lo necesitaba, que el amor se construía, no se asignaba.Así que cuando Lucien me besó, hice la pregunta que llevaba años evitando.—Lucien —dije en voz baja, con el corazón desbocado—, ¿qué somos ahora?Él sonrió, cálido e indulgente, me besó la frente como una promesa y respondió sin decir nada en absoluto.—¿Qué
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