La grieta del refugio quedó bloqueada por ahora, pero todos sabíamos que no resistiría mucho.Sostuve a Ana por el brazo sano.—Voy contigo.Luego miré el charco de sangre en el suelo, y mi voz salió firme, sin titubeos.—Todos siguen esperando que volvamos. Si salimos ahora, todavía queda una posibilidad de sobrevivir.Ana me miró profundamente y, al final, asintió.La ayudé a avanzar con dificultad. Los zombis acababan de arrancarle el brazo izquierdo, y la sangre no dejaba de brotar.—Cuando crucemos esta montaña, estaremos cerca…Desde la ladera, cuando vimos a lo lejos la silueta de la base vecina, una chispa de esperanza se encendió en nuestros corazones.Pero justo entonces, un cohete de fuegos artificiales explotó frente a nosotras. La onda expansiva nos lanzó con violencia por los aires.Levanté la cabeza, aturdida, y alcancé a ver a lo lejos a Óscar abrazando a Begoña. Enseguida, su voz burlona salió por los altavoces de la cima.—Clara, lo sabía. Como no pudiste engañarme fi
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