INICIAR SESIÓNLlegaron a la cabaña en silencio. Mike estacionó el jeep frente a la casa y bajaron llevando consigo sus equipajes.
Alyssa revisó la casa con curiosidad, era pequeña aunque cómoda. Contaba con dos habitaciones, cada una con su baño, una salita con televisión y una cocina/comedor. Se percató que Mike se afanaba por revisar con precaución puertas y ventanas, asegurándose que los cerrojos funcionaran a la perfección.
Una vez que él terminó su evaluación se detuvo en medio de la sala, frente a ella, y apoyó las manos en las caderas manteniendo su ceño fruncido.
—Bien, ya estamos aquí. ¿Te gusta tu habitación?
—Ehhh… sí —expuso insegura y esquivó su mirada.
—¿Quieres desempacar y descansar un rato o iniciamos las lecciones?
La pregunta la sonrojó hasta las orejas. Imaginar que su exnovio era quien la instruiría en temas de sexo y seducción la angustiaba.
—Cuando me inscribí en el campamento, Mina me dijo que era posible cambiar de terapeuta antes de que pasaran las primeras veinticuatro horas.
Él se inquietó por esas palabras.
—¿Quieres a otro?
—¿Te sientes cómodo haciendo esto conmigo? —consultó ella con obviedad y vergüenza.
Él se lo pensó un instante antes de hablar. Tener que hablar de temas de seducción y sexo con una mujer que lo consideraba inferior podía ser humillante.
No quería pasar por esa situación de nuevo, pero el recuerdo de sus grandes urgencias lo obligaba a resignarse.
—Bien, admito que es incómodo, pero esta es mi primera vez en un campamento. Estoy a prueba, si algo sale mal no me darán el trabajo y necesito con urgencia el dinero —mintió, en parte.
Ella lo observó confundida.
—Mina dijo que ya habías trabajado como terapeuta sexual en otros campamentos.
Mike apretó la mandíbula con enfado, así como sus puños.
—Escucha, Alyssa, tuve que usar algunas mentiras para asegurar este contrato, pero te aseguro que tengo muchos conocimientos sobre el tema que buscas aprender.
Ella bajó la mirada, apenada. Sabía que él tenía una gran experiencia sobre sexo y seducción, en la universidad había sido un conquistador rompe corazones. Su experiencia en esos asuntos era muy basta, estaba segura que él sería una gran fuente de información, pero… tenerlo consigo le hacía doler el corazón.
—Es raro, Mike, además, no sé cómo llamarte. Me dices que no use tu nombre real, sino ese tal Garred.
Él gruñó por la rabia.
—Frente a Mina y al resto de los empleados llámame Garred, ¿es posible? Cuando estemos solos puedes decirme Mike.
—¿Te avergüenza estar aquí, por eso usas ese nombre?
—No es eso. Solo… —dudó antes de continuar.
No quería confesarle sobre el acuerdo al que había llegado con Harold para poder estar allí. Eso la haría dudar más.
—Sé que es un poco perturbador que vengas a un campamento donde la persona que trabajará contigo ha mentido en su nombre y profesión, pero créeme, es por una causa justa. Estoy desesperado.
Esa confesión a ella la conmovió, aunque también despertó su curiosidad. ¿Qué gran urgencia podía tener Mike que lo obligará a mentir y participar en una actividad que lo avergonzaba?
—Me conoces, Alyssa, sabes que no soy una mala persona. Estoy aquí dispuesto a ayudarte en lo que necesites a cambio de una oportunidad. ¿Puedes dármela?
La mujer se inquietó.
¿Él no era una mala persona? Quizás ahora no lo fuera, pero en el pasado resultó un hombre cruel y despiadado, capaz de mofarse de los defectos de otros con sus amigos.
No quería que se burlara de ella otra vez, que la viera como algo divertido con lo que podía entretenerse con otros.
—Yo también estoy desesperada. Estoy aquí por un asunto serio e importante para mí, no quiero que lo tomes a la ligera.
Él se extrañó por su confesión.
¿Qué gran necesidad podía tener esa mujer, que además de provenir de una familia rica y con influencias, era hermosa, sexi y adorable?
Le costaba imaginar qué asunto tan grave la afectaba, más que su propia vanidad y sus caprichos.
—Nunca se me ocurriría tomar tus problemas a la ligera. Si algo me enseñaron cuando pedí una oportunidad en este campamento, fue que las personas que acuden aquí lo hacen por motivos que deben respetarse y comprenderse. Quizás no sea un estudiado en psicología como supone Mina, pero te aseguro que no te fallaré. Dime cuál es tu necesidad y te juro que daré lo mejor de mí para ayudarte.
Ella se angustió aún más. ¿Sería capaz de decirle lo que requería para lograr su meta? ¿Se animaría a proponerle su plan de desvirgarse para así tener la experiencia necesaria que la ayudara a conquistar a Paolo Vannucci?
Eso último definitivamente no lo haría. No se atrevería a proponerle a Mike Russo, el hombre que le había roto el corazón en miles de pedazos al rechazarla por ser una mujer virginal y frígida, que tuviera sexo con ella para así convertirse en toda una seductora.
Esa parte de su plan no podría llevarla a cabo. Aunque tampoco se creería capaz de llamar a Mina y rechazarlo impidiendo que él obtuviera el dinero que tanto necesitaba.
Entonces, ¿qué haría?
—Yo… no sé…
—Por favor, Alyssa —pidió Mike aproximándose más a ella y mirándola con expresión suplicante—, olvidemos el pasado por una semana, ¿es posible? Sigamos adelante con esto, solo serán siete días. Te enseñaré todo lo que quieras y haré todo lo que me pidas, pero no rompas este convenio. De verdad es muy importante para mí.
En el pecho de la mujer estalló un cúmulo de emociones. Se conmovió tanto por su ruego que le resultaba imposible negarse.
Al saberse acorralada su mejor opción era huir. Aquello le había servido muchas veces como estrategia de sobrevivencia.
—Necesito ir al baño un momento —expuso sin atreverse a mirarlo a los ojos y enseguida salió de allí en dirección a una de las habitaciones.
Mike, al quedar solo, gruñó por el enfado y apretó los puños para evitar agarrar algo que pudiese lanzar.
Debía controlar sus emociones y pensar mejor la situación.
—Debo convencerla —se dijo a sí mismo, procurando llenarse de optimismo.
No podía darse el lujo de fallar en esa ocasión y mucho menos, con su exnovia. Eso no iba a permitirlo.
Había pasado un año. Ahora Alyssa y Mike sí podía decir que vivían tranquilos y felices.—Abre la boca —le pidió ella y él obedeció con sumisión. De esa forma la mujer pudo darle una cucharada generosa de pastel que él comió sin rechistar.—¡Sonrían! —pidió el fotógrafo, captando una nueva imagen de los novios.Se encontraban en el salón de fiestas, en medio de la celebración de su propia boda, una que llegó en el momento más oportuno.El llanto de una niña llamó la atención de ambos. Enseguida dejaron lo que hacían para girarse hacia la niñera que traía a una somnolienta Dalila entre las manos.—La niña exige a sus padres para dormir.—Dámela a mí —pidió Mike y tomó a su hija de un año entre sus brazos.—Pobre, con tanto ajetreo se pasó su hora de dormir —dijo Alyssa, dándole un beso en un bracito a su niña que se había acurrucado como un gatito en el pecho de su padre, ya tranquila y emitiendo un amplio bostezo.—Se dormirá en menos de un minuto —dedujo él, al ver que la nena casi e
Pasaron varios meses y aún Mike y Alyssa debían enfrentar secuelas de lo sucedido.—A tu padre le llegó una nueva demanda de los Vannucci —informó Meredith a su hija cuando fue a visitarla a su oficina en la empresa—. Ahora lo acusan de haber conspirado contra Paolo al invitarlo a Seattle, envolviéndolo en un conflicto con el fin de destapar sus cuentas pendientes en Europa. ¡Piden cuatro millones de dólares en reparación para pagar los gastos de su defensa!Ella sonrió divertida, sin dejar de revisar las carpetas que tenía sobre el escritorio y guardaba en cajas. Se irguió, acariciándose su ancho estómago. Ya tenía más de ocho meses de embarazo, tan solo quedaban dos semanas para dar a luz a su hija. El tiempo que le restaba lo pasaría en casa, por eso se llevaba parte del trabajo.—Todas esas demandas son solo sal cayendo en mucha agua, los abogados se encargarán de ellas y las diluirán en pocos días.—Sí, pero dejan amarguras. —La mujer se cruzó de brazos endureciendo la mandíbula—
Representantes de la familia Vannucci viajaron a Estados Unidos por las denuncias que los O’Neill y socios de su empresa habían hecho contra Paolo. Contrataron a un séquito de abogados para que lo defendieran y evitaran que quedara en prisión, estaban dispuestos a sacarlo de ese país y enviarlo a otro destino en Europa, pero no esperaron encontrarse con aquella tragedia.Paolo no solo había fallado a la exigencia policial de no salir de Seattle mientras se aclaraba su situación, sino que se había envuelto en un crimen aún peor. Se alió con criminales buscados por años por la DEA, secuestró a una empresaria reconocida y miembro de una familia importante de la región y pagó por un asesinato que él mismo estuvo a punto de llevar a cabo.Había pruebas, de todos y cada uno de esos delitos. Además, seguía aumentando la cantidad de denuncias en su contra por estafas y estaba más que probada su colaboración con una firma de abogados que llevaba años cometiendo fraudes y extorsiones contra emp
A los pocos minutos, Luther se hizo presente en el lugar acompañado por varios efectivos policiales y miembros de la DEA.No solo atraparon a los integrantes de los Cobras que se encontraban allí, sino que lograron recuperar las armas que poseían, que formaban parte de un contrabando robado a una instalación militar, y los autos, que estaban llenos de drogas y de otros productos también robados.Se hicieron cargo del cuerpo de Donald y de todos los heridos. Se llevaron en ambulancias a Otto, Garred, Randy y Bonnie, que tenían heridas menores producto de las peleas que tuvieron con los delincuentes y del choque en el lamborguini.De la misma forma trasladaron a Alyssa y a Mike, este último sufría por la puñalada que Donald le había propinado en el costado antes de morir, aunque no llegó a ser una herida grave.Jake fue detenido por la policía y llevado a una comisaría donde lo tendrían hasta que pudiesen trasladarlo a Seattle.Mientras todos se recuperaban en el hospital y eran interro
Todos quedaron inmóviles al ver a Donald impidiéndoles el paso. Tenía las manos libres, cerradas en puños, aunque llevaba dos pistolas guardadas en sus fundas a los costados de su torso. Sonreía con malicia, sabiendo que había acorralado a su presa.Si regresaban, se toparían con el caos que se había producido entre la DEA y los criminales, desde allí oían el sonido de disparos. Y no había caminos alternos, aquel era un área comercial tapeada de galpones, negocios y fábricas diversas. La única salida era enfrentarlo.—¡Mike Russo! ¡Si sales del auto, podría dejar ir a los demás! —gritó, consciente de que lo habían escuchado bien a pesar de tener las ventanillas cerradas.—¡No, Mike! ¡No vayas! —suplicó Alyssa anclándose al cuello de él, para impedirle que se moviera.—Si no salgo, esto no terminará nunca —expuso él, resignado, mirándola con dulzura e intentando calmarla.Ella seguía temblando por los nervios y mirar en su rostro las marcas de los golpes que le había propinado Paolo Va
Alyssa se sentó en el suelo y así retrocedió hacia la pared, al tiempo que le gritaba a Mike que se detuviera, pero él estaba como poseído.Le daba a Paolo Vannucci el castigo que aquel hombre merecía desde hacía algunos años.El italiano intentaba sacudirse para defenderse y ponía sus brazos en su cara, pero Mike con facilidad los esquivaba y le propinaba una golpiza monumental. El rostro ya lo tenía manchado de sangre y comenzaba a ovillarse por el dolor.Afuera, se escuchaban ruidos de golpes, disparos y gritos desesperados, así como de órdenes que parecían no ser escuchadas por nadie.Alyssa se sobresaltó al oír que alguien golpeaba la puerta con ansiedad y movía la manija como si quisiera romperla.—¡Russo! ¡Russo! —vociferaba una voz masculina.—¡Mike! ¡Déjalo! ¡Vas a matarlo! —gritaba Alyssa tratando de hacerlo entrar en razón, pero él no atendía a nadie.Un disparo resonó, asustando aún más a la mujer, que se agazapó contra la pared tapando sus oídos con sus manos sin dejar de







