INICIAR SESIÓNAlyssa se encerró en el baño para esconder su vergüenza y ansiedad. No sabía qué hacer para manejar esa situación sin que se le saliera de las manos. Bajó la tapa del inodoro y se sentó a recordar el pasado.
«Flahsback».
Mónica Turner, una de sus antiguas compañeras de la universidad, la había abordado un día también en un baño, pero del gimnasio cubierto de la universidad. Ella había ido a ese sitio para mirar a Mike entrenar para una competencia de boxeo.
—Alyssa, ¿qué haces aquí? No me digas que viniste a ver a Mike Russo —expuso la mujer con sonrisa divertida, como si aquello fuese un gran chisme y compartiendo miradas de burla con sus amigas.
Ella se puso nerviosa. En ese tiempo apenas tenía unas semanas de haberse enredado con Mike, no se sentía cómoda con el hecho de que otros se enteraran de su relación ya que ambos eran de mundos diferentes.
Él era el hombre sexi y popular de la universidad y ella la niña tonta consentida por sus padres ricos.
—Solo buscaba un sitio tranquilo para leer —mintió—. Poca gente viene al gimnasio a ver los entrenamientos.
—A menos que Mike Russo esté entrenando. No te hagas la inocente, sabes que eso pasa.
Ella se inquietó por su provocación, no sabía qué otras mentiras utilizar para justificar su presencia allí sin revelar que mantenía una especie de noviazgo con aquel hombre.
—Si tienes algo de dignidad no deberías aparecerte por aquí —expuso Mónica cruzándose de brazos y mirándola con superioridad.
—¿Por qué? —quiso saber, confundida.
—Ayer escuché a Mike hablar con sus amigos sobre ti.
—¿Sobre mí? —preguntó preocupada.
—Sí, dijo que te invitó a ir al club La Primavera, donde pensó conquistarte para pasar la noche contigo, pero tú resultaste una mojigata. Cuando empezó a besarte y meterte mano te asustaste y saliste corriendo como una loca. Todos ellos rieron por aquella anécdota, si te ven en las gradas hoy les recordarás esa historia y se reirán de ti. ¿Quieres eso?
A Alyssa le ardieron las mejillas por la vergüenza y los ojos se le llenaron de lágrimas. Era cierto que había ido con Mike a ese club y, gracias al alcohol y a la efervescencia de las hormonas, terminaron besándose y tocándose de manera íntima en un rincón oscuro.
Cuando el asunto estaba a punto de convertirse en un fuego devorador, ella recordó lo que aquel antiguo novio de su madre intentó hacerle cuando era una niña, agitando sus miedos.
Llena de vergüenza y temores se marchó de allí casi a las carreras para evitar que él la siguiera.
En parte había ido ese día al gimnasio para hablar con él y disculparse, dispuesta a contarle su verdad para que pudiesen seguir juntos, ya que aquel hombre le gustaba muchísimo, pero prefirió dejar el tema así e irse.
Nunca pensó que Mike terminaría siendo como el resto de los hombres con los que había estado: tipos crueles, incapaces de comprender las debilidades de otros.
«Fin del flahsback».
—Ahora ¿qué haré? ¿Cómo podré estar en este campamento con él sin recordar el pasado? —se dijo con frustración y se cubrió el rostro con ambas manos para soportar la amargura.
***
Afuera, Mike se había sentado en el borde de un sillón con los codos apoyados en sus muslos y las manos entrelazadas. Mantenía su mirada furiosa clavada en el suelo en una actitud reflexiva.
Estaba nervioso por lo que Alyssa pudiese decidir luego de saber que había mentido para estar allí. No debía culparla si pensaba que él era un farsante que lo único que lograría sería hacerle perder el tiempo y el dinero.
—Maldición, ¿qué hago? —se preguntó desesperado.
Si ella pedía cambio de terapeuta, Mina haría sus averiguaciones y se enteraría que él y Harold habían mentido. Perdería su oportunidad de estar allí y la amistad con aquel hombre, quien además era uno de sus mejores clientes en el taller mecánico.
No lograría conseguir el dinero para pagarle a Brendan y quitárselo de encima, siendo víctima de su venganza y empañando su oportunidad con la escudería de Fórmula 4.
—No puedo dejar que me rechace. No otra vez —se dijo con irritación, sin poder evitar recordar el pasado.
«Flahsback».
Luego del momento incómodo que vivió con Alyssa en el club La Primavera, él intentó contactarla para que hablaran. Supuso que algo malo le había pasado y quería ayudarla, pero ella no respondía a sus llamadas ni a sus mensajes y en la universidad era escurridiza.
Se dispuso a visitar su casa un día luego de su entrenamiento de boxeo, pero cuando se alistaba para salir lo abordó Neitan, uno de los compañeros con los que entrenaba.
—Acabo de escuchar una historia surreal mientras venía al gimnasio —dijo con tono de burla.
—¿Qué historia?
—El golpe bajo que te hizo pasar Alyssa O’Neil en el club La Primavera hace unos días.
Él lo miro con sorpresa.
—¿Qué golpe bajo? ¿De qué hablas?
—Mónica Turner me dijo que la chica te conquistó para vivir una experiencia excitante contigo. Quería quedar como la niña rica que se devoraba al chico malo de la universidad —expuso con sonrisa divertida—. Pero le resultaste repulsivo al darse cuenta que en realidad eres un don nadie, al menos, para ella, y te rechazó de forma humillante dejándote en el club sin una explicación mientras ella se marchaba con Sebastián Mackenzie.
Mike no solo se asombró por lo que decía, sino que el fuego de la ira comenzó a avivarse en su interior.
—No sé de qué hablas. Las cosas no salieron así entre Alyssa y yo en ese club —aseguró molesto.
—Yo la vi marcharse esa noche con Mackenzie, pero no pensé que había estado primero contigo y te dejó plantado por él. Sé que los O’Neil y los Mackenzie pertenecen al mismo círculo social y Alyssa y Sebastián tuvieron un tonteo en el pasado. Hay quienes aseguran que tienen un matrimonio arreglado, ya sabes, entre ricos acuerdan esas bodas por conveniencia para beneficiar sus negocios.
Él se irritó tanto por lo que escuchaba que se tensó por completo. Tenía ganas de golpear algo para descargar su ira, aunque no exactamente una bolsa de entrenamiento.
—Esas niñas ricas siempre se creen superiores —pinchó Neitan—, buscan divertirse a costa de los que no estamos a su mismo nivel.
—¿Dónde escuchaste esa historia?
—La están comentando afuera. Es el chisme del día.
Mike sufrió por aquella noticia. Luego de eso tuvo que soportar las risas de sus compañeros por días hasta que un nuevo escándalo los hizo olvidarlo.
No buscó más a Alyssa, ni ella a él. Ambos estudiaban carreras distintas y casi no se cruzaban en la universidad.
«Fin del flahsback».
—Me usaste para tus burlas una vez, niña rica, pero no voy a dejarte hacerlo una segunda —se prometió.
No iba a concederle otra oportunidad para que le desbaratara la vida, porque aquel golpe del pasado le costó superarlo ya que la había querido de verdad.
Cuando Alyssa salió del baño, él se puso de pie y la miró con determinación.
No le permitiría que lo rechazara de nuevo y le quitara la oportunidad de resolver sus problemas.
***
Hola, gente. Bienvenidos a esta nueva historia. ¿Qué les está pareciendo hasta ahora? ¿Creen que Mike y Alyssa cumplirán con los planes que se trazaron o algo terminará sucediendo entre ellos?
Déjenme sus comentarios y reseñas, y no se olviden de votar y de incluir la novela en sus bibliotecas. Gracias por leerme.
Había pasado un año. Ahora Alyssa y Mike sí podía decir que vivían tranquilos y felices.—Abre la boca —le pidió ella y él obedeció con sumisión. De esa forma la mujer pudo darle una cucharada generosa de pastel que él comió sin rechistar.—¡Sonrían! —pidió el fotógrafo, captando una nueva imagen de los novios.Se encontraban en el salón de fiestas, en medio de la celebración de su propia boda, una que llegó en el momento más oportuno.El llanto de una niña llamó la atención de ambos. Enseguida dejaron lo que hacían para girarse hacia la niñera que traía a una somnolienta Dalila entre las manos.—La niña exige a sus padres para dormir.—Dámela a mí —pidió Mike y tomó a su hija de un año entre sus brazos.—Pobre, con tanto ajetreo se pasó su hora de dormir —dijo Alyssa, dándole un beso en un bracito a su niña que se había acurrucado como un gatito en el pecho de su padre, ya tranquila y emitiendo un amplio bostezo.—Se dormirá en menos de un minuto —dedujo él, al ver que la nena casi e
Pasaron varios meses y aún Mike y Alyssa debían enfrentar secuelas de lo sucedido.—A tu padre le llegó una nueva demanda de los Vannucci —informó Meredith a su hija cuando fue a visitarla a su oficina en la empresa—. Ahora lo acusan de haber conspirado contra Paolo al invitarlo a Seattle, envolviéndolo en un conflicto con el fin de destapar sus cuentas pendientes en Europa. ¡Piden cuatro millones de dólares en reparación para pagar los gastos de su defensa!Ella sonrió divertida, sin dejar de revisar las carpetas que tenía sobre el escritorio y guardaba en cajas. Se irguió, acariciándose su ancho estómago. Ya tenía más de ocho meses de embarazo, tan solo quedaban dos semanas para dar a luz a su hija. El tiempo que le restaba lo pasaría en casa, por eso se llevaba parte del trabajo.—Todas esas demandas son solo sal cayendo en mucha agua, los abogados se encargarán de ellas y las diluirán en pocos días.—Sí, pero dejan amarguras. —La mujer se cruzó de brazos endureciendo la mandíbula—
Representantes de la familia Vannucci viajaron a Estados Unidos por las denuncias que los O’Neill y socios de su empresa habían hecho contra Paolo. Contrataron a un séquito de abogados para que lo defendieran y evitaran que quedara en prisión, estaban dispuestos a sacarlo de ese país y enviarlo a otro destino en Europa, pero no esperaron encontrarse con aquella tragedia.Paolo no solo había fallado a la exigencia policial de no salir de Seattle mientras se aclaraba su situación, sino que se había envuelto en un crimen aún peor. Se alió con criminales buscados por años por la DEA, secuestró a una empresaria reconocida y miembro de una familia importante de la región y pagó por un asesinato que él mismo estuvo a punto de llevar a cabo.Había pruebas, de todos y cada uno de esos delitos. Además, seguía aumentando la cantidad de denuncias en su contra por estafas y estaba más que probada su colaboración con una firma de abogados que llevaba años cometiendo fraudes y extorsiones contra emp
A los pocos minutos, Luther se hizo presente en el lugar acompañado por varios efectivos policiales y miembros de la DEA.No solo atraparon a los integrantes de los Cobras que se encontraban allí, sino que lograron recuperar las armas que poseían, que formaban parte de un contrabando robado a una instalación militar, y los autos, que estaban llenos de drogas y de otros productos también robados.Se hicieron cargo del cuerpo de Donald y de todos los heridos. Se llevaron en ambulancias a Otto, Garred, Randy y Bonnie, que tenían heridas menores producto de las peleas que tuvieron con los delincuentes y del choque en el lamborguini.De la misma forma trasladaron a Alyssa y a Mike, este último sufría por la puñalada que Donald le había propinado en el costado antes de morir, aunque no llegó a ser una herida grave.Jake fue detenido por la policía y llevado a una comisaría donde lo tendrían hasta que pudiesen trasladarlo a Seattle.Mientras todos se recuperaban en el hospital y eran interro
Todos quedaron inmóviles al ver a Donald impidiéndoles el paso. Tenía las manos libres, cerradas en puños, aunque llevaba dos pistolas guardadas en sus fundas a los costados de su torso. Sonreía con malicia, sabiendo que había acorralado a su presa.Si regresaban, se toparían con el caos que se había producido entre la DEA y los criminales, desde allí oían el sonido de disparos. Y no había caminos alternos, aquel era un área comercial tapeada de galpones, negocios y fábricas diversas. La única salida era enfrentarlo.—¡Mike Russo! ¡Si sales del auto, podría dejar ir a los demás! —gritó, consciente de que lo habían escuchado bien a pesar de tener las ventanillas cerradas.—¡No, Mike! ¡No vayas! —suplicó Alyssa anclándose al cuello de él, para impedirle que se moviera.—Si no salgo, esto no terminará nunca —expuso él, resignado, mirándola con dulzura e intentando calmarla.Ella seguía temblando por los nervios y mirar en su rostro las marcas de los golpes que le había propinado Paolo Va
Alyssa se sentó en el suelo y así retrocedió hacia la pared, al tiempo que le gritaba a Mike que se detuviera, pero él estaba como poseído.Le daba a Paolo Vannucci el castigo que aquel hombre merecía desde hacía algunos años.El italiano intentaba sacudirse para defenderse y ponía sus brazos en su cara, pero Mike con facilidad los esquivaba y le propinaba una golpiza monumental. El rostro ya lo tenía manchado de sangre y comenzaba a ovillarse por el dolor.Afuera, se escuchaban ruidos de golpes, disparos y gritos desesperados, así como de órdenes que parecían no ser escuchadas por nadie.Alyssa se sobresaltó al oír que alguien golpeaba la puerta con ansiedad y movía la manija como si quisiera romperla.—¡Russo! ¡Russo! —vociferaba una voz masculina.—¡Mike! ¡Déjalo! ¡Vas a matarlo! —gritaba Alyssa tratando de hacerlo entrar en razón, pero él no atendía a nadie.Un disparo resonó, asustando aún más a la mujer, que se agazapó contra la pared tapando sus oídos con sus manos sin dejar de







