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capitulo 2

last update Data de publicação: 2026-01-22 22:42:45

Elena se encontraba en su habitación , absorta en sus pensamientos, cuando la puerta se abrió lentamente, revelando la figura de Leonidas al umbral. Ella se hallaba vestida con un camisón blanco que le daba un aire angelical.

Leonidas, al verla así, quedó momentáneamente cautivado. Sus ojos se encontraron con los de Elena. Un silencio tenso llenó la habitación mientras él se acercaba a ella con determinación.

Sin decir palabra, Leonidas la tomó suavemente por el rostro, sus dedos rozando su piel con un toque tembloroso.

El labio de ella tembló, como si luchara por encontrar las palabras adecuadas para decir en ese momento, pero cuando ella estaba a punto de hablar el apoyo su pulgar sobre su labio.

— No vine para escucharte hablar dijo Leonidas. ¡Siéntate!, exclamó él molestó.

Elena se sentó en el borde de la cama, y lo observó en silencio. Mientras él se acomodaba en una butaca a unos metros de ella.

— Me considero un hombre razonable, pero me gusta tener todo en orden. Mi casa, mi dinero, mi esposa, mis reglas. En mi casa no hay lugar para las confusiones, eres joven y hermosa. Eso tiene sus ventajas pero también sus desventajas. Espero que honres tus votos matrimoniales, vestirás como yo te diga. Iras donde yo te diga y harás lo que yo te diga. Rompe mis reglas y pagarás las consecuencias ¿me has entendido?, pregunto Leonidas.

— Sí señor, respondió Elena.

— Ahora acuéstate dijo él poniéndose de pie para abandonar la habitación, Elena se quedó viendo la puerta, sabía que ese era su habitación su ropa y cosas estaban ahí. Temía por su seguridad

Para sorpresa de ella cayó rendida y se durmió profundamente y volvió a soñar con él, con esos ojos oscuros y esa sonrisa. Alexander le había mentido, solo había jugado con ella.

Cuando despertó estaba sola al mirar la cama noto que alguien había dormido del otro lado.

 Luego del desayuno, Aida le informó que la esperaba una diseñadora en la sala.

Tres horas pasaron a toda velocidad. Elena no tenía ni idea de que se pudiera pasar tanto tiempo eligiendo ropa. La mujer era alta de pelo plateado impecablemente vestida.

—Elena, el señor Mavrogenis la describió perfectamente. Soy la señora Zeferis

le había dicho al verla ingresar.

Elena se había sonrojado por enésima vez en aquella mañana mientras la mujer y sus ayudantes la habían desnudado por completo.

—Es usted muy flaca. No sé qué vamos a hacer comento la señora Zeferis una y otra vez.

Ella había pedido la cuenta de la cantidad de ropa y calzado que se había probado.

—Le dejo aquí ropa informal. Podrá apañarse con ella hasta que lo que modifiquemos este listo en un par de días. A lo que se refería lamujer era a una pila muy bien doblada de ropa y a una bolsa de fin de semana de cuero también llena de ropa.

Elena descubrió que lo que le había entregado para ponerse era una camisola de seda en color caramelo, una falda beis y ropa interior a juego. Completaban el conjunto unas sandalias de tacón bajo griegas, muy sencillas y muy elegantes.

Luego fue el turno del peluquero, donde Elena casi había llorado al ver su largo cabello ser cortado, finalmente estába lista.

Elena observaba la isla era como una prisión en medio del mar penso al ver las enormes rocas

— Señora Mavrogenis, él señor desea verla. Elena la siguió, a su paso podía sentir las miradas de los empleados.

Elena fue guiada a una oficina espectacular al abrir la puerta vio un enorme florero lleno de orquídeas. Al otro extremo, estaba Leonidas tomándose un café y leyendo el periódico. Elena sintió la tensión que había siempre entre ellos

Leonidas la observó detenidamente definitivamente el cambio de ropa y corte de pelo le habían sentado de maravilla.

—Nos vamos dentro de una hora, puedes sentarte anunció Leonidas dejando el periódico sobre la mesa. Hoy tendremos una fiesta, espero que puedas comportarte a la altura.

— Sí, señor dijo ella.

Leonidas se exasperó, se puso de pie y se acercó bruscamente a ella. Asustada Elena retrocedió al sentir el contacto de su mano.

— No lo haces bien Elena, deja de mirar el piso mi esposa no mira el piso exclamó el furioso.

—¿Es que no sé que quiere de mí?, pregunto ella.

— Que quiero de ti en resumidas cuentas, ¡Todo Elena!, exclamó Leonidas. Deja de mirar el piso eres la señora Mavrogenis. Comportarte como tal.

Las palabras de Leonidas resonaban incesantemente en la mente de Elena: "Lo quiero todo". Pero, ¿qué significaba exactamente "todo"? Era una pregunta que se repetía constantemente mientras el paisaje pasaba fuera de la ventana.

Leonidas, con sus 70 años, y ella, una joven de apenas 20, habían sido unidos en matrimonio por imposición de su padre y el mismo Leonidas. Esta situación la hacía sentirse atrapada, sin apoyo.

Las palabras de Leonidas resonaban en su cabeza. También su comportamiento la confundia por un lado le dejaba claro que no aceptaria que su actitud lo pusiera en entredicho y por otro la regañaba cuando se escabullia. También el hecho de que no hubiera ejercido su derecho como esposo la desconcertaba. Elena se preguntaba si él realmente entendía lo que necesitaba y deseaba. La joven se sentía atrapada en una vida que no había elegido y con un hombre que, a pesar de su elegancia y poder, continuaba siendo un enigma para ella.

 Elena se hizo una pregunta ¿ qué pasaba con sus deseos? ¿con sus sueños?.

Esa noche, Leonidas esperaba en la sala, vestido con elegancia para asistir a una cena de gala, la primera a la que asistiría junto a su flamante esposa. La mansión estaba iluminada con luces tenues, y una melodía suave de piano flotaba en el aire.

Mientras tanto, Elena se preparaba para la ocasión en su habitación. Había elegido cuidadosamente un vestido que había separado la señora Zeferis. Era un vestido de seda rojo con detalles de encaje que realzaban su juventud y belleza natural. Se miró en el espejo, preguntándose si Leonidas aprobaría la elección.

En el momento en que Elena descendió la majestuosa escalera de la mansión, Leonidas se volvió hacia ella y su mirada se iluminó. Elena lucía absolutamente deslumbrante, y él no pudo evitar sentir un resplandor de orgullo. Tomó su brazo y la condujo hacia el jardín donde un reluciente helicóptero los llevaría a la cena de gala.

Xander Mavrogenis o Xander Christodoulou como se hacía llamar observaba a los invitados, no le sorprendió que Leonidas se hubiera casado, no por supuesto que no.

 Era la humillación final a su madre, no importaba que su madre ya estuviera muerta ni que la fortuna de Leonidas Mavrogenis hubiera sido construida con la herencia de los Christodoulou.

Incluso llegando al final de su vida Leonidas Mavrogenis, se estaba ocupando en impedir que Xander recuperara lo que a su madre le correspondía y él se lo había jurado, Leonidas Mavrogenis perdería todo lo que había construido y cada día trabajaba veinte horas para eso.

Desde el piso superior vio la llegada del flamante matrimonio Mavrogenis, por supuesto su padre no había tardado en encontrar una joven avariciosa que por un puñado de billetes se casara con un viejo que podía ser su padre o incluso su abuelo, Xander tomo una copa y se mezcló con los invitados tenía deseos de conocer de ver de cerca a la señora Mavrogenis...

El viaje fue en silencio en cuanto ingresaron a la casa Leonidas despidió a los empleados.

Se acercó a Elena y la miró.— ¿Que hacías en ese jardín?.

— Fui a tomar aire.

— ¿Dónde te deje?, pregunto Leonidas doblando el puño de su camisa.

— En el salon respondió ella.

— Te dije que debes hacer lo que yo te pedí.

— Es que no entiendo lo que quiere, exclamó Elena.

—Que en apariencia seas la señora Mavrogenis, no es tan difícil.

— Yo tengo mis motivos, a ti no te importan exclamó Leonidas...

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Último capítulo

  • A la que no debia amar   Epílogo

    Cuatro años después, la isla de Agios Leoni respiraba en calma.El sol caía suave sobre la piscina.El mar, a lo lejos, era apenas un murmullo.Nada quedaba de las tormentas.Ni afuera…ni adentro.Elena estaba recostada en una tumbona.Un libro abierto entre sus manos.Pero no leía.Miraba.Siempre terminaba mirando a su familiaEn la piscina, Xander jugaba con su hijo.—¡Más alto! —gritaba Leandros, riendo.Xander lo levantó en el aire sin esfuerzo.—¿Seguro?—¡Sí!Y lo lanzó suavemente al agua.La risa del niño llenó todo el lugar.Elena sonrió.Cerró el libro.Lo dejó a un lado.Porque no había nada más importante que eso.Leandros era igual a su padre.La misma energía.La misma intensidad.Pero no la misma carga.No el mismo peso.Xander se encargaba de eso.Cada día.Sin fallar.Siempre presente.Siempre paciente.El hombre que alguna vez vivió atrapado en el pasado había aprendido a quedarse.A construir.A elegir.—Mamá, ven —llamó el niño desde el agua.Elena negó con una so

  • A la que no debia amar   Final

    A la mañana siguiente, la historia ya era pública.Titulares.Fotografías.Versiones.Xander no leyó nada.Tomó los periódicos, los apartó sin siquiera mirarlos… y regresó a la habitación.No se había movido de allí.Ni pensaba hacerlo.Los negocios podían esperar.El mundo podía esperar.Su prioridad… estaba en esa cama.Elena lo miró apenas entró.Aún débil, pero despierta.—Es que yo quiero verlo, Xander… —su voz era suave, pero firme—. Por favor… habla con el médico.Xander se acercó sin dudar.Se inclinó, la abrazó con cuidado.Besó su frente.—Está bien —murmuró—. Voy a hablar con él.La miró a los ojos.—Pero tienes que calmarte.Elena asintió.Confiando.La conversación fue breve.Directa.—Está estable —explicó el médico—. Podemos autorizar una visita corta.—Gracias.Minutos después, una enfermera entró con una silla de ruedas.—La ayudaré——Yo me ocupo —interrumpió Xander con suavidad.La enfermera asintió.Comprensiva.—Si necesita algo… me llama.Xander la ayudó con cuida

  • A la que no debia amar   119

    El ruido del helicóptero rompió la noche. Hipólita alzó la vista. La luz giratoria atravesó la lluvia… y por un segundo, todo quedó expuesto. —De pie —ordenó, tirando de Elena con brusquedad. Elena gimió, el cuerpo temblando, pero logró ponerse de pie. El cuchillo volvió a su vientre. —Camina. La empujó hacia el borde. El mar rugía abajo. Violento. Implacable. —Se acabó —susurró Hipólita, casi para sí misma El helicóptero de Xander tocó tierra antes de detenerse por completo. La puerta se abrió. Xander saltó. La lluvia lo golpeó con fuerza. —¡Por allí! —gritó uno de los hombres. No esperó más. Corrió. Raúl a su lado. El terreno era inestable, resbaladizo, pero no se detuvo. No podía. Rafael ya estaba cerca. Demasiado cerca. Tenía el arma levantada. Apuntando. Pero no podía disparar. Elena estaba en la línea. —Maldición… —murmuró, ajustando el ángulo. El ruido del helicóptero desgarraba la tormenta. La luz cayó sobre ellas. H

  • A la que no debia amar   capitulo 118

    —Muy bien, Elena… daremos un paseo. La voz de Hipólita fue tranquila. Demasiado. El cuchillo se presionó apenas contra el costado del vientre. No lo suficiente para herir. Sí lo suficiente para dejar claro que no dudaba. —Camina. Elena tragó saliva. Y obedeció. Cada paso fue lento. Medido. Sintiendo el frío del suelo bajo sus pies, la lluvia que comenzaba a alcanzarlas al cruzar la puerta. El viento golpeó con fuerza apenas salieron. La tormenta estaba encima. Hipólita la empujó levemente. —Más rápido. Avanzaron por el camino de piedra que descendía hacia la zona de rocas. El mar rugía abajo. Violento. Oscuro. Cada relámpago iluminaba el paisaje por segundos, mostrando el abismo que se abría más adelante. Elena apretó los dientes. Una mano sobre su vientre. Protegiendo. Siempre protegiendo. —¿Sabes? —dijo Hipólita detrás de ella—. Xander te olvidara pronto como con su madre Elena Lloraba… suplicaba… —continuó, casi en un susurro—. Elena se detuvo y cayo de

  • A la que no debia amar   capitulo 117

    Silencio se volvió denso. —Lo sé —respondió Yannis. Su tono había cambiado. —Me avisaron hace un rato Xander apretó la mandíbula. — Estoy en Londres, creo que Hipólita le pago a su médico, ya pedí que realicen la denuncia. El silencio que siguió no fue duda, para Yannis fue la confirmación. —Xander… —la voz de Yannis llegó más seria de lo habitual—. Si te llamé es porque el perito ya tiene un informe preliminar. —¿De qué estás hablando? No había paciencia en su tono. Solo tensión. Yannis exhaló despacio. —Te mencioné que existía un informe privado… el que encargaron tu padre y el mío.El que decía que la muerte de tu madre no era concluyente. Xander no respondió. Pero no colgó. —El perito actual retomó todo —continuó Yannis—. Informes, fotografías, declaraciones… Y trabajó con reconstrucción tridimensional de la caída. Xander apretó el teléfono. —Habla claro, Yannis. Yannis no suavizó. —No coincide. El mundo se detuvo. —¿Qué no coincide? —L

  • A la que no debia amar   Capitulo 116

    La noche cayó lenta sobre el hospital, el silencio era total Silencio que Hipólita detestaba. Estaba sentada en la cama. Demasiado tranquila. Las manos apoyadas sobre el regazo. Los ojos abiertos pensando. No en escapar. En no fallar, eso no podía pasar. Era un lujo que no podía permitirse,no cuando Xander empezaba a dudar. No cuando otro médico podía verlo. La puerta se abrió suavemente. —Es hora del medicamento, señora —anunció la enfermera. Hipólita levantó la vista y sonrió. —Claro. Extendió el brazo tomó el vaso de agua y la pasitilla, la trago y abrió la boca para que la enfermera asintiera satisfecha. —Descanse —añadió la mujer. Hipólita se acostó y la puerta se cerró. Hipólita esperó unos pocos minutos Luego se levantó, sin titubear y caminó hasta el baño. Abrió el grifo. Metió los dedos en la garganta. El reflejo fue inmediato. Violento. El sedante no tuvo tiempo. Se miró en el espejo pálida. —No me van a encerrar… —murm

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