FAZER LOGINSelene dejó los documentos sobre mi escritorio con una fuerza suficiente para hacer vibrar el vaso que tenía a un lado.—Quiero la verdad.Levanté la mirada.—¿Sobre qué?—Sobre la vigilancia.El resto del penthouse estaba en silencio. Grayson había regresado a su apartamento, Ethan se encontraba en una reunión y Theo dormía bajo el cuidado de Bianca. Selene había esperado deliberadamente hasta que pudiéramos hablar sin interrupciones.—Ya te expliqué que tenía personas pendientes de ti.—No. Me dijiste lo mínimo necesario para que dejara de preguntar.Me levanté.—Selene…—¿Desde cuándo sabías lo que Edmund me hacía?La pregunta me obligó a detenerme.Podía mentir. Durante años, mentir había sido una herramienta sencilla. Bastaba elegir la versión más útil y sostenerla sin vacilar.Con ella, cada mentira comenzaba a sentirse como una grieta en algo que necesitaba conservar.—Desde antes de que naciera Theo —respondí.Su rostro perdió color.—¿Cuánto antes?—Casi dos años.—Dos años.N
La fundación ocupaba un edificio antiguo restaurado con una elegancia discreta. No había ostentación ni empleados apresurados intentando demostrar cuánto costaba cada pieza. Solo paredes claras, techos altos y obras que parecían exigir silencio.Grayson caminaba a mi lado sin tocarme.Agradecía aquella distancia. Después de lo ocurrido entre nosotros, cualquier contacto podía convertirse en una pregunta que aún no estaba preparada para responder.—No tienes que quedarte —le dije.—Lo sé.—Entonces puedes irte.—También lo sé.Lo miré.—Eres insoportable.—Eso no ha cambiado.La directora de la fundación, Margaret Hale, nos recibió en una sala donde varias pinturas descansaban sobre soportes temporales. Era una mujer de cabello gris y expresión atenta.—Señora Ravenshire —dijo.Mi cuerpo se tensó al escuchar el apellido.—Prefiero Ashford.Margaret corrigió de inmediato.—Señora Ashford. He leído su ensayo sobre restauración y memoria cultural.Parpadeé.—Escribí eso hace años.—Los bu
El médico habló durante varios minutos, pero solo logré retener algunas palabras: infección, desnutrición, tratamiento y recuperación lenta.Roxy permanecía recostada en la cama con una expresión de fastidio, como si la enfermedad fuera una inconveniencia menor y no la consecuencia de años sobreviviendo en la calle.—Necesitará un ambiente estable cuando reciba el alta —explicó el médico—. Buena alimentación, medicamentos y revisiones frecuentes.—Vivirá conmigo —respondí.Roxy giró la cabeza.—No.—No te pregunté.—No voy a instalarme en la mansión de tus millonarios.—Es un penthouse —aclaró Grayson.Roxy le lanzó una mirada que consiguió hacerlo callar.Julian se acercó al médico.—Prepare todo lo necesario. Cuando pueda salir, tendrá una habitación y atención permanente.—Yo tampoco te pregunté a ti —dijo Roxy.—Lo sé.La calma con la que Julian respondió pareció desconcertarla.—No quiero caridad.—No te estoy ofreciendo caridad —intervine—. Me ayudaste cuando no tenía dinero, ca
Sabía que no era bienvenido, pero no necesitaba explicaciones para entender lo ocurrido.Grayson tenía la camisa mal abrochada, el cabello desordenado y esa expresión satisfecha que adoptaba cuando conseguía algo antes que Julian y yo. Selene evitaba mirarme. Su vestido estaba arrugado en las caderas y su respiración aún no recuperaba la calma.Sentí una presión en el pecho.—¿Qué ocurrió aquí? —pregunté.Grayson se acomodó el puño de la camisa.—No es asunto tuyo.—Todo lo relacionado con Selene es asunto mío.—Ese es precisamente el problema —dijo ella.No elevó la voz, pero se impuso sobre la tensión. Julian permanecía junto a ella, demasiado tranquilo para alguien que acababa de descubrir a su mejor amigo con la mujer que deseaba.—Quiero hablar con ellos a solas —me dijo Julian.—No.—Ethan.—No voy a salir del salón para que decidan qué versión de la historia pueden contarme.Grayson resopló.—Estuve con Selene.La declaración me golpeó con fuerza. Sabía que la deseaba y que Jul
Los dos seguían frente a mí.Julian permanecía junto al ventanal, con una mano en el bolsillo y la otra aferrada a las flores que había llevado. Grayson estaba cerca del sofá, acomodándose la camisa con una tranquilidad poco convincente. La tensión dominaba la habitación y explicaba por qué el personal había desaparecido de los alrededores antes de que alguien alzara la voz.Sus ojos recorrieron mi vestido arrugado, mi cabello desordenado y el rubor de mi rostro antes de detenerse en Grayson, cuya ropa confirmaba aquello que yo quería ocultar.—¿Fue decisión tuya? —preguntó Julian.La pregunta me sorprendió. Esperaba una acusación, una amenaza o una pelea entre ellos. Sin embargo, Julian solo me miraba a mí.—¿Qué cosa? —pregunté, aunque los tres sabíamos a qué se refería.—Lo que sucedió entre ustedes.Grayson abrió la boca, pero Julian levantó una mano.—No te lo estoy preguntando a ti.Temí que todo terminara en violencia.—Sí —respondí—. Fue decisión mía.Julian permaneció inmóvil
Las bromas que me había gastado Grayson no eran más inocentes que las de Julian y Ethan, pero de los tres era el que solía pensársela dos veces antes de ensuciarse las manos.Claro… excepto aquella vez en la preparatoria, cuando aterrorizó a uno de mis pretendientes por supuestamente haber tomado algo suyo.—¿Por qué me miras así? —balbuceó el chico, acorralado contra los casilleros.—Por tomar algo que es mío —respondió Grayson, con una calma que daba más miedo que un grito—. Y no me gusta repetir advertencias.No hizo falta que dijera más. El golpe llegó después, seco, amparado en una excusa tan absurda que nadie se atrevió a cuestionarla. Nunca supe qué era aquello que supuestamente había tomado, y aunque hoy todo parecía ridículo, después de descubrir la mentira de Julian y la indiferencia de Nathan, no tenía el menor ánimo para lidiar con él.—Julian no está —le dije mientras se volteaba a verme—. Regresa por la mañana.Mi tono fue tan plano que le arrancó una media sonrisa.—No







