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Al día siguiente, Clara y Tom decidieron hablar con Joan.El pequeño estaba sentado en la sala, jugando con uno de sus juguetes favoritos, completamente ajeno a la conversación que sus padres habían tenido la noche anterior.Clara miró a Tom.Él tomó su mano y le dio un pequeño apretón.Era un momento importante.No querían imponerle nada a Joan.Querían que aquella decisión naciera también de su pequeño corazón.Clara se arrodilló frente a él.—Amor, tenemos algo que preguntarte.Joan levantó la mirada.—¿Qué pasó, mami?Clara sonrió.—¿Te gustaría que Tom fuera tu papi?El niño se quedó inmóvil durante apenas un segundo.Después, sus ojos se iluminaron.—¿De verdad?Tom sintió que el corazón le daba un vuelco.—Sí, pequeño. Si tú quieres.Joan soltó el juguete y saltó de alegría.—¡Sipi! ¡Por siempre, sí!Clara soltó una carcajada entre lágrimas.—¿Por siempre?—¡Sí! —respondió Joan con toda la seguridad de un niño—. Quiero que seas mi papi para siempre.Tom ya no pudo contener las
Una vez que terminó la fiesta, cuando los últimos invitados comenzaron a marcharse y la música dejó de llenar el salón, Clara sintió que por fin podía respirar.Sin embargo, esa noche estaba casada con el hombre que amaba. Tom. Su esposo.Subieron al avión y, mientras las luces de la ciudad desaparecían bajo ellos, Clara apoyó la cabeza sobre el hombro de Tom.Por primera vez en mucho tiempo, no tenía miedo de lo que vendría después.Solo quería disfrutar.Horas más tarde llegaron a aquella hermosa isla.El paisaje parecía sacado de un sueño.El mar se extendía frente a ellos con un azul intenso, mientras las palmeras se movían suavemente con el viento.La casa donde se hospedarían estaba rodeada de vegetación y tenía una vista privilegiada hacia el océano.Clara se quedó contemplándola con los ojos muy abiertos.—Es preciosa.Tom la miró.—No tanto como tú.Ella soltó una pequeña risa.—Ya empezaste.—¿Acaso estoy mintiendo?Antes de que pudiera responder, Tom se acercó y la tomó en
Tom esperaba frente al altar de la iglesia.Había intentado mantenerse tranquilo, pero aquella mañana su corazón parecía decidido a hacer exactamente lo contrario.Latía con tanta fuerza que, por momentos, sentía que todos los invitados podían escucharlo.Miró hacia las puertas de la iglesia.Todavía estaban cerradas.A su alrededor, familiares y amigos ocupaban los bancos. Algunos conversaban en voz baja, otros sonreían mientras esperaban el momento más importante de aquella celebración.Pero Tom apenas podía prestarles atención.Todo su mundo estaba concentrado en una sola persona.Clara.Tom respiró profundamente.Nunca se había enamorado.Durante mucho tiempo había creído que el amor era una historia bonita que les ocurría a otras personas.Había visto parejas enamoradas, había escuchado promesas de amor eterno y había presenciado bodas llenas de felicidad, pero nunca había imaginado que algún día él estaría en aquel lugar.Mucho menos que estaría allí esperando a la mujer que habí
Casi una semana después, llegó la citación del juez.Cuando Clara recibió la notificación, sintió que el estómago se le cerraba.Había intentado prepararse mentalmente para aquel momento, pero ninguna preparación era suficiente para enfrentarse a la posibilidad de que alguien pudiera decidir sobre la vida de su hijo.Durante días, aquella preocupación había permanecido en el fondo de su mente.¿Qué pasaría si Gustavo conseguía custodia?¿Qué pasaría si el juez consideraba que, por ser el padre biológico, tenía derechos?¿Qué pasaría si intentaba llevarse a Joan?Solo imaginarlo le provocaba un miedo casi insoportable.Por eso, junto con Tom y su familia, hicieron todo lo posible para prepararse.Contrataron a uno de los abogados con mayor experiencia en casos de custodia y familia.Reunieron documentos.Presentaron pruebas.Explicaron la historia de Joan.Hablaron de los años en los que Clara había criado sola a su hijo y de cómo Gustavo había estado ausente durante prácticamente toda
—Lleva al niño al auto, por favor, Tom.La voz de Clara salió firme, aunque por dentro sentía que estaba a punto de derrumbarse.Tom miró a Gustavo con una rabia que apenas conseguía contener.Quería quedarse. Quería responderle.Quería decirle exactamente lo que pensaba de aquel hombre que había aparecido de la nada para alterar la tranquilidad de Clara y del pequeño Joan.Pero entonces escuchó un sollozo.Miró hacia abajo. Joan estaba temblando.El pequeño tenía los ojos llenos de lágrimas y se aferraba a su ropa como si temiera que alguien pudiera llevárselo.Aquello fue suficiente.Tom respiró profundamente y asintió.—Vamos, campeón.Tom le lanzó una última mirada a Gustavo antes de darse la vuelta.No iba a discutir delante del niño.Pronto, Clara quedó sola frente a Gustavo.Ella lo miró.Aquel rostro que alguna vez había amado le resultaba ahora casi desconocido.Era el mismo hombre que le había prometido que estaría a su lado.El mismo que, cuando las cosas se pusieron difícil
Tom y Clara fueron a toda velocidad hacia el colegio.Clara tenía las manos heladas.Sentía que el corazón le golpeaba con tanta fuerza que apenas podía respirar.Durante años había imaginado que aquel hombre podía regresar.Había tenido miedo de ese momento incluso cuando intentaba convencerse de que nunca sucedería.Pero una cosa era imaginarlo y otra muy distinta tenerlo frente a ella.Gustavo había vuelto.El hombre que la había abandonado cuando más lo necesitaba.El hombre que la dejó cuando su familia quedó en la ruina.El hombre que desapareció porque ella ya no podía ofrecerle la vida cómoda que había tenido junto a él.Cuando Clara perdió todo, Gustavo no se quedó a su lado.No preguntó cómo sobreviviría. No se preocupó por ella.Y, lo que más le dolía, tampoco se preocupó por el hijo que llevaba en brazos.Simplemente se marchó.Ahora regresaba.¿Después de tantos años? ¿Por qué?Clara apretó los puños.—No puede ser…Tom la miró de reojo mientras conducía.—Clara, tranquila







