INICIAR SESIÓNElizabeth
Sin necesidad de alarma me despierto a la hora acordada faltando cuarenta minutos para las seis. Con máxima pereza que otros días y a regañadientes hago mi rutina. Espero que el trabajo no sea tan duro conmigo misma y sea fácil de llevar. Una vez estando arreglada me encamino a bajar encontrando a algunos de los empleados sirviendo el desayuno. —Buenos días a todos.—saludo con una gran sonrisa para tomar asiento en tanto ubican el plato. Mis ojos captan una maravilla de desayuno decorado con poca miel. Son waffles con fresa y unas cuantas rodajas de banano dulce, se ve delicioso que con gusto corto el primer bocado sintiendo ambas mezclas en mi paladar, ácido y dulce. Perfecta combinación. —Gracias. La mujer pide permiso para retirarse. Le doy un sorbo al café con leche caliente, me siento como en casa cada que platicaba con Leja en el jardín. Los extraño tanto. —Primer día, lista.—asiento a Rafael y termino todo en menos de diez minutos. Casualmente tardo media hora, pero hoy el tiempo lo tengo respirando en la nuca y por fortuna llegar tarde a cualquier lugar nunca será lo mío, por ende tomo mi bolso llevándome el último sorbo de café. Está más nublado y el frío es otro elemento que hace contacto con mis hombros helándolos en menos de un segundo. Joder, es demasiado. —Llegaremos a tiempo. Tomará solo veinte minutos.—me informa al subir a la camioneta. No tuvimos ningún percance y habíamos llegado a los minutos exactos. Respiro fuerte al ver las siglas en dorado en medio del gigante edificio. PEID «Personal Establecido en Impuestos Distribuidos» No tengo inconvenientes, aunque para mi gusto quedo muy formal. Sin esperar más, entro, no flaqueo, mis pasos resuenan firmes y precisos por el pasillo de mármol. Algunos de los empleados me miran con intriga y otros empiezan a susurrar, puedo notarlo por el movimiento de la boca. Una chica delgada con gafas y varias carpetas en mano se acerca. —Buen día, ¿Usted es..?—arquea una ceja. Su manera de mirarme transmite envidia, si no me equivoco ya puedo pensar que me odia sin razones. —Elizabeth, un gusto.—me presento y lo único que recibo es una seriedad más larga que con certeza le arrebato cuando termino de hablar. —Elizabeth Sanders. Dueña y socia mayoritaria de esta empresa—aclaro con lentitud—. Es un gusto conocerte, ¿Cómo te llamas? Su rostro al instante se vuelve pálido al escucharme decir. Sus expresiones faciales se relajan hipócritamente. Tuerce una sonrisa que para nada es sincera y tiende su mano. —Lo lamento, por ética y seguridad de nuestros empleados me vi obligada a atenderla de esa manera. Bienvenida, soy Rocío la secretaria del señor Maxin. No le devuelvo el saludo y solo sigo caminando sin sentido. Se queda a mi lado y su perfume no es que me agrade del todo, al contrario, me da náuseas que como puedo las retengo. Cuento en mi cabeza. —Su oficina está por acá. La estamos esperando.—Expresa fingiendo emoción y señala el pasillo principal. Más angosta y privada que los otros pasillos por lo visto. Hay tres puertas mas de seguido, el lugar es ambiental y aromático. Este espacio me será relajante, también debe haber otros mejores para disfrutar y descansar. —La segunda es la de usted, si desea cambiarse a otra parte me llama a recepción que yo con gusto la atenderé. La tercera puerta es por seguridad en dado caso a una emergencia, por ahora se guardan las cajas de todo lo que recibimos y la primera es del señor Maxin. Él en este momento la espera en sala de reuniones, en el tercer piso y puede tomar el ascensor. —Gracias, ya te puedes ir. Vale, por lo que veo será todo un reto. Voy al ascensor y selecciono el numero de piso. Recorro con la mirada los letreros y pinturas abstractas que me dejan fascinada. Siempre me ha gustado el arte simple únicamente con colores. Sala de reuniones No toco, tampoco espero a que abran y simplemente me adentro. —¿Un poco tarde no cree? Cierro la puerta por completo, volteo hacia la voz gruesa que me desestabiliza por un momento. Me quedo en mi puesto observando al hombre que tiene los tres botones de la camisa desabrochada, las manos en sus rodillas y el maldito cabello alborotado. Lo atractivo no le quita la arrogancia que se carga, lástima. Reacciono sin sentarme aún. —Creo que no debería pagar su rabia conmigo—soy precisa—, o en la noche no lo alimentaron lo suficiente. Corrijame si estoy equivocada.—añado sin titubear. Pienso que esbozará una sonrisa, sin embargo su semblante no cambia y por lo tanto el mío tampoco. —Eres mi socia y esta demás decirle que tiene un vocabulario imprudente.—suelta y muevo la cabeza de arriba a abajo. Cruza sus brazos al levantarse lo que hace enderezarme más de lo que ya lo hago. —Elizabeth Sanders...—pronuncio con el mejor tono—Ahora no solo serás tú, ¿Maxin no? Da dos pasos a mí, me repara el cuello y se aleja. —Merezco el mismo respeto que tú en esta empresa. Una lástima que me llegaras a retar en algún momento, Cooper. Todo saldría mal.—zanjo alineando mis labios. —Hablemos de lo que en realidad nos perjudica para avanzar. Sugiere agarrándose la cabeza, ahora puedo darme cuenta de la sombra negra que es poco notoria en sus ojos. Este hombre no duerme. —Los impuestos están alterados, los ciudadanos no pueden pagar por tal cantidad. Es mucha. Puedes ver las planillas, dudo que halles el error a simple vista.—explica mostrándome las hojas y el computador. Todas las gráficas en rojo. —Muy exagerado. Tengo entendido que el año pasado no se excedieron tanto. Analizo cada detalle sin perder de vista los porcentajes anteriores. Su rostro preocupado contagia muy rápido. Es grave. Repasamos los planos de pies a cabeza, todo me genera desconfianza. —La tasa marginal era de 24, 83 %. Hace una semana subió a 27, lo que conlleva pagar trescientos euros adicionales. Vaya cantidad que ni por el carajo puedo procesar. ¡Es demasiado dinero! Intento otra vez con los planos, cambio de posición, vuelvo al computador revisando cada punto y coma, no hay nada que nos diga que nos estan robando. El dia se nos escapa en un abrir y cerrar de ojos ajustando números sin darnos la cuenta exacta.OMNISCIENTE Hoy más que otros días el sol en la capital de Francia parecía brillante y cálido, afirmando por los altavoces que el día del romanticismo estaba a la vuelta de la esquina. Los atardeceres eran esenciales, únicos... Definir que era simplemente hermoso en su lugar no era suficiente para Elizabeth Sanders. Esta vez no sólo regresaba ella a distraerse, sino su familia ahora compuesta por una persona más, Vera su hija, la cual heredó el caracter exigente y perfeccionista de su padre, mientras que la belleza e inteligencia provenían de su talentosa, carismática y astuta madre.Aunque París no tiene playas naturales, hay opciones para disfrutar del sol y varias actividades en la ciudad, una de ellas es ir a una tienda de moda o tener un día de campo. La elección fue de su hija.—¡El lugar de allá me encanta, papá!—señaló Vera debajo de un árbol que daba a una gran sombra con una maravillosa vista hacia la fuente de agua.Maxin desde lo profundo de su corazón ya reconocía la re
Maya SEIS AÑOS DESPUÉS Obtuve lo que siempre anhelaba para mi futuro: Una familia construida por mí, ser estable, y tener a las personas adecuadas en este recorrido que me ayudó a aprender de los errores; errores que yo misma me atreví a borrar de mi vida para que no volvieran a surgir. Ahora no solo soy yo, por lo tanto si ejecuto una falta implica en ella cuatro personas maravillosas que cada día lo complementan estando en el jardín, en las habitaciones o fuera de las instalaciones de la casa. Marcos, Luca y mis hijos. —¡Grace, Gian, smettila di correre adesso!—«¡Grace, Gian, ya paren de correr!» Los pequeños pasos llegan con energía a mí riéndose a carcajadas, ambos se echan en el césped con esperanza de que sus padres no vengan detrás de ellos. Luca tira de un brazo a Gian haciéndole cosquillas que me confirman la felicidad eufórica con la cual amaneció el día de hoy. Igualmente con Grace cuando Marcos la lleva cargada en forma de caballo en su cuello. —Fiore, si des
Elizabeth Acumulo variedad de emociones en un solo día, mi familia al estar aquí presente junto a la de él; la propuesta de matrimonio y ahora lo que reparan mis ojos. Siento que me ahogaré en tanta felicidad, no encuentro palabras ni la patética forma de expresar lo que llevo en el interior.—A decir verdad, no tienes idea de cuánto esperé este momento, yo mismo me encargué de su diseño así que espero te guste, si no puedes remodelarlo...—Cállate, omitiré lo que acabas de decir. La habitación te quedó preciosa, Cooper. No pensé... No creí que tú...Gira los ojos sonriendo con desdén.—¿Que fuera a hacer algo así?—asiento a lo que él me toma de la barbilla—Concuerdo contigo. Lo hago porque es mi hijo el que llevas adentro, supuse que esto te haría feliz. También lo hice por tí. Lo que una vez firmé en juego, hoy se vuelve realidad—su aliento mentolado me cosquillea en los labios—. Tuviste la oportunidad de escapar y no lo hiciste, admítelo.Rio bajo ante su alta prepotencia.—Te jod
Elizabeth MORDOVIA-RUSIANo tengo idea de cómo carajos hizo que abordara un doctor con nosotros, aunque no es muy difícil sacar la conclusión de dicho asunto con leve temblor haciendo su trabajo cada momento que lo necesitaba, por supuesto, bajo miradas de advertencias por Maxin.Me molesta no poder quejarme de algo.A pleno vuelo el doctor manejaba excelente cualquier herramienta de trabajo. Revisaba mi pulso, monitoreaba a través de un celular la frecuencia cardíaca de mi bebé, una que otra pastilla para descansar y prevenir las náuseas.Para él no hay nada imposible y lo tengo claro desde el principio, sólo quería confirmarlo con el tiempo y éste mismo ha sido testigo del cambio drástico que hemos dado en cuanto a lo positivo en las metas, trabajar en ellas y aprender de los errores. Sí, me emociona, me lleno de felicidad al ver todo lo que está pasando después de pasar por el hecho anterior. Quiero estar con éste hombre, estar a su puto lado y verme en un futuro con él, pero el
MaxinEl sol abrasador se filtra a través de las persianas bien protegidas. En esta ocasión, me obliga a abrir los ojos, maldigo por despertarme antes que sonara mi alarma prevista para dos minutos más de descanso. Ya es una costumbre levantarme más temprano, incluso que los empleados. Aclaro mi vista, poniéndome de pie. Observo a la mujer con el cabello extendido en las cobijas blancas, acostada de lado protegiendo su abdomen. Ese siempre fue su lugar.Se remueve cubriéndose el rostro de la luz solar que efectivamente la hace enojar, así que de inmediato llamo a Margot.—Ubica doble persiana o añade un par de telas—indico a la ventana—. Cubre completamente el cuadro y asegúrate que no le moleste el sol. Necesito que descanse para la hora del vuelo. Ten su equipaje listo, partiremos por la tarde.—Si, joven.Dejo espacio para la toma de medidas que hará y buscar alguna tela que encaje, mientras que yo bajo a la cocina. Agarro mi celular y lo enciendo. No lo he tocado desde ayer. Al i
Maxin «Un hijo nuestro...». Mi mente no ha comprendido la importancia de la noticia, joder. Lo que quiero expresar no puedo simplemente hacerlo en palabras, sino más allá de los hechos. Un hijo equivale a una responsabilidad, compromisos, un vínculo emocional que... con constancia podré aprender. Un hijo de la mujer por la cual me dedicaré a dar la vida si la de ella se encuentra en riesgo. ¿Por qué me lo ha ocultado? No es que pueda hallar una respuesta concreta, sincera, estando recostada en la cama y... M****a, eso de tener que compartir sus tetas con otro ser es mala idea. —Tú y yo no podemos estar juntos. No estás a falta de memoria para que olvides que aún sigues casado.—espeta presenciando el pasado y miro su cabeza, capaz se le ha zafado un tornillo. La escuadriño notando sus celos. Sé por dónde va el rumbo. —No, no te atrevas a desafiarme. Si intentas fingir o realmente no te has enterado de que no estoy casado con nadie, créemelo. No sucederá a menos que sea contigo.







