LOGINYa no hay vuelta atrás. Quizá eso sea lo que Mayline está viviendo ahora mismo. Ya es demasiado tarde, y solo puede lamentarse de su propia estupidez y desesperación.
Su cuerpo se tensó cuando uno de los guardias se acercó. De hecho, el guardia ya se había bajado la cremallera de los pantalones, con el pene perfectamente erecto.
«Por favor, no lo hagas...», gimió Mayline suplicante.
Sin emba
Javier llegó corriendo con una expresión de pánico que no podía ocultar. Sin perder tiempo, me cogió en brazos y me llevó a toda velocidad al hospital.En realidad, según el médico, aún faltaba una semana para la fecha prevista del parto. Sin embargo, el médico ya me había explicado que el parto podía adelantarse o retrasarse con respecto a la fecha prevista. Además, estaba firmemente decidida a dar a luz de forma natural, igual que cuando tuve a Nicolás. Por eso, esperaba con paciencia el momento en que nuestro pequeño estuviera listo para venir al mundo.Si en aquel entonces, cuando di a luz a Nicolás, tuve que luchar sola sin la compañía de mi marido, hoy no ha sido así.Hoy, todo el mundo está a mi lado. Javier me sujeta con fuerza la mano, dándome ánimos con cada respiración, mientras
Punto de vista de CamilaLos días pasan volando. La felicidad que llegamos a sentir se va desvaneciendo poco a poco porque Nicolás, últimamente, prefiere estar solo.Sí, mi hijo aún no ha podido aceptar la marcha tan repentina de Dada. Acababan de conocerse y de entablar amistad, pero Dios ya los ha separado para siempre.Pero, ¿qué le vamos a hacer? En lo que respecta al destino de la vida y la muerte de los seres humanos, ninguno de nosotros, simples mortales, puede rechazarlo.Han pasado ya tres meses desde aquel suceso, y Nicolás ya no vuelve a ser tan alegre como antes. Javier y yo hemos intentado animarlo de todas las formas posibles. Sin embargo, lo máximo que consigue es esbozar una sonrisa tenue y forzada, como si le faltara la mitad de su alma y se la hubieran llevado.—¿Le gustaba mucho Dada a Nicolás? —le pregunté con dulzura mi
—¡¿Qué?! ¡¿Se ha caído por un barranco?! —exclamó Nicolás con expresión de incredulidad y los ojos muy abiertos.—Nico, oye... escucha a mamá. Aún no es seguro que haya pasado, primero vamos a averiguar si es verdad, cariño —dijo Camila en tono tranquilizador mientras abrazaba a su hijo por los hombros para que lo entendiera.Nicolás seguía impasible. Miró a su padre y luego, alternativamente, a Alex, como si exigiera más explicaciones sobre lo que realmente había ocurrido.Javier se arrodilló un momento, abrazó a Nicolás y le acarició suavemente el hombro. —Papá aún no sabe con certeza cómo están porque no los ha visto con sus propios ojos. Pero espero que tú…—¡Papá, no quiero que le pase nada a Dada! Quiero
Al llegar a la mansión principal, Nicolás se encontró de inmediato con una decoración tan lujosa y majestuosa.Luces decorativas, globos de colores y todo tipo de réplicas de sus animales favoritos estaban cuidadosamente dispuestos en el amplio jardín de la mansión de Javier.Nicolás no daba crédito a lo que tenía ante sus ojos. Pensaba que su padre solo invitaría a sus compañeros de colegio, pero resultó que su propia casa se había transformado por completo en el parque de atracciones de sus sueños.—¿Te gusta esto? —preguntó Javier con dulzura mientras acariciaba la cabeza de su hijo.Nicolás asintió rápidamente. Inmediatamente besó en la mejilla a su madre y a su padre, uno tras otro, con gran entusiasmo.—¡Estoy muy contento, papá! Yo... ¡estoy desea
Punto de vista del autorComo Nicolás seguía pensando en aquella niña llamada Dada y tenía muchas ganas de volver a verla, Javier le pidió inmediatamente a Alex que llamara al encargado del lago ese mismo día.Al poco rato, apareció un hombre de mediana edad con un atuendo de trabajo bastante sencillo. A su lado, una niña guapa le seguía tímidamente.Nicolás tenía razón: la niña era realmente encantadora. Su pelo no era de un rosa brillante como en los dibujos animados, sino de un castaño claro. Sin embargo, llevaba una cinta multicolor que le adornaba el pelo, creando un bonito degradado que, a los ojos de Nicolás, parecía el pelo de un unicornio.—Señor Villarreal, ¿qué le lleva a llamarme? —preguntó el hombre de mediana edad con amabilidad.Javier esbozó una leve sonri
Ya no veo a Nicolás. Se ha ido hace un rato con Alex. Incluso Javier le ha pedido a Stefi que los acompañe, ya que, según dice, se van a montar a caballo.Javier me ha prohibido ir. Dice que teme que me pase algo, teniendo en cuenta que el camino hacia el hipódromo es bastante resbaladizo y pedregoso, algo muy poco recomendable para mi estado de embarazo.Me senté tranquilamente en la silla frente a la tienda, esperando a Javier, que estaba dentro cogiendo algo.Al poco rato, volvió y me puso una chaqueta gruesa.—Para que no pases frío —dijo esbozando una amplia sonrisa.Asentí con cariño y luego me ajusté la chaqueta que él me había puesto. Entonces mi mirada se posó en unas jaulas improvisadas que Alex había preparado en una esquina del camping.¿Y sabes qué? ¡Resulta que, además de traer u







