INICIAR SESIÓNLa cena siguió así durante otra hora: con el vino y el ruido y las referencias que habría que haber dejado sin hacer pero que nadie dejó sin hacer, con Marcos recuperando una dignidad que se le escapaba cada vez que Rafael decía algo, con Lucía y Valentina en el tipo de complicidad que tienen las mujeres que llevan semanas procesando cosas juntas y que pueden permitirse la catarsis de reírse de ello.
A las once y media, Rafael recogi&oac
Marcos lo descubrió esa misma mañana.No porque Valentina fuera descuidada: sino porque era un hombre que había pasado veinticinco años leyendo estructuras y que sabía identificar cuando algo en el espacio que habitaba era diferente a como había sido el día anterior.Fue al taller a buscar un lápiz y vio que alguien había movido los planos de la mesa del fondo y había dejado las herramientas colocadas de una forma específica que no era la que él hubiera elegido. El tipo de orden que pone alguien que quiere que el espacio sea cierto tipo de escenario.Recogió el lápiz.Fue a la cocina, donde Rafael estaba tomando café y leyendo el periódico con el aspecto de quien está esperando algo sin que parezca que está esperando algo.—Hay algo planeado en el taller —dijo Marcos.—No sé de qué hablas. —Rafael no levantó la vista del periódico.—Rafael.—Marcos.—¿Qué hay planeado en el taller?Rafael levantó la vista del peri
Daniela se levantó del sofá.Fue a la ventana, donde la planta muerta seguía en su maceta y la calle del Olmo estaba exactamente igual que siempre. Estuvo ahí de espaldas un momento, que era lo que hacía cuando necesitaba que el cuerpo hiciera algo mientras la cabeza encontraba las palabras correctas.—¿Sabes cuándo supe que ibas a quedarte de verdad? —dijo, sin girar.—No.—Cuando cancelaste Madrid y cogiste el primer tren. —Se giró. —No el siguiente día. No el fin de semana. El primer tren. —La miró. —Papá nunca lo habría pedido. Pero tú lo hiciste igual.Valentina no dijo nada.—Lo que me hicisteis está mal. —Daniela lo dijo sin dureza y sin suavizarlo tampoco. —Y me costó. Me sigue costando algunos días. —Tomó aire. —Pero verlos juntos me devolvió algo que yo había perdido con Matthieu.—¿Qué? —dijo Valentina.—Fe en que el amor puede ser real y al mismo tiempo complicado. Que no tiene que ser fácil para ser verdadero. —La
Marcos Reyes era el peor paciente que Valentina había tenido en su vida, que no era una lista larga pero que tampoco necesitaba serlo para establecer el récord.Llevaba en casa dos días desde el alta del hospital, con las costillas vendadas, la muñeca sin flexión y la capacidad para hacer que el espacio más tranquilo del mundo resultara imposible de habitar.El doctor había dicho reposo. Marcos había escuchado al doctor con la atención de alguien que registra información y que luego la aplica según sus propios criterios de relevancia, que era una forma elegante de describir que el reposo le duró exactamente lo que tardó en llegar a casa y acordarse de que tenía los planos de Valencia a medias.Valentina le quitó los planos de la mano.Marcos la miró.—Los planos— —empezó.—Reposo —dijo Valentina
Media hora después, cuando los analgésicos habían cedido un escalón, Marcos tenía la voz más entera pero todavía con esa honestidad específica de quien ha bajado la guardia y no ha terminado de recuperarla del todo.Rafael se había ido a buscar café.Daniela estaba todavía en el rincón, con el teléfono en la mano y la expresión de alguien que está procesando varias cosas al mismo tiempo.Valentina estaba sentada en la silla junto a la cama con la mano de Marcos entre las suyas.—Cancelaste Madrid —dijo él. Otra vez. Como si necesitara verificarlo.—Cancelé la reunión. Puedo reprogramarla.—Valentina.—¿Qué.Marcos la miró.Con esa calma que era siempre la suya pero que ahora tenía debajo la cosa que no era calma y que los analgésicos
Valentina estaba en Madrid cuando Rafael llamó.Había ido para una reunión preliminar con el estudio, la primera, la de ver si el trabajo era lo que el correo decía que era. Estaba en un café cerca de la oficina cuando sonó el teléfono.—Valentina. —La voz de Rafael, tranquila en la superficie pero con algo debajo que ella reconoció porque Rafael nunca usaba ese tono para empezar una conversación intrascendente. —Marcos está bien. Primero eso.El estómago de Valentina se contrajo.—¿Qué pasó?—Accidente en la obra de Valencia. El andamio del ala este estaba inestable y cedió mientras él estaba en el tercer nivel. Cayó dos metros. —No hay fracturas. Costillas que podrían estar resentidas, contusiones, los médicos lo están evaluando. Pero está consciente, está hab
Llevaban tres semanas desde la cena de Lucía cuando llegó la oferta.Tres semanas de lo que podría llamarse normalidad, que era un concepto que en esa casa tenía ahora una calidad diferente a la que había tenido antes: no la normalidad de la ausencia de problemas sino la de la presencia de algo que funciona. Los desayunos. El taller. Lucía y Rafael con Sofía los sábados. Daniela llamando los martes por la tarde con la cadencia nueva que habían establecido sin nombrarlo.La oferta llegó un martes por la tarde en forma de correo de Arquitectura y Marca, un estudio de diseño de identidad corporativa con sede en Madrid que llevaba tres años siendo la referencia en su sector y que Valentina había seguido con la atención que uno presta a los trabajos que admira y que no espera que le lleguen.Proyectos durante seis meses. Dos semanas en Madrid al mes, el resto remoto. Cli







