Beranda / Mafia / Atada a un Matrimonio con el CEO Mafioso / Capítulo 5 —La prisión dorada

Share

Capítulo 5 —La prisión dorada

Penulis: Francis Wil
last update Tanggal publikasi: 2025-01-01 04:48:32

Capítulo 5 —La prisión dorada

Narrador:

Lorena apenas podía creer que estaba de regreso en lo que debería ser su hogar. La finca de su padre, ubicada a las afueras de la ciudad, era imponente, rodeada de extensos campos y jardines perfectamente cuidados. El lujo y la ostentación de aquel lugar contrastaban drásticamente con la sensación de encierro que invadía su pecho. Para ella, no era más que una prisión adornada con oro. Don Enzo Barone la esperaba en la entrada principal. Su rostro, normalmente frío e impenetrable, se suavizó al verla descender del coche. Dio unos pasos hacia ella y extendió los brazos, invitándola a acercarse. Lorena dudó por un momento, pero la mezcla de cansancio y confusión la llevó a aceptar el gesto. Enzo la envolvió en un abrazo firme, casi desesperado.

—Mi niña... por fin estás en casa —murmuró, su voz cargada de emoción. Lorena no respondió. No podía. Todo en su interior estaba dividido entre el alivio de estar lejos de sus captores y la creciente incomodidad que sentía al estar cerca de aquel hombre al que apenas conocía. Una vez dentro, Enzo la condujo hasta uno de los dormitorios, lujosamente decorado. —allí tienes el baño, para que se asees, vendrá una mucama por si necesitas algo, también tiene ropa en el closet, espero haber dado con tu talla, aunque en realidad ha sido Franco... —Lorena lo miraba pero no le respondía —Bueno, te dejaré y te espero en mi despacho, te indicarán el camino, cuando termines, para que conversemos. —La joven hizo lo indicado, no porque se lo ordenara,  sino porque lo necesitaba y mucho. Luego, con las indicaciones de la mucama, llegó al despacho de su padre. Entró sin llamar y lo encontó sentado detrás de su escritorio. Le ofreció algo de beber, pero Lorena lo rechazó con un movimiento de cabeza. El silencio entre ambos se volvió insoportable hasta que Enzo lo rompió con una declaración inesperada.

—Hay reglas que debes seguir mientras estés aquí. Todo esto se hace por tu seguridad.

Lorena lo miró, incrédula. Ella era un jovencita de tan solo 13 años, pero siempre fue muy madura para su edad, y luego de lo ocurrido, lo era aún más.

—¿Seguridad? ¿Después de todo lo que pasó? —su voz temblaba de indignación —¿Ahora quieres hablar de seguridad?

Enzo ignoró su comentario y continuó, con un tono que no admitía réplica.

—No podrás salir de esta finca sin escolta. Tus movimientos estarán vigilados, y cualquier petición deberá pasar por Franco. Estas reglas no son negociables. —Lorena apretó los puños, conteniendo la rabia que hervía dentro de ella. Pero lo que Enzo dijo a continuación la dejó completamente desconcertada. —Y en cuanto a tu madre...

Lorena levantó la mirada bruscamente, sus ojos reflejaban una mezcla de sorpresa y advertencia.

—¿Qué pasa con ella? —preguntó, con la voz cargada de tensión.

Enzo se cruzó de brazos, su expresión se endureció como si recordara algo profundamente doloroso.

—Tu madre fue la culpable de todo esto. Su necesidad de "libertad" nos costó caro. Al divorciarse, rompió el equilibrio que teníamos. Fue su obstinación la que la llevó a la tumba... y casi te cuesta la vida a ti también.

Las palabras de Enzo cayeron como un mazazo. Lorena sintió un nudo en la garganta mientras intentaba procesar lo que acababa de escuchar. Ella no había tenido la oportunidad de despedirse de ella y el recuerdo de su cuerpo, ensangrentado y sin vida, cayendo frente a sus ojos, era algo que la perseguía y la perseguiría por el resto de su vida.

—¿Cómo te atreves? —murmuró al principio, su voz apenas un susurro que rápidamente se transformó en un grito —¿Cómo puedes culparla por lo que pasó? ¡Ella solo quería protegerme de ti! ¡Si alguien tiene la culpa de su muerte, eres tú!

Enzo no se inmutó ante la explosión de ira de Lorena. Su mirada permaneció fija en ella, fría y calculadora.

—Yo he hecho lo necesario para mantenerte con vida. Todo lo que he hecho, todo, ha sido para protegerte. Tu madre no entendió eso. Se rebeló, y las consecuencias fueron inevitables.

—¡No, Enzo! —gritó Lorena, llamándolo por su nombre por primera vez —Esto no es protección. Esto es control. Nunca te importó lo que ella quería ni lo que yo quería. Solo te importa tu maldito orgullo.

Antes de que Enzo pudiera responder, un sonido de pasos interrumpió la tensa conversación. Ambos voltearon hacia la puerta, donde apareció Franco. Aún llevaba un vendaje en el hombro, y su rostro mostraba los signos del agotamiento, pero su postura seguía siendo firme y dominante. Al entrar, sus ojos se encontraron con los de Lorena. La sala se llenó de un silencio pesado. Las miradas de Lorena y Franco estaban cargadas de tensión.

—Espero... no estar interrumpiendo nada —dijo Franco finalmente, su tono fue seco.

Lorena apretó los labios y desvió la mirada. Enzo se mantuvo en silencio, observando la interacción entre ambos con un destello de satisfacción en sus ojos. La atmósfera se volvió aún más densa, dejando en claro que aquel encuentro apenas era el comienzo de una nueva etapa llena de conflictos y decisiones imposibles. Ella, notoriamente tensa, dio un paso hacia la salida. Antes de cruzar la puerta, se giró hacia Franco. Su mirada se suavizó con un toque de ternura. Sin decir nada al principio, se acercó lo suficiente como para posar suavemente su mano en el brazo de Franco.

—¿Cómo te sientes? —preguntó en un tono bajo, casi neutral, aunque sus ojos reflejaban una leve señal de preocupación.

Franco la miró sorprendido por el gesto. Una sonrisa tenue curvó sus labios mientras respondía:

—Mejor. Gracias por salvarme. Si no fuera por ti, habría muerto desangrado. Fuiste una ni*ña muy valiente.

La palabra "niña" hizo que el rostro de Lorena se endureciera al instante. Aunque intentó disimular su irritación, sus ojos brillaron con una chispa de molestia. En un movimiento repentino, apretó ligeramente el brazo herido de Franco, arrancándole un gesto de dolor.

—No fue nada —dijo ella con una sonrisa sarcástica —Favor por favor, ¿no? Me salvaste de una muerte segura, supongo que estamos a mano.

Franco soltó una risa breve, entre el dolor y la diversión.

—Supongo que sí.

Lorena no dijo nada más. Soltó su brazo con suavidad y se dio media vuelta, saliendo de la sala con pasos firmes. Franco la observó irse, su sonrisa permaneció, aunque sus pensamientos eran un enigma. La tensión en el ambiente parecía haberse disipado, solo para ser reemplazada por algo aún más complejo.

Cuando Lorena desapareció tras la puerta, Enzo se dirigió hacia Franco con paso firme. Su mirada era una mezcla de evaluación y severidad. Franco se enderezó ligeramente, a pesar de su hombro herido, preparándose para lo que sabía que vendría.

—A partir de ahora, cuidarás de Lorena personalmente —dijo Enzo sin rodeos, su voz cargada de autoridad.

Franco frunció el ceño, aunque mantuvo el respeto en su tono.

—Con todo respeto, Don Enzo, soy un sicario, no una ni*ñera.

Enzo se acercó un paso más, dejando clara su posición.

—No hay tarea más importante que esta, Franco. Ella es mi hija, mi único legado. No confío en nadie más para protegerla como es debido.

Franco soltó un leve suspiro, sus ojos bajaron por un instante antes de volver a enfrentarse a la mirada del capo.

—Luigi es mi hombre de confianza. Puede hacerse cargo de ella. Él es leal y competente, y yo necesito recuperarme si quiere que esté en forma para las próximas tareas.

Enzo se cruzó de brazos, claramente molesto, pero tras unos segundos asintió.

—Está bien. Luigi puede encargarse de los detalles diarios, pero que te quede claro: la responsabilidad final sigue siendo tuya. Si algo le pasa a Lorena, será tu cabeza la que pague el precio.

Franco mantuvo su expresión seria y asintió lentamente.

—Entendido, Don Enzo.

—Bien —murmuró Enzo, dándose la vuelta para salir de la sala —Parto a la ciudad mañana. Espero no tener que preocuparme por nada aquí.

Franco lo observó irse, su mente ya calculando las implicaciones de lo que acababa de aceptar. Había protegido muchas cosas en su vida, pero nunca algo tan delicado ni tan complicado como la hija de Don Enzo Barone.

Lanjutkan membaca buku ini secara gratis
Pindai kode untuk mengunduh Aplikasi

Bab terbaru

  • Atada a un Matrimonio con el CEO Mafioso   Capítulo 77—La verdadera noche de bodas

    Capítulo 77—La verdadera noche de bodasNarrador:El aire en la habitación era espeso, cargado de deseo y tensión cuando Franco la atrapó entre su cuerpo y la pared. Su pecho desnudo presionaba contra su espalda, su aliento caliente quemándole la piel del cuello.Lorena sintió cómo su corazón martillaba en su pecho, cómo cada célula de su cuerpo se encendía con su proximidad. Sus manos se apoyaban en la pared, sus dedos temblaban sobre la superficie fría.—¿Recuerdas aquella noche, Lorena? —murmuró Franco contra su oído, su voz grave y cargada de peligro—. Cuando te tuve así, contra la pared, pero te solté porque suplicaste.Ella tragó saliva con dificultad, sus piernas tensándose cuando sus manos grandes se deslizaron por su cintura, recorriéndola con una lentitud exasperante.—Sí… —susurró apenas, sintiendo cómo su cuerpo ya comenzaba a responder.Franco sonrió contra su piel y bajó una mano hasta su muslo, acariciándolo con descaro.—Dijiste que no querías. Dijiste que nunca… —Su m

  • Atada a un Matrimonio con el CEO Mafioso   Capítulo 76 —Una promesa

    Capítulo 76 —Una promesaNarrador:La ceremonia se llevó a cabo en la propiedad de los Mancini, en los jardines iluminados por cientos de luces cálidas que colgaban de los árboles como estrellas atrapadas en la tierra. No era una boda convencional. No había multitudes de invitados ni prensa. Solo aquellos que realmente importaban, aquellos que habían sido testigos del amor que había nacido de la oscuridad, aquellos que sabían que lo que estaba a punto de suceder no era un simple ritual, sino un renacimiento.Franco estaba de pie junto al altar improvisado, vestido con un traje ne*gro impecable, la camisa blanca realzando la intensidad de sus ojos. Pero lo más notable no era su ropa, sino la forma en que la miraba cuando apareció.Lorena caminó hacia él, vestida de blanco, con un vestido de seda ligera que se movía como el viento sobre su piel. Su cabello caía en suaves ondas sobre su espalda, y su mirada brillaba con la emoción contenida que la hacía sentir como si su corazón estuvier

  • Atada a un Matrimonio con el CEO Mafioso   Capítulo 75 —Quiero verte brillar

    Capítulo 75—Quiero verte brillarNarrador:Algo en su interior hizo clic.Fue como si la última pieza que mantenía su miedo en pie se desmoronara, como si cada sombra que la había perseguido hasta ahora se desvaneciera con esas palabras.—Te amo... te amo... te amo.La frase seguía resonando en su mente, calando hasta los rincones más oscuros de su alma. La cicatriz de su dolor aún estaba allí, pero ya no le pesaba, ya no la ataba.Lo miró a los ojos, con las lágrimas aún frescas en su rostro, y en medio de esa profundidad tormentosa, sintió el fuego arder nuevamente dentro de ella. Un fuego que Franco siempre había encendido, un fuego que ni la muerte podrá apagar.Franco notó el cambio en su expresión, cómo el temblor en sus manos se disipó, cómo su mirada se afiló con una determinación peligrosa. Antes de que pudiera decir algo, antes de que pudiera procesarlo siquiera, Lorena se subió sobre él con una rapidez inesperada, rodeando su cintura con sus muslos y aferrándolo con fuerza.

  • Atada a un Matrimonio con el CEO Mafioso   Capítulo 74 —Me duele respirar cuando no estás conmigo

    Capítulo 74 —Me duele respirar cuando no estás conmigoNarrador:Franco se separó apenas lo suficiente para mirarla a los ojos, pero no la dejó ir. Con un movimiento lento y cargado de necesidad, la atrajo de nuevo contra su cuerpo, envolviéndola con sus brazos, asegurándose de que sintiera su calor, su protección, su amor.Lorena, lejos de sentirse incómoda, se dejó sostener. Se acurrucó contra su pecho, cerrando los ojos por un instante, dejándose envolver por la seguridad que él le brindaba. El latido fuerte y constante de Franco resonaba bajo su oído, y eso le trajo una paz que no había sentido en mucho tiempo.Él deslizó una mano por su espalda desnuda, acariciándola con una ternura que contrastaba con su fiereza habitual. Besó su cabello, dejando que su aliento cálido se mezclara con el aroma de ella.—¿Estás bien? —su voz era un susurro grave, ronco aún por la intensidad del momento.Lorena asintió contra su piel, disfrutando la sensación de su pecho subiendo y bajando con cada

  • Atada a un Matrimonio con el CEO Mafioso   Capítulo 73 —La había amado con el alma.

    Capítulo 73 —La había amado con el alma.Narrador:Los días pasaron, y aunque la tormenta no había desaparecido del todo, Franco y Lorena encontraron una forma de moverse dentro de ella. No era fácil. No después de todo lo que había pasado. Pero él estaba ahí, siempre presente, siempre atento, ofreciéndole su amor en silencios, en gestos pequeños pero constantes.Nunca la presionó, nunca cruzó un límite.Se sentaba con ella en el jardín cuando el aire fresco le ayudaba a respirar mejor. La acompañaba en sus caminatas dentro de la casa cuando los médicos le indicaron que debía empezar a moverse más. Se aseguraba de que comiera, de que descansara, de que se sintiera segura.Y, aunque no lo decía, ella sabía que dormía en el sillón de su habitación cada noche, velando su sueño en la penumbra.—No tienes que quedarte aquí todas las noches —le susurró una vez, en medio de la oscuridad, cuando escuchó el crujido leve del sillón bajo su peso.Franco tardó en responder.—Lo sé.Lorena mantuvo

  • Atada a un Matrimonio con el CEO Mafioso   Capítulo 72 —No sé cómo estar contigo

    Capítulo 72 —No sé cómo estar contigoNarrador:El dormitorio estaba en penumbra, solo iluminado por la lámpara tenue sobre la mesita de noche. Lorena estaba recostada sobre el colchón, con una manta ligera cubriéndole las piernas, mirando la ventana sin ver realmente nada.Cuando la puerta se abrió con suavidad, supo quién era antes de que hablara.—¿Estás despierta? —preguntó Luigi en voz baja, asomando apenas la cabeza por la puerta.Lorena giró lentamente la cabeza hacia él y asintió con un leve movimiento.—Pasa.Luigi cerró la puerta detrás de sí y caminó hasta la silla junto a la cama. Se sentó con las manos entrelazadas, los codos apoyados en las rodillas, y soltó un suspiro pesado antes de hablar.—Necesitaba verte a solas.Lorena arqueó una ceja, ladeando la cabeza con curiosidad.—¿Por qué?Luigi frunció el ceño y bajó la mirada a sus manos, como si le costara encontrar las palabras.—Porque tengo que decirte algo —respiró hondo—. Y es que lo siento.Lorena parpadeó con sor

Bab Lainnya
Jelajahi dan baca novel bagus secara gratis
Akses gratis ke berbagai novel bagus di aplikasi GoodNovel. Unduh buku yang kamu suka dan baca di mana saja & kapan saja.
Baca buku gratis di Aplikasi
Pindai kode untuk membaca di Aplikasi
DMCA.com Protection Status