FAZER LOGINLa lluvia continuaba cayendo sobre la mansión, cada gota un latido del cielo tormentoso. En el dormitorio principal, el mundo se había reducido a la respiración de Alicia y Anderson. Ella estaba sobre él, sus cuerpos aún conectados, la tensión de la noche anterior canalizándose en algo mucho más urgente.
—Tenemos que hablar de Lisa —susurró Alicia contra el pecho de Anderson, aunque no se movió. No q
El edificio Vitolli se alzaba frente a ella como una fortaleza de vidrio y acero. Alicia respiró profundo antes de cruzar la puerta giratoria, y Anderson deslizó una mano posesiva en su espalda, ese gesto apenas perceptible que decía todo sin palabras.—Puedes hacer esto —susurró contra su cabello, aunque no era una pregunta.Ella lo sabía. Lo sentíaen cada fibra de su cuerpo, en la sangre que corría más rápida por sus venas, en el traje borgoña que la hacía sentir como una reina entrando a reclamar un trono que nunca había perdido.El ascensor subió en silencio. Cuando las puertas se abrieron en el piso treinta y dos, el bullicio de la oficina la golpeó: voces, teclados, la energía frenética de un mundo que seguía girando sin ella, pero que se detuvo en el momento exacto en que sus tacones pisaron la alfombra gris.
El sonido del portazo de la casa de huéspedes resonó como un punto final que nadie esperaba. Lisa había empacado en silencio, con movimientos deliberados que le permitían no pensar. Era mejor así. Más limpio. Menos caótico.Pero Alicia apareció en el umbral justo cuando Lisa colocaba la última maleta en el auto.—No es adiós —dijo Alicia, sin aliento, como si hubiera corrido para detenerla—. Solo es... un cambio de dirección.Lisa se giró lentamente. Su compañera estaba de pie descalza en el porche, envuelta en un suéter oversized que probablemente era de Anderson. Había algo desarmador en verla así. Vulnerable. Real.—Alicia...—No me des excusas. —Su voz temblaba pero era firme—. Prométeme que volverás. A la reunión, al menos. Que seguiremos siendo amigas.Lisa sinti&
El desayuno en la mansión de Anderson tenía ese peso especial que solo existe después de una batalla ganada. Alicia estaba radiante, incluso sin maquillaje, su cabello recogido en una cola desprolija que Anderson encontraba adorable. Jonas devoraba sus panqueques con la determinación de cualquier niño de dos años.Lisa permanecía al otro lado de la mesaconuna taza de café entre sus manosylos ojos fijos en la ventana. Había algo diferente en ellael día dehoy. No era la frialdad calculadora de hacíasemanas. Era más bien... contemplativa.—Más café, Lisa —ofreció Alicia, levantándose.—Tranquila.Voy yo —dijo Lisa, pero Anderson ya se había levantado. Agarró la cafetera antes de que Aliciao Lisase pusiera de pie.—Siéntate. —su voz no
El juzgado estaba tan frío como una tumba.Anderson permanecía sentado al lado de Alicia, su mano nunca se soltó de la suya durante toda la sesión. El abogado de Camila hablaba con precisión quirúrgica: declaraciones, pruebas, registros. Víctor fue despedazado en menos de dos horas. Las mentiras se desmoronaban ante las pruebas de lo que había hecho, ante la documentación de sus delitos. La sentencia era inevitable.Cuando el juez dictaminó—condenando a Víctor por fraude, extorsión y falsificación de documentos—Alicia sintió que algo dentro de ella se rompía, pero no era dolor. Era alivio. Finalmente.Lisa testificó con esa voz fría y calculada que la caracterizaba, pero cuando Alicia la miró durante su declaración, vio algo diferente en sus ojos: convicción, pero también humanidad. La mujer que sali&oacut
El amanecer los encontró aún en la barandillaconlos cuerpos enredadosyla ropa desperdigada en el piso del balcón como confesiones de necesidad mutua. Anderson no se movía. Sus brazos mantenían a Alicia pegada contra su pecho, como si temiera que la noche desapareciera y se la llevara consigo.—Tenemos que entrar —susurró Alicia, pero no hizo movimiento alguno para irse.—Todavía no.Su voz era un gruñido satisfecho, posesivo. Alicia sonrió contra su cuello, saboreando ese momento de absoluta vulnerabilidad del hombre más poderoso que conocía.El sonido de un llanto infantil llegó desde el interior de la casa. No era el llanto urgente de Jonas pidiendo comida. Era el llanto de quien despertaba solo, buscando seguridad.Alicia se levantó de inmediato, recogiendo la batadel suelo. Anderson la observó moverse
El beso fue lentamente roto cuando la puerta se abrió con violencia. Camila irrumpió, su expresión mostraba urgencia, pero se detuvo al verlos todavía tan cerca uno del otro, las manos de Anderson aún permanecían en la cintura de Alicia.—Ella no puede quedarse sola —dijo Camila sin preámbulos, ignorando deliberadamente la escena íntima que acababa de interrumpir.Anderson apartó su boca de la frente de Alicia, pero no la soltó. Sus ojos azules giraron hacia su amiga como depredadores evaluando una amenaza.—¿Dónde está?—En el vestidor. Revisando archivos en su laptop. —Camila cruzó los brazos—. Anderson, Lisa está armando un plan. Ella piensa que esta es su última oportunidad de desaparecer antes de que Víctor la encuentre.El cuerpo de Alicia se tensionó contra el de Anderson. Él sintió cada músculo endurecerse, cada respiración volverse más rápida. Sin soltarla, le susurró algo en el oído que solo ella pudo escuchar. Luego la besó brevemente, un gesto de promesa, y la dejó ir.—Qu







