LOGINSi tú y el primer amor de tu esposo sufren un accidente al mismo tiempo, ¿a quién rescataría él? Alejandro García alzó a su primer amor en brazos y se marchó. La vida se desvaneció: el hijo se había perdido y, con él, murió por dentro Sofía Herrera. Un acuerdo le había dado a Sofía la oportunidad de casarse con el hombre al que más quería. Todos sabían que había conseguido ese matrimonio luego de romper la relación entre Alejandro y su primer amor. Todo para quedárselo. Ella creyó que el tiempo lo haría valorarla, que eventualmente llegaría el momento en que él la mirara de verdad. Hasta el día en que tuvo que enterrar con sus propias manos los restos del bebé de tres meses que nunca llegó a nacer. Fue entonces cuando finalmente abrió los ojos. —Divorciémonos. Un acuerdo sencillo, para quedar a mano. Tres meses más tarde, bajo las luces brillantes y entre el murmullo de la multitud, ella subió al escenario a recibir un reconocimiento. Él la miró con sorpresa por algunos segundos antes de voltearse hacia los presentes con calma y decir: —Así es, ella es mi esposa. —¿Esposa? Sofía dibujó una sonrisa en sus labios mientras le pasaba el acuerdo de divorcio. —Disculpe, señor García, ahora soy su exesposa. Ese hombre siempre tan sereno y frío perdió el control en ese instante. Con los ojos inyectados en sangre y la voz quebrada, gritó: —¿Exesposa? ¡Yo jamás acepté eso!
View More¿Él mismo la estaba empujando a los brazos de otro?Alejandro sintió una mezcla de fastidio e ironía.Pero unos minutos después, se tranquilizó. Miró el acuerdo de renuncia a la herencia que ya llevaba su firma.Ella ya había firmado.Ahora sí, él y Sofía habían cortado para siempre.Al pensarlo, se le oscureció la mirada.***Sofía salió del hospital con el acuerdo en mano y volvió al auto.Soltó el aire despacio.En el fondo, había sospechado que la exigencia de Alejandro era una forma deliberada de humillarla. Él nunca había mostrado demasiado interés en ella; durante su matrimonio, y sobre todo después de que la relación se fue deteriorando, las veces que habían estado juntos se podían contar con los dedos de una mano, y casi siempre había sido ella quien tomaba la iniciativa. En realidad, a él no le agradaba especialmente estar con ella.Aun así, su comportamiento extraño en las últimas semanas la había inquietado. Temió que hablara en serio.Aunque ya habían pasado por eso tantas
—Además, si vine hasta aquí a negociar, lo mínimo es tener la actitud de alguien que negocia. La condición no es descabellada. Puedo aceptarla.Lo dijo como si estuviera cerrando un trato de negocios. Distante, racional y sin ningún titubeo.Cada palabra era perfectamente normal, pero por alguna razón que Alejandro no lograba entender, cada una le caía como una piedra.¿Lo estaba tratando como una transacción? ¿Y encima lo aceptaba tan tranquilamente?Alejandro sintió que los labios le temblaban de la rabia.—Sofía, ¿te volviste loca? ¿Cómo puedes aceptar algo así?¿Es que ya no le quedaba ni pizca de vergüenza?Sofía lo miró sin entender.—¿No fuiste tú quien lo propuso? Si lo hiciste, es porque querías que aceptara, ¿no?Alejandro se quedó sin palabras.Sin pensar, soltó lo primero que le vino a la mente.—Entonces si cualquier otro hombre te pide lo mismo, ¿también aceptas? ¿Desde cuándo te volviste tan... tan fácil?¿Fácil?Al escuchar esa palabra, Sofía se quedó helada un segundo.
Pero también sabía que los García nunca iban a dejarla quedarse con las acciones. Aunque existiera el testamento, si ellos se ponían firmes, ella no tenía cómo ganarles. Este acuerdo, bien pensado, seguía siendo su mejor opción.Sofía esperó tranquila a que le bajara el precio.Alejandro dio dos pasos hacia ella y la miró fijamente.—Vuelve a...Las palabras “casarte conmigo” no llegaron a salir. Un tono de llamada la interrumpió.—Un momento.Sofía sacó el celular. Era Andrés. Lo pensó un segundo, rechazó la llamada y le mandó un mensaje de voz.—Ahora estoy ocupada, te escribo en un rato.Guardó el celular.Alejandro miró el anillo de diamantes que seguía en su dedo.La irritación volvió a subirle al pecho.Sofía notó que su humor había cambiado, pero Alejandro siempre había sido así, cualquier cosa podía alterarlo. Antes ella hacía todo lo posible por calmarlo, buscaba las palabras que quería escuchar e intentaba distraerlo. Pero esta vez no tenía ninguna intención de hacer eso. Hab
Al mencionar a Andrés, Alejandro captó un gesto fugaz en la cara de Sofía. Duró apenas un segundo, pero no se le escapó.—¿Qué pasa? ¿Te da miedo pedirle dinero y que eso complique las cosas?Lo dijo con burla, aunque por dentro algo se alivió sin explicación. Lo que había entre Sofía y Andrés no parecía tan sólido como él había supuesto. Si de verdad había algo entre ellos, aún estaba en duda.Sofía apretó los labios.Alejandro había dado en el clavo con una de sus preocupaciones. Ella y Andrés habían llegado a ese punto por conveniencia mutua, sin mayor profundidad. La separación era solo cuestión de tiempo. Pedirle una suma así a Andrés no era imposible, él la ayudaría, pero que ayudara era una cosa, y que eso no le generara ningún malestar ni acelerara el final era otra muy distinta.Pero en el fondo, pedirle ayuda a Andrés no era más que un remedio temporal.El problema de fondo era Alejandro.Mientras él se empeñara en ir contra UME, ninguna cantidad de dinero serviría de nada. L






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