INICIAR SESIÓN—¡Esto no puede ser real! —Se rompió en sollozos—. ¡Sigo sin creer que Grasya no tenga nada que ver! ¡Es una perra amargada y maniobrera…!Severen la empujó con fuerza. Sus ojos ardían de puro odio.—Tienes suerte de que no golpeo a las mujeres. Porque si lo hiciera… ya tendrías la cara destrozada.Silvio y Renata permanecían temblando, soltando suspiros de quieta desesperación.Severen se puso de pie, pero no apartó la mirada de ella.Renata le posó una mano suave en el hombro.—¿Estás bien, hijo?—No, madre. No estoy bien. Y creo que tú lo sabes. —La voz le salió amarga y hueca.—Severen. —La voz de su padre era afilada, de advertencia.Una sonrisa amarga y vacía rozó los labios de Severen. Miró a su madre: los ojos vacíos, oscuros, sin fondo.—Tú y padre me destruisteis la vida. Espero que ahora estéis contentos.Se giró para irse… hasta que Riva volvió a hablar.—Espe
—Riva nunca estuvo embarazada, madre. Padre. Me tomó por completo el pelo.La voz de Severen era tan afilada como la furia que le marcaba el rostro.—¿Qué? —Renata y Silvio hablaron al unísono. Sus ojos se clavaron de inmediato en Riva, todavía hecha un ovillo en el suelo.Ella parecía a punto de hacerse añicos ahora que su secreto más grande quedaba al descubierto. Todo el color se le escapó del rostro, dejándola pálida como un fantasma. Severen no se habría sorprendido si se desmayaba en el acto.—A-amor… ¿quién… quién te ha contado esas mentiras? —Se llevó una mano temblorosa al vientre—. Estoy embarazada. Escuchamos juntos el latido de nuestro bebé, ¿recuerdas? Viniste conmigo a todas las revisiones.Severen se arrodilló a su lado. Enredó la mano en su cabello y le tiró la cabeza hacia atrás con fuerza, obligándola a mirarlo a los ojos. Su mirada ardía con un odio sin filtro.—Mientes con tanta facilidad, ¿verdad? Incluso pil
Severen se agachó frente a ella. Le levantó el rostro con una mano y le dio un golpe seco en la mejilla: uno solo, deliberado, cargado de repulsión.Riva jadeó e intentó apartarle la mano. Él le sujetó la mandíbula con un agarre firme e inflexible, los dedos apretando con fuerza suficiente para aplastar hueso.Ya no sentía nada por ella. Solo odio.—¡M-me estás haciendo daño! —gimió ella, temblando mientras el agarre se cerraba.La mano de Silvio se clavó en el hombro de Severen y lo arrancó hacia atrás. Un segundo después, un puño le impactó de lleno en la cara.Severen se rió.No sentía dolor. Aunque lo golpearan hasta sangrar y llenarse de moretones negros y azules… no igualaría la agonía que llevaba dentro. Otro golpe le llegó cerca del labio. Saboreó la sangre y la escupió al suelo.—¿Te atreves a reír? —tronó Silvio—. ¿Has perdido por completo la cabeza? ¡Mírate!—¿Yo? ¿Perder la cabeza? —Severen volvió a
Riva gritó una y otra vez, hasta que Severen temió que la garganta se le desgarrara. Forcejeaba con desesperación para soltar la mano que él le había clavado en el pecho del vestido, pero no tenía fuerzas contra él.¿Cómo iba a tenerlas? Su fuerza nacía del odio puro y de la rabia más absoluta.Cayó de rodillas más de una vez. Cada vez él la levantaba a la fuerza y seguía arrastrándola. Las rodillas debían de estar ya raspadas y moreteadas. El rostro de ella era una máscara de terror: pálida, cenicienta, temblando con tanta violencia que los dientes podrían castañetearle.Su madre se llevó una mano al pecho, como si fuera a desvanecerse. Su padre permanecía paralizado, mirándolo con incredulidad. Silvio siempre había estado acostumbrado a que Severen se encogiera ante él. A que nunca se defendiera.Incluso cuando él y Grasya habían estado juntos, la había mantenido oculta. Sus padres despreciaban la sola idea de que amara a alguien de origen tan h
Si pudiera dar marcha atrás en el tiempo. Si hubiera elegido diferente. Si hubiera confiado en Grasya. Si solo… pudiera ser feliz también, volviendo a casa con la mujer que amaba.—¡Gracias, señor! —El conductor sonrió, radiante.Severen asintió y bajó. Su expresión se endureció al instante al recordar exactamente por qué había acelerado el regreso.—Riva —escupió entre dientes, el nombre sabiendo a veneno.Atravesó la verja y se dirigió a la casa. Cada paso pesaba. Cada respiración le costaba. Solo pensar en su cara le hacía nublársele la vista de rabia.Empujó la puerta de entrada con tanta fuerza que tembló en el marco.En el salón estaba Riva. Y a su lado… sus padres. Solo faltaba el padre de Riva, aparentemente retenido por un asunto urgente.Bien. Una persona menos con la que lidiar.Riva se levantó en el momento en que lo vio. Los ojos le chispearon. Se había cambiado el vestido de novia por un vestido blanco formal… el que pensaba ponerse para la recepción.—¡Lo has arruinado
Severen se liberó de las manos que intentaban sujetarlo, ignorándolas mientras golpeaba la cabeza contra la pared con fuerza.Se puso de pie y avanzó por el pasillo del hospital, el rostro oscuro y contraído de rabia. Había perdido la cuenta de cuántas veces se le había trabado la mandíbula… de cuántas veces había rechinado los dientes… desde que leyó aquellos documentos. Enviados por alguien que seguía sin nombre.Lo habían engañado. Manipulado. Usado como un idiota.Riva lo había tenido enrollado en su dedo meñique.Empujó a la gente que se interponía en su camino, sin importarle las miradas asustadas. Los ojos fijos solo en una cosa: la salida. Una vez fuera, paró un taxi y dio la dirección de su casa.—Buenas noches, señor —dijo el conductor al subir él al asiento trasero.Severen no respondió. Miraba por la ventanilla, la mirada sombría y vacía.Se estremeció con violencia cuando el conductor encendió la radio. Una melodía familiar flotó en el aire… suave, romántica. *First Love







