FAZER LOGINValerie Forrester lo perdió todo a causa de la traición de su esposo, Devano Luthier. Acusada falsamente, encerrada en prisión y despojada de su recién nacido hijo, Valerie recuperó su libertad con un único propósito en mente: vengarse. Su objetivo era la familia Luthier. Sin embargo, para destruirla, necesitaba una puerta de entrada. Y la oportunidad llegó de la mano de Leander Axel Luthier, el tío de su exesposo y heredero principal de la estirpe. Cuando Valerie supo que Leander tenía un hijo llamado Ethan, se acercó deliberadamente al pequeño hasta lograr convertirse en su niñera y residir en la mansión privada de Leander. Al principio, Valerie solo pretendía servirse de Ethan para alcanzar sus fines. Pero cuanto más se acercaba a Leander, más difícil le resultaba distinguir dónde terminaba su plan y dónde empezaban sus sentimientos. Por su parte, Leander al principio solo veía en Valerie a alguien indispensable para su hijo. Hasta que su atención se transformó en interés, y ese interés se convirtió en una obsesión que ya no lograba controlar. Ella buscaba venganza. Él buscaba protegerla. Y sin darse cuenta, ambos fueron cayendo poco a poco presas de la obsesión que sentían el uno por el otro.
Ver mais—¡No tengo la culpa! ¡Señor oficial, todo fue sin querer! El automóvil apareció de pronto, y ella salió despedida por el aire —Valerie se debatía mientras los policías le esposaban ambas muñecas.
Ni siquiera lograba comprender lo que acababa de suceder. Lo único que recordaba era haber descubierto a su esposo en una infidelidad, y de pronto, todo se había vuelto un caos.
—Tiene derecho a guardar silencio. Todo lo que diga podrá ser usado en su contra durante el juicio.
Valerie volvió la vista. Al otro lado de la calle, estaba Devano, sosteniendo en brazos a su pequeña hija, mientras observaba a los enfermeros subir el cuerpo de Catherine a la ambulancia. Esa mujer, la amante de su esposo, aún respiraba.
—¡Devano! ¡Diles que no fue mi intención! ¡No quise hacerle daño! ¡Devano!
El hombre permaneció callado. Su mandíbula se tensó, y entrecerró los ojos, conteniendo algo que Valerie jamás había visto antes: furia, y una profunda decepción. Luego, se dio la vuelta y subió a la ambulancia, dejando atrás a Valerie, quien era conducida hacia el vehículo policial.
En ese instante lo entendió. Ya no quedaba nadie para ella.
Los agentes le ofrecieron hacer una llamada telefónica. Valerie no tomó el auricular. No tenía a quién llamar. Sus padres habían fallecido hacía mucho tiempo. Y su esposo, la única persona que le quedaba, acababa de darle la espalda.
***
—¡Señora! —Valerie se acercó a la figura de la mujer que permanecía sola junto al umbral de la celda.
Sin embargo, Loretta, su suegra, retrocedió con una mirada cargada de asco.
—Espero que te castiguen con todo el peso de la ley —dijo ella, con el rostro impasible y una expresión de desprecio al mirarla—. Por suerte, Catherine solo sufrió heridas leves. Eres una mujer sin corazón, capaz de hacer daño a la madre de mi nieta.
Valerie se mordió los labios. Sentía la garganta arder, el cuerpo agotado, y los ojos hinchados y secos, pues ya no le quedaban lágrimas.
—¿Cómo pudieron engañarme todo este tiempo? ¿Fingiendo siempre ser amables conmigo? —la voz de Valerie sonaba ronca. Su mirada estaba vacía, sin siquiera detenerse en nadie—.
—Lo hicimos pensando en ti. Eres huérfana, y ni siquiera pudiste darle un hijo —Loretta soltó un bufido—. Mi hijo merecía a alguien perfecta, no a alguien como tú.
Valerie se mordió los labios con tanta fuerza que el sabor metálico de la sangre se extendió por su lengua.
Ya no quedaba nada que pudiera dolerle. Todo había quedado destruido, pisoteado primero por Devano.
Se puso de pie, se dio la vuelta y regresó al interior de la celda, sin pronunciar una sola palabra. Era inútil hablar con personas que solo sabían juzgarla por lo que su vientre pudo o no dar.
***
—Yo la vi empujar a Catherine hacia la calzada. El automóvil la atropelló de inmediato —Devano estaba sentado en el estrado de los testigos, semanas después de lo ocurrido, con voz plana y sin inflexión.
Valerie lo miraba. El hombre sentado allí era un extraño para ella. Aquel rostro que antes siempre la recibía con una sonrisa, ahora se veía rígido y gélido, como si estuviera mirando a una desconocida.
Su esposo: durante cinco años había fingido ser el marido perfecto. Y su suegra, aún mejor en esa farsa. Sin embargo, ahora nadie se alzaba en su defensa.
—¿Qué relación lo unía a la señorita Catherine? —preguntó el abogado de Valerie.
—Estuvimos juntos desde hace tres años.
—¿No es cierto que contrajo matrimonio con la señorita Valerie hace cinco años, y que comenzó su relación con la señorita Catherine tres años después?
—Así es.
—¿Por qué inició esa relación estando aún casado con la señorita Valerie?
Devano respiró hondo, y su voz se tornó aún más pesada. —Porque ella no pudo darme un hijo.
Las lágrimas volvieron a brotar de los ojos de Valerie. ¿No le había dicho Devano en el pasado que los hijos no le importaban? ¿Que incluso se oponía a un tratamiento de fertilidad, afirmando que le bastaba con ser feliz solo a su lado? Cada una de esas palabras había sido una mentira.
—Señorita Catherine, por favor, relate cómo ocurrieron los hechos.
—Al principio me sorprendí; de pronto ella se interpuso en nuestro camino. Luego, tal como se aprecia en las grabaciones de las cámaras de seguridad, se subió al capó del auto y golpeó el parabrisas. Nuestra hija lloraba. Por eso, mi esposo…
Esas dos palabras —mi esposo— se clavaron en el pecho de Valerie más hondo que cualquier cosa que se dijera después. Dejó de escuchar.
—Cuando decidió unirse al señor Devano, ¿sabía usted que él tenía esposa legal?
Catherine guardó silencio un instante. —Lo sabía. Fue él mismo quien me pidió que estuviera a su lado, para que yo pudiera darle los hijos que su esposa no pudo darle.
—¿Usted aceptó sin más? ¿Nunca pensó en el daño que le causaría a otra mujer?
—¡Objeción, su señoría! ¡Esa pregunta es irrelevante! —interrumpió el abogado de Catherine.
—Se desestima la objeción. Responda, por favor.
Catherine dirigió una rápida mirada a Devano, y luego posó la vista sobre Valerie, que mantenía la cabeza baja.
—Porque Devano me ama profundamente. Me dijo que ya no sentía nada por su primera esposa. Por eso acepté estar con él.
El pecho de Valerie se le estrechó, y sintió como si la cabeza le estallara. Tras eso, ya no logró recordar nada más.
El juez pronunció su veredicto: cinco años de prisión. Y a partir de ese momento, todo se volvió oscuridad para ella.
***
Al abrir los ojos, se encontraba en una cama de sábanas blancas. Sentía pulsaciones en la cabeza y un retorcijón en el estómago. Probablemente, tras días sin alimentarse bien, su gastritis había empeorado.
Lágrimas tibias se deslizaron hasta su cabello. Antes, cada vez que Valerie se enfermaba, Devano le preparaba personalmente sopas y papillas, sumido en la preocupación. Nadie hubiera podido imaginar que aquel hombre de trato amable era en realidad un traidor.
—Señorita Valerie, ¿ya ha despertado? —Un médico se acercó a ella. Valerie asintió—. ¿Cómo se siente?
—Siento náuseas y dolor de cabeza. ¿Podría darme un antiácido, por favor? —Valerie también era médica; sabía exactamente qué medicamento necesitaba.
—Si puede soportarlo un poco más, sería mejor esperar. Durante el embarazo no conviene tomar medicamentos sin prescripción. Le recetaré piridoxina para las náuseas, además de suplementos de calcio y hierro. Su presión arterial está bastante baja.
Valerie frunció el ceño. —¿Embarazo? ¿Qué quiere decir con eso?
—¿No lo sabía todavía? Se encuentra esperando un bebé. Lo descubrimos al analizar su muestra de sangre hace un momento —El médico le sonrió suavemente—. Señorita Valerie, está embarazada.
Los pasos de Leander resonaban con calma y a un ritmo parejo por el frío corredor de la jefatura de policía. Detrás de él, los gritos desesperados de Loretta y la risa desquiciada de Devano se fueron apagando hasta desaparecer tras la gruesa puerta de hierro, que se cerró con un golpe seco. El silencio de la noche volvió a adueñarse del pasillo, pero el aire alrededor de Leander no se suavizó en absoluto. La furia que lo había envuelto hasta hacía un rato se había enfriado y endurecido en algo más pesado.Leo se puso a su lado y le tendió una carpeta de cuero abultada, llena de documentos financieros, copias de transferencias bancarias al extranjero y el registro de bienes ocultos.—Señor, ya compilamos todos los expedientes sobre el desvío de fondos, la falsificación de documentos fiscales y el historial financiero secreto de la familia Luthier —informó Leo en voz baja, pero firme—. La Fiscalía Superior y el organismo regulador financiero recibieron las copias completas hace diez min
Las luces del pasillo del hospital parpadeaban con un brillo tenue y dejaban una claridad blanca y fría sobre el piso de vinilo. Valerie dormía en la cama de la habitación VIP, con las muñecas ya vendadas. Leander se quedó un momento a su lado. Le pasó la mano despacio por la frente, con tanto cuidado que apenas la rozó, y se detuvo a mirar las vendas manchadas de un rojo pálido. Después se dio la vuelta y salió. Tenía la mirada oscura y la mandíbula tensa.—Señor Leander, Loretta acaba de llegar a la jefatura de policía —informó Leo, que lo esperaba junto a la puerta—. Está armando un escándalo y exige que liberen a Devano de inmediato.Leander se acomodó el cuello de la camisa negra. Sus labios se curvaron en una línea delgada y peligrosa.—Bien. Es hora de terminar con esto.***En la sala de interrogatorios de la jefatura, estrecha y con olor a metal frío, Loretta les gritaba a dos oficiales. Tenía el cabello algo desordenado, pero la soberbia seguía intacta en su rostro.—¿¡No sa
El empujón y el codazo repentino de Valerie hicieron que Devano se tambaleara hacia atrás. Su pie tropezó con el extremo de una tabla podrida y perdió el equilibrio justo al borde del muelle. Por puro reflejo, su mano se disparó al aire buscando de dónde agarrarse, y los dedos, crispados y desesperados, se estiraron hacia la ropa de Valerie.Pero antes de que rozaran la tela de su blusa, Leander ya se había lanzado hacia adelante.Con un movimiento firme y certero, la rodeó por la cintura y la jaló contra su pecho, cerrando los brazos a su alrededor con tanta fuerza que no quedó espacio para el miedo. Al mismo tiempo, su pierna salió disparada y golpeó a Devano en el pecho, lo bastante fuerte para dejarlo fuera de su alcance.—¡Argh! —gritó Devano.Su cuerpo salió despedido hacia atrás y chocó contra la barandilla de madera, tan carcomida que se quebró con un crujido seco. Cayó sobre las tablas con un golpe sordo que se oyó hasta el otro extremo del muelle. Antes de que pudiera incorp
El viento del mar soplaba con fuerza y traía consigo el estruendo de las olas que golpeaban los pilotes de madera del viejo muelle. Los pasos de Devano sonaban cada vez más inquietos mientras guiaba a Valerie, o más bien la arrastraba, hacia el borde de las tablas, ya podridas. Miraba una y otra vez hacia atrás, como si sintiera el aliento del peligro acercándose entre la oscuridad de la noche.—¡Devano, despacio! ¡Las tablas están resbalosas! —gritó Valerie, intentando mantener el equilibrio.Detrás de su espalda, los dedos de Valerie seguían moviéndose con agilidad, sin descanso. De las fibras de la gruesa cuerda que le rodeaba las muñecas solo quedaban unas cuantas hebras delgadas. El ardor del roce de la pequeña hoja y de los bordes filosos de la cuerda seguía clavándose en su piel, pero ese dolor se esfumaba, vencido por la adrenalina que le ardía en el pecho.De pronto, un haz de luz brillante salió disparado desde la oscuridad del almacén, partió la noche en dos y los dejó a am


















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