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Capítulo 53: El poder de la memoria

Autor: LION
last update Data de publicação: 2025-11-07 13:05:17
La mañana siguiente al regreso, el valle de Luna Blanca despertó con un sol radiante que se filtraba entre las copas de los pinos, bañando el asentamiento en una luz dorada que hacía brillar las gotas de rocío sobre la hierba. El aire estaba impregnado de aromas frescos: tierra húmeda, madera recién cortada y el humo suave de las chimeneas que ya comenzaban a encenderse. Los lobos de la manada se movían con energía renovada, como si el retorno de sus líderes hubiera inyectado vida nueva en cada
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  • BAJO LA PIEL DEL LOBO.   Capítulo 12 – Lo que la luna no perdona

    El salón ceremonioso se fue vaciando lentamente, como si el aire aún vibrara por lo que acababa de presenciar: el alfa arrodillado ante una humana. No era un gesto menor; era una declaración que reconfiguraba estructuras antiguas. Algunos licántropos se marcharon murmurando, otros con expresiones indescifrables; unos pocos, los más jóvenes, la miraban con genuina admiración… o confusión.Oriana permaneció en silencio un instante, intentando no ahogarse en el peso de tantas miradas, tantas expectativas, tantas profecías que no sabía si quería cumplir. Cuando finalmente el salón quedó casi vacío, sintió la presencia de Ilai acercarse por detrás como una sombra cálida que reconocería en cualquier lugar.—Necesitas respirar —murmuró él, sin tocarla, pero tan cerca que su voz parecía rozarle la nuca.Ella soltó una risa breve, temblorosa.—Necesito… muchas cosas —respondió, girándose para mirarlo—. Pero sí. Respira conmigo un segundo. Porque creo que si intento entender todo sola voy a cae

  • BAJO LA PIEL DEL LOBO.   Capítulo 11 – La luna no pide permiso.

    La conversación después del desayuno quedó suspendida en un aire tenso, denso, cargado de todo lo que había pasado la noche anterior y también de lo que ambos evitaban nombrar. Oriana respiró hondo, se levantó y lo miró con los brazos cruzados, preparando el primer movimiento de una discusión inevitable.—No necesito ropa nueva —dijo con firmeza, antes de que Ilai siquiera abriera la boca—. Necesito mi ropa. La que está en mi departamento. En mi vida. No pienso disfrazarme con túnicas para encajar aquí.Ilai la observó con esa calma peligrosa que solo usaba cuando algo le molestaba demasiado.—Puedes usar lo que te resulte cómodo. La costurera——No —lo interrumpió ella—. Mis cosas. Mi ropa. Y además necesito volver al hospital. Cancelar mis cirugías, mis citas, mis rondas. No puedo desaparecer sin explicación y esperar que todo siga funcionando como si nada. Hay pacientes que dependen de mí, Ilai. Yo no puedo… —respiró profundamente— no puedo quedarme aquí cruzada de brazos jugando a l

  • BAJO LA PIEL DEL LOBO.   CAPÍTULO 10

    El salón donde solían desayunar no tenía la solemnidad de un comedor real: era más bien una gran estancia rectangular con largas ventanas, una mesa robusta de madera oscura y varias sillas de respaldo alto. Sobre la mesa ya había pan recién horneado, fruta cortada, una olla de algo que olía a café fuerte y jarras de un líquido ligeramente espeso, de color ámbar.Oriana entró con pasos cautelosos, enfundada en una túnica limpia que alguien había dejado doblada sobre un baúl. El cuello era un poco más abierto de lo que le habría gustado… o quizá era su imaginación, ahora que sabía que cualquier centímetro de piel expuesta parecía llamar la atención equivocada.Rurik ya estaba sentado, con una taza entre las manos y la expresión más descaradamente divertida que pudiera caber en un rostro humano.Cuando la vio, se puso de pie y le hizo una reverencia exagerada.—Buenos días, mi reina.Oriana se detuvo en seco.—No me llames así —dijo de inmediato—. Soy cirujana. No… eso.Rurik le dedicó u

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    El primer golpe de la mañana fue la luz.Un rayo de sol se coló entre las gruesas cortinas de la habitación, rebanando la penumbra en una línea dorada que cruzó la alfombra, trepó por la cama y fue a dar directo al rostro de Oriana.Ella frunció el ceño antes de abrir los ojos.Todo estaba… raro.Primero sintió el peso cálido sobre su cintura, como si un ancla la mantuviera pegada al colchón. Luego, el olor. Leña, bosque húmedo, algo masculino y salvajemente agradable que jamás había olido en su vida… y que, por alguna razón, su cuerpo reconocía como “hogar”.Parpadeó.Lo siguiente que registró fue su propio cuerpo: músculos quejándose uno por uno, una flojera pesada en las piernas, una especie de eco de placer todavía vibrando en su piel. Y en medio del pecho, justo donde ardía la marca del vínculo, una tibieza pulsante que no era incómoda… pero tampoco normal.Movió un poco la mano.Tocó piel.Piel caliente, firme, viva.Y entonces lo recordó.La noche.El fuego.Su nombre en la boc

  • BAJO LA PIEL DEL LOBO.   Capítulo 8– Mi luna.

    La habitación parecía más pequeña ahora, como si las paredes se hubieran acercado para contener el calor que ambos desprendían. El fuego de la chimenea crepitaba bajo, pero ya no era la fuente principal de luz: eran ellos. Sus cuerpos. El vínculo. La marca en el pecho de Oriana brillaba con un fulgor plateado que se filtraba a través de la tela fina de su camisón, y bajo la piel de Ilai latía la misma luz, respondiendo.Él la tenía aún sentada a horcajadas sobre sus muslos, pero ya no bastaba. Ilai la alzó con una sola mano en su cintura, como si no pesara nada, y la depositó sobre la mesa de roble. Los frascos de ungüentos tintinearon. Un cuenco cayó al suelo y se hizo añicos. Ninguno de los dos miró.—Quítamelo —susurró Oriana, tirando del cordón de su propio camisón con dedos torpes.Ilai no esperó. Con un movimiento rápido y preciso desgarró la tela desde el escote hasta el dobladillo. El aire frío rozó la piel desnuda de ella un segundo… y luego ya no hubo frío. Solo él. Sus ma

  • BAJO LA PIEL DEL LOBO.   Capítulo 7 – Bajo la luz de la luna… y de él

    La habitación estaba en penumbra, iluminada solo por el parpadeo cálido de las lámparas de aceite y el resplandor tenue de la chimenea. El olor a sangre, a leña y a metal aún impregnaba el aire.Ilai se quedó de pie, inmóvil, mientras Oriana se acercaba con paso firme… aunque sus manos temblaban ligeramente.Ella tragó saliva.Él no llevaba camisa.Ni debería sentirse tan intimidante con simples pantalones oscuros y el cuerpo cubierto de heridas y sangre seca.Pero lo estaba.Mucho.—Siéntate —ordenó ella, señalando la silla de respaldo alto junto a la mesa.Ilai obedeció.Sin protestar.Sin bromas.Sin esa sonrisa arrogante que la sacaba de quicio.Se sentó con las piernas separadas, los antebrazos descansando sobre los muslos, la postura relajada pero letal… como un rey que espera una sentencia que sabe que no puede cambiar.Oriana respiró hondo y encendió otra lámpara. La llama bailó, proyectando sombras doradas sobre la piel marcada del alfa.Ella tomó un paño y un cuenco de agua

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