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Capítulo 5: Las Reglas de la Casa

Penulis: Eleanor Vance
last update Tanggal publikasi: 2026-04-29 06:26:18

Leighton pasó la tarde en su habitación, solicitando más empleos e intentando no reproducir el mensaje de Noah una y otra vez en su cabeza.

*Son unos idiotas.*

Dos palabras no deberían importar tanto.

Hacia las cinco, el estómago le recordó que solo había comido una tostada en todo el día. Bajó, con la esperanza de agarrar algo rápido y escapar de vuelta a su habitación antes de que nadie se diera cuenta.

La cocina estaba ocupada.

Noah estaba de pie junto a la barra, revisando un montón de papeles. Se había duchado desde esta mañana. El pelo aún húmedo, echado hacia atrás. Llevaba una camiseta negra y vaqueros, descalzo otra vez. Estaba empezando a pensar que nunca llevaba zapatos en casa.

Levantó la vista cuando ella entró. "Hola."

"Hola." Se dirigió hacia la nevera, intentando actuar con naturalidad. Como si esta mañana no hubiera pasado nada. Como si no la hubieran pillado mirándole entrenar como una especie de acosadora.

"Tenemos que hablar."

Se quedó paralizada, con la mano en la puerta de la nevera. "¿De qué?"

"De las normas."

"Ah." Se volvió hacia él. "Bien."

Dejó los papeles y se cruzó de brazos. "Mi despacho está vedado. Siempre. Aunque la puerta esté abierta. No entres a no ser que te invite específicamente."

"Ya me disculpé por eso."

"Lo sé. Esto es para asegurarme de que no vuelva a pasar." Su voz era firme. Profesional. Como si estuviera dirigiendo una reunión de negocios. "Segundo, el gimnasio. La misma norma. No entres mientras esté entrenando."

Le ardió la cara. "No intentaba..."

"Tercero, mi dormitorio. Eso debería ser obvio, pero lo digo de todas formas. No entres."

"¿Has terminado?" Las palabras salieron más bruscas de lo que pretendía.

Sus cejas se alzaron. "¿Perdona?"

"¿Has terminado de tratarme como a una niña que no sabe respetar los límites?"

"Estoy estableciendo expectativas."

"Estás haciendo una lista de todas las formas en que no tengo permiso para existir en tu espacio." Se cruzó también de brazos, imitando su postura. "Ya lo entiendo. No me quieres aquí. Lo has dejado bastante claro. Pero ya no tengo ocho años, Noah. No necesitas darme una conferencia sobre no tocar tus cosas ni meterme en habitaciones en las que no debo."

Algo parpadeó en sus ojos. Se apartó de la barra y caminó hacia ella, acortando la distancia entre ellos. Ella mantuvo su posición, aunque todos sus instintos le decían que retrocediera.

Se detuvo a un palmo de distancia. Suficientemente cerca para que tuviera que echar la cabeza hacia atrás para mirarle a los ojos.

"No", dijo en voz baja. "Ya no tienes ocho años."

La forma en que lo dijo le cortó la respiración. Sus ojos recorrieron su cara, deteniéndose en su boca, luego más abajo. Fijándose en la curva de su cuello. En cómo le quedaba la camiseta. En cómo los vaqueros le moldeaban las caderas.

Cuando su mirada volvió a la de ella, había calor en ella. Oscuro y peligroso.

"Ese es el problema", añadió.

No podía hablar. No podía pensar. El corazón le latía tan fuerte que estaba segura de que él podía oírlo.

"¿Cuál es el problema?" logró decir.

"Tú. Aquí. En mi casa." Negó con la cabeza, como si intentara despejarse. "La mejor amiga de Chloe. Veintitrés años. Completamente prohibida."

"Yo no pedí estar aquí."

"Lo sé."

"Y no intento... no estoy..." Le costaba encontrar las palabras. "Solo intento mantenerme alejada de tu camino hasta que pueda irme."

"Esa es otra norma." Su voz tenía ahora un filo. "Deja de intentar ser invisible. No está funcionando."

"¿Qué quieres de mí?"

"No lo sé." Se pasó una mano por el pelo, la frustración clara en su cara. "Ese es el problema. No sé lo que quiero, y no estoy acostumbrado a eso."

Se quedaron allí, la tensión entre ellos tan densa que se podía cortar. La piel de Leighton le quedaba estrecha. La boca demasiado seca. Quería acercarse y salir corriendo al mismo tiempo.

"Por lo que vale", dijo ella en voz baja, "yo tampoco sé lo que quiero."

Su mandíbula se tensó. "Sí que lo sabes."

"¿Qué se supone que significa eso?"

"Significa que veo la forma en que me miras. Como si fuera algo que quieres pero sabes que no puedes tener." Se inclinó ligeramente, y ella captó el olor de su jabón. "Me has mirado así desde que tenías dieciséis años."

Le ardió la cara. "Yo no..."

"Sí. En la fiesta de cumpleaños de Chloe. Llevabas un vestido azul. Estuviste toda la noche en un rincón, mirándome."

Recordaba esa fiesta. Recordaba el vestido. Recordaba cómo se había sentido cuando Noah entró del brazo de alguna modelo rubia. Recordaba haber pasado toda la noche deseando tener el valor de hablarle.

"Me gustabas", admitió. "¿Y qué? La mitad de las chicas del colegio de Chloe estaban enamoradas de ti. No significaba nada."

"¿No?"

"No. Era una cría. Las crías se enamoran. Y lo superan."

"¿Lo superaste tú? ¿Lo de enamorarte?"

La pregunta quedó suspendida entre ellos. Debería mentir. Decirle que sí, claro, que ya lo había superado. Que no sentía nada cuando él la miraba. Que el corazón no se le disparaba cuando se acercaba.

Pero estaba cansada de mentir.

"No lo sé", dijo. "¿Y tú superaste lo de tratar a cada mujer como una distracción pasajera?"

Su expresión se ensombreció. "Eso no es justo."

"Tampoco es justo que me saques los colores por cómo te miro cuando tú has estado haciendo lo mismo desde que llegué."

"Yo no he..."

"Sí. En la cocina anoche. En el gimnasio esta mañana. Ahora mismo." Dio un paso hacia él, envalentonada por su propia rabia. "Así que no actúes como si fuera la única que siente algo que no debería sentir."

Su mano se alzó y le tomó la barbilla. Inclinando su cara hacia la de él. "Tienes razón. Te he estado mirando. ¿Quieres saber qué veo?"

No podía respirar. "¿Qué?"

"Problemas. Del tipo del que juré que ya estaba de vuelta." Su pulgar rozó su labio inferior, y ella se estremeció. "Del tipo que me hace querer saltarme todas mis propias normas."

"Entonces quizás no deberías poner tantas normas."

Por un segundo, creyó que iba a besarla. Sus ojos bajaron a su boca. Su mano se apretó en su barbilla. Podía sentir el calor que irradiaba su cuerpo.

Luego la soltó y dio un paso atrás, rompiendo el hechizo.

"Dos normas más", dijo, con la voz ronca. "Mantente alejada de los problemas. Y sal de mi cabeza."

"¿Cómo se supone que hago eso?"

"Arréglate las."

Agarró sus papeles y salió, dejándola sola en la cocina, con todo el cuerpo temblando.

Se tocó los labios donde había estado su pulgar. La piel aún le hormigueaba por su contacto.

Esto era malo. Era mucho peor que un flechazo de infancia. Esto era una atracción real. Química real. Del tipo que podía arruinarlo todo.

Le vibró el teléfono. Chloe.

*¿Cena mañana por la noche? Traigo comida tailandesa. ¡Te echo de menos!*

La culpa se le vino encima de golpe. Chloe. Su mejor amiga. Que le había advertido específicamente años atrás que Noah estaba prohibido. Que la había salvado de quedarse sin techo. En quien confiaba.

Respondió rápidamente.

*Yo también te echo de menos. Tengo muchas ganas.*

Dejó el teléfono y se tapó la cara con las manos. Tenía que recomponerse. Tenía que detener lo que fuera que era esto antes de que fuera más lejos.

Pero cuando cerraba los ojos, todo lo que podía sentir era su pulgar en su labio. Todo lo que podía escuchar era su voz diciendo *eres un problema*.

¿Y lo peor? Quería serlo. Quería ser el tipo de problema que hiciera a Noah Knight saltarse sus propias normas.

Cogió una barrita de proteínas de la despensa y volvió a su habitación. Al pasar por delante de su despacho, lo escuchó dentro. Hablando por teléfono. Su voz era tranquila y controlada. Completamente distinta a como había sonado en la cocina.

¿Cuántas versiones de sí mismo tenía? El hombre de negocios frío que le había dicho dos semanas como máximo. El deportista que la había pillado mirando. El que le enviaba mensajes sobre los rechazos. El que acababa de tocarle la cara como si quisiera hacer algo más.

¿Cuál era el real?

Quizás todos. Quizás Noah Knight era tan complicado y tan caótico como ella.

Eso debería haberla reconfortado.

En cambio, solo le hizo quererle más.

Cerró la puerta de su habitación con llave y se metió en la cama, aunque apenas eran las seis. Mañana Chloe estaría aquí. Mañana tendría que fingir que todo estaba bien. Que no había pasado nada. Que ella y Noah eran simplemente dos personas compartiendo una casa, nada más.

Podía hacer eso. Había estado fingiendo toda su vida.

¿Qué era una mentira más?

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