LOGINLeighton se despertó con el teléfono vibrando. Un mensaje de Chloe.
*Emergencia en el trabajo. No puedo cenar esta noche. ¿Lo dejamos para otro día? ¡Lo siento muchísimo!* La decepción se instaló en su pecho, seguida rápidamente de un alivio que prefirió no examinar demasiado de cerca. *No te preocupes. Lo hacemos otro día.* Dejó el teléfono y miró al techo. Otro día en esta casa. Otro día evitando a Noah mientras que al mismo tiempo quería encontrarle. Esto se estaba volviendo ridículo. Necesitaba hacer la colada. Había estado repitiendo los mismos pocos conjuntos toda la semana, y todo empezaba a oler a desesperación y malas decisiones. La lavandería tardó veinte minutos en encontrarla. Por supuesto. Esta casa estaba diseñada para hacerla quedar en ridículo. Lo metió todo. Toda su ropa, las sábanas, las toallas. Mejor hacerlo todo de una vez. Añadió detergente y puso la lavadora en marcha, luego subió a su habitación en el top y los pantalones cortos con los que había dormido. Una hora después, bajó a pasar la ropa a la secadora. La lavadora seguía funcionando. La miró fijamente. Revisó los ajustes. Ciclo de lavado intensivo. Dos horas en total. Perfecto. Simplemente perfecto. Subió las escaleras pesadamente. Podía esperarlo en su habitación. Excepto que su habitación estaba helada. El aire acondicionado se había disparado, y ya estaba temblando con su top fino. Necesitaba algo de abrigo. Una sudadera. Una manta. Cualquier cosa. Sus ojos se posaron en la puerta de enfrente. La habitación de Noah. Ni hablar. Era literalmente la norma número tres. No entrar en su dormitorio. Pero él no estaba en casa. Le había escuchado marcharse una hora antes, hablando por teléfono sobre reuniones y contratos. Tardaría horas en volver. Nunca lo sabría. Solo entrar y salir. Coger una sudadera o algo. Devolverlo antes de que llegara. Abrió su puerta despacio, esperando a medias que saltara una alarma. La habitación estaba impecable. Cama de matrimonio extra grande con sábanas gris oscuro, perfectamente hecha. Muebles modernos, de líneas limpias. El espacio olía a él. A esa colonia cara o gel de ducha o lo que fuera que le ponía el cerebro borroso. Su armario era enorme. Filas de trajes y camisas de vestir, perfectamente organizados por colores. Los apartó hasta llegar a la sección informal. Encontró una camisa de botones blanca que parecía suave y gastada. Perfecta. Se la puso encima del top. Le llegaba a la mitad del muslo, con las mangas colgando más allá de las manos. Se las remangó y volvió a su habitación. Excepto que su habitación seguía helada. La cocina, decidió. Haría té. Esperaría allí hasta que terminara la ropa. Bajó descalza con la camisa de Noah puesta. La casa estaba tranquila. Hasta en paz. Casi podía fingir que era suya. Que pertenecía allí. Puso el hervidor y rebuscó entre la selección de tés. Alguien tenía gustos caros. Todo era de hoja suelta e importado y probablemente costaba más que su antiguo presupuesto de la compra. La puerta principal se abrió. Levantó la cabeza de golpe. No. Se suponía que no debía volver tan pronto. Pasos en el pasillo. Acercándose. Noah apareció en el umbral de la cocina y se quedó paralizado. Sus ojos recorrieron su cuerpo. Despacio. Tomando nota de la camisa blanca. Sus piernas desnudas. Sus pies descalzos. Su camisa, colgando de su hombro donde aparentemente había dejado un botón sin abrochar. "Hola", dijo ella con un hilo de voz. Él no respondió. Solo la miraba, con la mandíbula tensa. "Puedo explicarlo." "Llevas mi camisa." "Toda mi ropa está en la lavadora. Todo. No tenía nada limpio y tenía frío, así que..." Se interrumpió. Su expresión no había cambiado. "Lo siento. Sé que dijiste que no entrara en tu habitación. Me la quito ahora mismo." "No." La palabra salió ronca. Casi áspera. Se quedó paralizada. "¿Qué?" "No te la quites." Dejó el maletín junto a la puerta, sus movimientos cuidadosos. Controlados. "Aquí no." "Ah." Le ardió la cara. "Claro. Entonces me subo arriba y..." "¿Cuánto falta para que acabe la ropa?" "Una hora, quizás." Asintió una vez. Luego se adentró en la cocina, dejando entre ellos una amplia distancia. Como si no se fiara de sí mismo si se acercaba demasiado. Fue a la nevera y sacó una botella de agua. Se bebió la mitad de un trago. Su mano apretó la botella con tanta fuerza que los nudillos se le pusieron blancos. El hervidor silbó. Leighton dio un respingo, luego se giró para agarrarlo. Vertió el agua sobre la bolsita de té, muy consciente de Noah detrás de ella. De cómo se movía la camisa cuando ella se movía. De lo poco que llevaba debajo. "¿Por qué has vuelto pronto?" preguntó, solo para llenar el silencio. "Se canceló la reunión." "Ah." Más silencio. Podía sentir sus ojos en su espalda. Casi podía sentir el peso de su mirada. Se giró, sujetando la taza como un escudo. Estaba apoyado en la encimera de enfrente, con los brazos cruzados. Sus ojos eran oscuros. Intensos. "Deja de mirarme así", dijo ella. "¿Cómo?" "Como si estuvieras pensando cosas que no deberías estar pensando." "Podría decirte lo mismo." "Yo no..." "Sí." Se apartó de la encimera. "Me has mirado así desde que llegaste. Como si quisieras algo de mí." "No quiero nada de ti." "Mentira." La palabra quedó suspendida entre ellos. Desafío y acusación y algo más que no supo nombrar. "Bien", dijo. "Quizás sí. ¿Y qué? No va a pasar nada. Tú mismo lo has dejado claro." "¿Lo he hecho?" "Ayer enumeraste tus normas. No entrar en tu espacio. No meterme en tu cabeza. Mantenerme alejada de ti." "No recuerdo haber dicho esa última parte." "Estaba implícita." Se acercó un poco. No mucho. Solo un paso. Pero sintió como si la distancia entre ellos se hubiera reducido kilómetros. "¿Quieres saber en qué estaba pensando?" preguntó en voz baja. "No." "Mentira", dijo de nuevo. "Quieres saberlo. Te mueres por saberlo." Dejó la taza antes de que se le cayera. "Noah..." "Estaba pensando en que esa es mi camisa favorita. La tengo desde hace cinco años. Me la he puesto cien veces." Otro paso. "Y ahora nunca voy a poder ponérmela sin pensar en esto. En ti en mi cocina, sin llevar nada más que mi camisa, mirándome como si quisieras que me saltara todas mis propias normas." Se le cortó la respiración. "Yo no..." "Tu ropa no está en la lavadora." "¿Qué?" "Me has oído bien." Sus ojos se clavaron en los de ella. "Podrías haberte puesto el top y los pantalones cortos. Podrías haber cogido una manta del armario de ropa de cama. Podrías haber hecho una docena de cosas. Pero fuiste a mi habitación y cogiste mi camisa." "Tenía frío." "Venga ya. Querías ver qué haría cuando te encontrara poniéndola." "Eso no es verdad." "Entonces, ¿por qué sigues aquí?" Dio otro paso. Suficientemente cerca ahora para que ella pudiera ver el músculo que le latía en la mandíbula. "Si de verdad no quisieras esto, ya estarías arriba. Pero no te mueves. Porque quieres saber qué pasa después." "No pasa nada después." Su voz salió entrecortada. Poco convincente. "Eres el hermano de Chloe. Yo soy su mejor amiga. No puede pasar nada." "Lo sé." "Así que deberíamos parar. Ahora mismo. Antes de hacer algo estúpido." "Lo sé", dijo de nuevo. Pero ninguno de los dos se movió. El aire entre ellos se sentía eléctrico. Peligroso. Como si un movimiento en falso fuera a hacer explotar algo. Sus ojos bajaron a su boca. Se detuvieron allí. Podía verle luchar consigo mismo. Ver el momento en que decidió marcharse. Dio un paso atrás. Agarró el maletín. "Tu ropa debería estar lista pronto. Ve a comprobarlo." "Noah..." "Vete, Leighton." No era una petición. Se fue. Subió las escaleras casi corriendo, con el corazón latiéndole tan fuerte que dolía. Aún podía sentir sus ojos encima. Aún podía escuchar el filo ronco en su voz cuando había dicho *mi camisa favorita*. Se detuvo frente a la puerta de su dormitorio. La camisa se sentía diferente ahora. Como si le rozara por todas partes. Como si fuera él quien le rozara. Debería quitársela. Devolverla y fingir que esto nunca había pasado. En cambio, fue a su habitación y se sentó en la cama, llevándose el cuello a la cara. Olía a él. A ese aroma caro que le hacía girar la cabeza. Estaba metida en un lío muy serio. Le vibró el teléfono. Noah. *Quédate la camisa.* Miró el mensaje fijamente. Respondió: *¿Qué?* *Quédatela. Lo decía en serio. Ya no puedo ponérmela sin pensar en esto. En ti.* *Noah, no podemos...* *Lo sé. Créeme, lo sé. Pero estoy harto de fingir que no me fijo en ti. Harto de fingir que no quiero cosas que no debería querer.* *¿Qué estamos haciendo?* *No lo sé. Pero estoy cansado de mentir al respecto.* Apretó el teléfono contra su pecho. Era una pésima idea. La peor de todas. Destrozaría todo con Chloe. Les exploraría en la cara a los dos. Pero dios, lo quería de todas formas. Le quería a él de todas formas. *Yo también*, escribió. Luego, antes de poder darle demasiadas vueltas: *Yo también estoy cansada de fingir.* Su respuesta llegó de inmediato. *Entonces para.* Dos palabras. Dos palabras que se sentían como permiso y advertencia a la vez. Se tumbó en la cama, aún con su camisa puesta, y se preguntó cómo había llegado hasta aquí. Cómo había pasado de estar despedida y sin techo a vivir en la casa de Noah Knight, escribiéndole sobre cosas que no deberían querer. Su vida era un desastre. Pero por primera vez en semanas, no quería estar en ningún otro sitio.La taza de café de Leighton estaba vacía a las nueve de la mañana.Miraba la pantalla, obligándose a concentrarse en los mockups de Meridian. Los ojos no paraban de borroneársele. Tres horas de sueño hacen eso. Chloe se había marchado al amanecer, abrazándola fuerte en la puerta con promesas de llamar pronto.La mentira sobre Noah seguía pesándole en el estómago."Toc toc."Levantó la vista. Un chico estaba en la entrada de su cubículo sosteniendo dos tazas de café. Alto. Pelo oscuro. Ojos marrones cálidos detrás de unas gafas de montura negra. Llevaba un jersey gris y vaqueros. Informal pero cuidado."Daniel Park. Director Creativo Senior." Dejó una taza en su escritorio. "Latte de vainilla. Leche de avena. Un azúcar."Ella parpadeó. "¿Cómo sabías...""Soy observador." Sonrió. Con facilidad. Sinceramente. "Te vi pedirlo dos veces la semana pasada en la sala de descanso. Pensé que hoy te vendrían bien uno. Tienes cara de haber tenido una noche difícil.""¿Tan obvio?""El pelo es una p
Noah se quedó sentado en su escritorio tres horas antes de poder escribir la primera palabra.El papel se burlaba de él. En blanco. Blanco. Esperando.La mano le agarrotaba alrededor del bolígrafo. Había empezado veinte veces. Arrugado cada intento. La papelera rebosaba de comienzos fallidos.*Querido papá:*Demasiado formal.*Al hombre que se fue:*Demasiado rabia.*No sé por qué escribo esto:*Demasiado débil.Tiró el bolígrafo al otro lado de la habitación. Golpeó la pared. Cayó al suelo tintineando.El teléfono estaba boca abajo sobre el escritorio. En silencio. Sin mensajes de Leighton. Tres días desde la llamada. Había bloqueado todos los números que él tenía.Concentrarse. Necesitaba concentrarse.El Dr. Voss dijo que lo escribiera todo. Cada pregunta. Cada dolor. Sacarlo de su sistema para dejar de cargarlo consigo.Noah recogió el bolígrafo. Empezó de nuevo.*No mereces un saludo. No mereces mi tiempo ni mis palabras. Pero escribo esto de todas formas porque mi terapeuta dice
Llamaron a la puerta a las siete. Tres golpes secos.Leighton abrió. Chloe estaba allí con dos botellas de vino y una bolsa de comida para llevar. Su sonrisa era brillante. Sincera."¡Sorpresa!"La culpa le golpeó como un puñetazo en el estómago."Chloe. Hola. No te esperaba.""Ya lo sé. Por eso es una sorpresa." Chloe pasó junto a ella hacia el apartamento. Se detuvo. Miró a su alrededor. Su sonrisa vaciló. "Ah. Vaya. Es... acogedor."Acogedor. Código para diminuto."No es gran cosa pero es mío." Leighton cerró la puerta. Intentó ver el espacio con los ojos de Chloe. Pintura descascarada en el techo. Mancha de humedad en el rincón. Cocina apenas suficiente para una persona. Todo el apartamento era más pequeño que el dormitorio de Noah."¿Dónde está el sofá?""Aún no tengo. Todavía ahorrando." Leighton señaló las dos sillas plegables junto a la ventana. "Pero tengo sillas. Y una mesa. Más o menos."La mesa era un tablero sobre bloques de cemento. Funcional. Deprimente.Chloe dejó el v
Noah estaba sentado en la sala de espera del Dr. Voss, con la rodilla rebotando. El sillón era de cuero. Caro. Probablemente diseñado para calmar. No estaba funcionando.Un reloj tictaqueaba en la pared. Cada segundo sonaba fuerte en el espacio silencioso. Miró el teléfono. Sin mensajes. Le había escrito a Leighton dos veces el día anterior. Desde un número nuevo. Los dos entregados. Los dos ignorados.Le había bloqueado otra vez.Bien. Era lo que se merecía.La puerta se abrió. El Dr. Voss estaba allí. Mediados los cincuenta. Gafas. Ojos amables que veían demasiado."Noah. Pasa."El despacho olía a café y libros viejos. Un sofá estaba contra una pared. Dos sillones enfrentados. Una ventana con vistas a la ciudad. El Dr. Voss señaló el sofá.Noah se sentó. Se sintió como un niño en el despacho del director."¿Cómo ha ido la semana?" El Dr. Voss se acomodó en su sillón. Bloc en el regazo. Bolígrafo listo."Bien.""¿Solo bien?""Sí."El Dr. Voss esperó. Esa cosa que hacen los terapeutas
Leighton despertó con la luz del sol que atravesaba sus cortinas baratas.Su teléfono estaba boca abajo en la mesita de noche. Lo miró como si pudiera explotar.Los eventos de la noche anterior regresaron de golpe. Su voz. Sus manos. Las cosas que había dicho. Los sonidos que había emitido.Su estómago se retorció.Agarró el teléfono. Abrió la foto de él, la foto que nunca había borrado la miraba fijamente. Él en su cocina, sin saber que ella lo observaba. Suave luz de la mañana. Casi sonriendo.Le había dado poder otra vez. Lo había dejado entrar de nuevo solo con su voz y dos palabras: Te extraño.Patética.Su pulgar se detuvo sobre el botón de eliminar. Ya había hecho esto antes. Lo había bloqueado. Lo había borrado. Luego había guardado su número de nuevo como una adicta que guarda el contacto de su dealer “por si acaso”.Esta vez no.Presionó bloquear. Vio su nombre ponerse rojo. Luego borró el número para asegurarse.Su pecho se sentía vacío.La ducha salió fría antes de calenta
Las tres de la madrugada. Noah dejó de fingir que trabajaba.El teléfono estaba sobre el escritorio. La pantalla apagada. Burlándose de él.Lo había cogido diecisiete veces en la última hora. Lo había dejado diecisiete veces. Cada vez diciéndose que no llamaría. Cada vez la mano volviendo a él de todas formas.Las paredes del despacho se cerraban sobre él. Demasiado silencioso. Demasiado vacío. Solo él y el fantasma de lo que había perdido.El pulgar desbloqueó la pantalla antes de que pudiera detenerse. Su contacto le miraba fijamente. Esa foto. Riéndose. Dios, cómo echaba de menos esa risa.Pulsó llamar.Sonó una vez. Dos. Tres. El corazón le martilleaba contra las costillas. No iba a responder. ¿Por qué iba a hacerlo? Eran las tres de la madrugada y él había estado en silencio dos semanas.Cuatro tonos. Cinco.Luego: "¿Noah?"Su voz. Ronca por el sueño. Confusa. Preciosa.No podía hablar. La garganta se le cerró. Todas las palabras que había ensayado desaparecieron."¿Noah? ¿Estás







