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VISITAS INESPERADAS

Autor: Sandraeliza
last update Fecha de publicación: 2024-11-10 02:36:11

El sol, proyectaba cálidas sombras sobre el jardín donde Francesco, Isabella y Alessa continuaban su conversación, ahora teñida por la preocupación y la incertidumbre. Sin embargo, ese ambiente cambió de inmediato cuando Charly y Chiara llegaron para visitar a Isabella.

— ¡Charly, Chiara! —exclamó Isabella, levantándose con una sonrisa radiante y picara al verlos llegar juntos—. ¡Qué alegría verlos!

Charly, con su habitual energía, saludó a todos mientras Chiara un poco más reservada de lo norm
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Último capítulo

  • Bajo el Velo de la Traición   EL LUGAR DONDE EL AMOR VENCIÓ

    El cielo en la casa de playa era una acuarela: dorado, rosado, azul profundo. Las antorchas iluminaban la arena húmeda, y las risas flotaban como notas musicales sobre el aire cálido.Esa tarde, el sol comenzó a caer despacio sobre la casa de playa. Todo estaba decorado con guirnaldas de luces, flores blancas y una pista improvisada sobre la terraza de madera.Era el aniversario de bodas de Francesco e Isabella.Alessa llegó con un vestido azul claro que resaltaba el brillo de sus ojos, acompañada por Charly. Isabella lucía radiante con un vestido crema, el cabello suelto ondeando con la brisa marina. Francesco la observaba como si aún no pudiera creer que era suya.Los niños corrían por el jardín: Fiorella, Marcos, Alessandro, Mateo y el pequeño Leonardo, mientras Jacomo, Carter, Chiara y Aura María reían y compartían anécdotas junto a Don Marcos, sentado en su silla con un vaso de vino y una sonrisa de abuelo orgulloso.Francesco tomó a Isabella de la mano.—Hace unos años, te dije q

  • Bajo el Velo de la Traición   EL LEGADO DE SU NOMBRE

    La madrugada en Sicilia llegó gris y fría. Una niebla espesa cubría los campos, como si la isla entera hubiese guardado silencio por respeto. En la mansión Lombardi, solo se escuchaban los pasos pausados de los hombres de seguridad y el crujir de la madera vieja bajo el peso de los años.Thiago, con la chaqueta empapada por la humedad de la noche, entró sin pedir permiso. Su rostro no tenía color. En la mano traía el informe sellado de los equipos de búsqueda.Antonio Lombardi estaba en su despacho, de pie, de espaldas, mirando la ventana empañada que daba al mar.—Don Antonio… —Thiago tragó saliva—. Lo confirmaron hace unos minutos.Antonio giró con lentitud. Sus ojos ya sabían.—No encontraron el cuerpo —dijo él, sin voz.—Solo rastros de sangre. La corriente lo arrastró, señor.El papel cayó sobre el escritorio. Pero Antonio no lo miró.Apoyó las manos sobre la madera y bajó la cabeza.Y entonces… lloró.—Era mi único hijo —murmuró con un hilo de voz—. Mi único maldito hijo.Thiago

  • Bajo el Velo de la Traición   EL PRECIO DE LA VERDAD

    El silencio tras la decisión fue más estruendoso que los aplausos que aún resonaban a lo lejos en el resort. El grupo se desplazó a una de las habitaciones privadas, convertida en cuartel improvisado.Francesco fue el primero en romper el silencio.—Tenemos que cambiarnos y estar listos en veinte minutos. Esto no será una charla.El tono de su voz tenía esa gravedad que presagiaba fuego.Cada uno se retiró a su respectiva habitación. Alessa caminó en automático, pero al cerrar la puerta tras ella, se apoyó contra ella un segundo… como si necesitara recordarse que aún podía respirar.Frente al espejo, se quitó el vestido negro. Su reflejo mostró algo más que piel: mostraba miedo. Decisión. Ruptura. Y una pregunta oculta en el fondo de sus ojos azules: ¿y si esta noche no regresamos?Eligió un conjunto sencillo y funcional: jeans oscuros ajustados, camiseta negra sin mangas y una chaqueta de cuero. Se recogió el cabello en una coleta alta. En su cintura, el cinturón con una funda. Sabía

  • Bajo el Velo de la Traición   AUSENCIAS QUE PESAN

    Las semanas posteriores a la visita al resort transcurrieron con una extraña calma. Como si todos los involucrados supieran que algo importante se había quebrado, pero nadie se atreviera a ponerle nombre.Alessa pasaba las mañanas revisando documentos, firmando autorizaciones, dando órdenes. Aparentemente entera. Firme. Pulcra.Pero solo ella sabía que cada noche se acostaba con la falta de Salvatore aún latiendo en la piel.Se despertaba con su perfume fantasma en las sábanas. Se tocaba el cuello sin darse cuenta, buscando el roce de sus labios. Se sorprendía recordando su voz susurrándole las letras de una canción tropical, con ese acento italiano tan grave y melódico que hacía vibrar las paredes de su alma.Y, sin embargo… no lo llamó. No preguntó por él. No fue al club. No buscó su sombra.Porque no sabía si lo que más temía era verlo… o no verlo.Salvatore, por su parte, no había vuelto al resort, mucho menos al hotel, desde aquella mañana en que dejó la habitación de Alessa con

  • Bajo el Velo de la Traición   LO QUE DEBIÓ Y NO DEBIÓ SER

    El trayecto de regreso al hotel fue envuelto por un silencio cómodo. Alessa miraba por la ventanilla, las luces de la ciudad reflejándose en sus pupilas. La brisa nocturna entraba por la ventanilla ligeramente abierta, y en el fondo del auto aún sonaba música en volumen bajo. Salsa suave, como un eco lejano de la noche vivida.Salvatore conducía sin prisa, una mano en el volante, la otra sobre la palanca de cambios, pero sus ojos la buscaban cada tanto a través del reflejo en el retrovisor. Cuando llegaron, descendieron sin hablar. Alessa subió por el ascensor, y él la acompañó hasta la puerta de su habitación.—Gracias por esta noche —susurró ella, deteniéndose frente a la puerta.—¿Ya vas a despedirme? —preguntó Salvatore.—Es tarde. —contestó ella.—Entonces solo un minuto más. —insistió él.Ella lo miró. Hubo un segundo donde el aire entre ellos se volvió denso, vibrante. Sin pedir permiso, Salvatore acercó su rostro lentamente. Sus labios se rozaron en un beso suave, casi temeros

  • Bajo el Velo de la Traición   VIVIR LA VIDA - RITMO Y RESPIRO

    La mañana había comenzado agitada, el calor en Sicilia comenzaba a tornarse sofocante. Era uno de esos días donde el aire se volvía espeso y los rayos del sol caían sobre la piel como caricias ardientes. Alessa llevaba el cabello recogido en una trenza y una camisa sin mangas que no lograba evitar que su espalda se empapara de sudor.Pasaba de un punto a otro del resort, revisando detalles, corrigiendo entregas, firmando autorizaciones. A su lado, Salvatore la acompañaba como una sombra confiable, sin invadir. Sus intercambios eran breves pero constantes, como una coreografía bien ensayada.—Las luces del salón principal ya están instaladas —le dijo él, pasando la mano por su nuca, húmeda por el calor—. Pero los interruptores están al revés. Izquierda enciende la derecha y viceversa.—Perfecto —suspiró Alessa, girando los ojos—. Añádelo a la lista de cosas absurdas que debo corregir hoy.Él sonrió.—Está creciendo rápido esa lista. Vas a necesitar una botella de vino… o dos.Ella se g

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