Share

La cita

Penulis: Jaso Salas
last update Tanggal publikasi: 2023-07-14 08:58:42

El bus paró en frente de mí dejando pasajeros. Subí y me senté en el cuarto puesto de atrás. Quería evitar las miradas de los demás y quería concentrarme en lo más importante, la salida. Mi alarma de las seis en el celular sonó y me levantó de un solo golpe, nos estábamos acercando a mi parada, y aún permanecía sentada.

—¡Espere! —apreté el botón de parada y me bajé—. ¡Gracias!

Di un traspié por estar muy volada, pero por suerte no me di de bruces contra el inmaculado suelo de la calle. Caminé lo más rápido que pude hacia el centro de convenciones. Emmanuel y Alex estaban esperando, estaban relajados conversando entre ellos, de seguro no era la primera mujer que los había hecho esperar.

—Disculpen la demora, mi bus se retrasó y el tráfico era un desastre —agaché un poco mi cabeza por la vergüenza, tenía esa costumbre asiática que Carlos nunca comprendió por qué lo hacía.

—No te preocupes, acabamos de llegar también —mintió Alex.

—Mencionabas que el restaurante quedaba cerca de aquí —dijo Emmanuel.

—Sí, solo debemos caminar unas cuadras —miré con cuidado las luces del semáforo antes de cruzar—. Puedo preguntarles ¿de dónde son exactamente?

—De la parroquia Jipijapa, aunque mi amigo Emmanuel es del extranjero.

—Siempre he querido visitar la capital, pero no se me ha dado la oportunidad —dirigí mi mirada a Emmanuel fingiendo asombro—, ¿eres del extranjero?

—Sí, soy de México.

—¿Dónde se conocieron? —pregunté.

—En la secundaria —respondió Alex.

—He oído que al tener un amigo por más de diez años ya se lo puede considerar como una amistad duradera y transparente.

—Sí, eso dicen —respondió Emmanuel.

—El local es ese —señalé el restaurante de la esquina de enfrente. El semáforo cambió a rojo—. Crucemos.

El lugar estaba repleto, Emmanuel encontró una mesa para nosotros cerca del mostrador, mientras que con Alex nos colocábamos en la fila.

—Se conocen tanto que sabes lo que tu amigo pedirá de comer.

—Sí, una amistad de más de diez años te da esos privilegios —respondió Alex—. Pensé que vendrías con Carlos…

—No esta vez —dirigí mi mirada hacia el cajero—. No pudo dormir la noche anterior. Se sentía muy cansado —mentí.

Antes de que pudiéramos proseguir con la conversación nos llegó el turno de pedir. El cajero nos preguntó si pediríamos juntos en una sola factura, le dije que no. Pedí mi plato favorito y luego Alex pidió el suyo junto al de su amigo. Nos dirigimos a la mesa.

—Has sido muy amable con nosotros Adriana, muchas gracias —añadió Alex al sentarse a lado de Emmanuel—. ¿Su equipo de trabajo ha salido del país?

—No hemos tenido la oportunidad de salir del país… —Alex me interrumpió en medio de la conversación para contestar una llamada.

—Debo comentarte algo Adriana, aprovechando de que se fue —dijo Emmanuel—. Como te habrás dado cuenta de que, a pesar de los acercamientos, Alex no te recuerda y…

—No entiendo qué intentas decir —le interrumpí.

—Adriana, aunque Alex no lo recuerde, el brillo en sus ojos sigue siendo el mismo que el de hace seis años.

—Lo siento, era una llamada importante —interrumpió Alex al sentarse a mi lado—. ¿Te importaría pasarme mi plato de comida? —Emmanuel deslizó el plato hacia Alex.

—Gracias.

Continuamos con la conversación y Emmanuel tuvo que regresar a la habitación del hotel por unos asuntos, por lo que nos quedamos solos. Mientras Alex continuaba contándome sobre sus trabajos con las productoras, no podía evitar admirarlo por los grandes logros que cosechó después de tanto tiempo. Salimos del local y nos dirigimos al Malecón del Salado, me hubiese gustado negarme a irme con él, pero no pude resistirme, quería estar a su lado. Hicimos parar el primer taxi que se nos cruzó, él se ofreció en pagar la carrera, pero le insistí en compartir el gasto. No había notado lo cerca que se había sentado junto a mí, por lo que cuando quise preguntarle sobre su familia, mi respiración se había entrecortado. Él me sonrió, y luego de unos minutos formulé mi pregunta sin que se notara mi nerviosismo.

—Cuando les ha tocado realizar estos trabajos pesados para las productoras, ¿aún tienen tiempo para sus familias?

—Si, claro que sí —agachó su mirada—, mantenemos la comunicación a través de videollamadas —respondió rápidamente como si tratara de evadir mi pregunta.

—Lamento si mi pregunta te incomodó —me sonrió.

Miré hacia la ventana mientras pensaba en todos los posibles escenarios, en algún momento tendría que ocurrir alguno de ellos. Los minutos pasaron y llegamos a nuestro destino. Ambos le pagamos al taxista y él se ofreció a ayudarme a salir del auto. Caminábamos rumbo al malecón cuando las personas que circulaban entre nosotros nos miraban disimuladamente.  Una mujer pasó a mi lado empujándome con tanta fuerza que perdí el equilibrio y di un traspié, pero Alex me rodeó con su brazos para que evitara darme de bruces contra el cemento. El aroma de su perfume era muy embriagador. Reposé mi cabeza en su pecho hasta que mi corazón dejara de dispararme y se regularizara con el ritmo de mis pulmones trabajando.

—¡Debes observar por dónde caminas ladrona! —gritó la mujer ataviada con una camisa holgada, falda con huecos y chancletas .

—¿Estás bien, Adriana? —me preguntó sin tomar en cuenta lo que la mujer había vociferado junto a las miradas que recaían sobre nosotros.

—Sí, lamento que hayas tenido que oírla —alejé mi cabeza de su pecho.

—Descuida, apliqué la de oídos sordos —me ayudó a levantarme—, ¿segura que no te lastimaste?

—Sí, estoy bien, no tienes de que preocuparte.

—¿Segura? Tu corazón sonaba igual que una metralleta —bromeó.

—Soy despistada, es todo —mis mejillas se ruborizaron y podía sentir el calor bailando en ellas.

—Creo que debo cerciorarme primero —me rodeó nuevamente con sus brazos.

Cruzamos el puente que unía las dos partes del Malecón del Salado y se detuvo por un momento para colocarse en frente de mí.

—¿Puedo tomarte una foto? —preguntó mientras sacaba de su maleta una cámara semiprofesional—. Te ves perfecta desde este ángulo.

—No sabía que también fueras fotógrafo —dije.

—Solo soy un aficionado.

Me indicaba cómo posar para cada foto, al principio sentía vergüenza, todas las personas fijaban sus miradas en nosotros, pero luego observé el mismo brillo en sus ojos cuando hablaba sobre su trabajo que me dio más confianza frente a su cámara.

—Gracias por hacer de mi noche la mejor —besó mi mejilla. Luego de tomarme la última foto, guardó su cámara.

Sentí como me quemaban las mejillas por lo que lo miré fijamente a los ojos. Nos miramos por unos segundos hasta que él tocó mis cachetes con sus manos frías, y me propinó un beso en la comisura de mis labios. Por un momento mantuve los ojos abiertos, me sentía confundida. Luego él dirigió su boca más hacia mis labios y cerré mis ojos. Ambos nos apartamos para recuperar la respiración y nos reímos.

—Eso fue…inesperado —suspiré—. No está nada bien.

—Adriana —acarició mis mejillas.

—Claro que no está nada bien —dijo una voz que conocía perfectamente, era Carlos, pero no venía solo.

Lanjutkan membaca buku ini secara gratis
Pindai kode untuk mengunduh Aplikasi

Bab terbaru

  • Bajo su secuestro    Yeso

    Me asomé en la ventana y los vi a Jaime y Nathan conversando, mi padrastro lucía muy alterado mientras que Nathan apacible, ¿cómo le hace?. Nathan notó mi presencia y llevó a Jaime a un lugar donde no los pudiera ver. ¿Qué tanto esconde? Me regresé a la cama y esperé hasta que Lupe viniera por mí. —Adriana, disculpe la demora, el señor y Nathan recién se fueron, debe estar con hambre.—Mucha.—Venga conmigo.—Espérame un rato —miré mi sábana y estaba totalmente cambiada. ¿Nathan lo hizo?—No se preocupe, Nathan me dio su sábana.—¡Que vergüenza!—No se preocupe, el señor Nathan me dijo sobre su regla, a buena hora que estuvo con él.—¿Solo le dijo eso?—Sí, ¿se siente bien?—Sí.—Bueno, debe desayunar para que pueda tomar la pastilla de los cólicos.—¿Quién es Laura?—Le contaré después de que desayune.Asentí y la seguí hasta el comedor, me senté en la silla de siempre y esperé hasta que sirviera mi plato. Le agradecí y se paró al otro lado de la mesa, ella tenía prohibido sentarse

  • Bajo su secuestro    Delicadeza

    Era muy de mañana cuando abrí los ojos nuevamente, me dolía el vientre y decidí ir al baño. Me sentía del asco, pero no por lo que había pasado la anterior noche sino por mi periodo, era muy incómodo y aún así Nathan se había asegurado de hacerme sentir bien, aunque sea una noche. Estaba a punto de ingresar a la ducha cuando sonó la puerta. Era él, desnudo en frente de mis ojos, no podía creer que su pene estuvo dentro de mí la anterior noche.—¿Dónde estabas?—Tenía que venir al baño, me sentía muy asquerosa…—No, ayer estuviste sensacional y sabías muy rico.—Nathan…—Adriana…—¿Por qué no me esperas en mi habitación? —no sabía qué más decir, estaba muy nerviosa e insegura de que quisiera compartir ducha conmigo.—Ven.Me cogió de la mano y me llevó hasta la ducha, cerró la puerta y se colocó detrás de mí. Cogió el champú de la estantería para colocármelo en el cabello y darme leves masajes que comenzaban desde arriba hasta la parte detrás, me encantaba cómo se sentía y lo suave que

  • Bajo su secuestro    Lujuria

    Me levanté en medio de la noche cuando noté que Nathan aún estaba a mi lado durmiendo plácidamente como un bebé. Se lo veía tan sexy y encantador que no pude evitar contemplarlo en silencio. Muchas veces le picaba la nariz y se rascaba, me reía cuando lo hacía parecía todo un infante. Me acerqué más y podía sentir su respiración sobre mi rostro, sus labios estaban un poco resecos, pero muy provocativos, definitivamente su boca no era pequeña. No pude aguantar las ganas de besarlo, ni siquiera abrió los ojos, como si lo estuviera esperando, y me dejó que lo besara, me rodeó con los brazos mientras me sobaba la espalda.—¿Qué hace señorita Adriana? —dijo con la respiración entrecortada.—Lo he soñado algunas veces…—¿Soñado? —preguntó confundido—. Adriana, ¿usted?—Me gustas Nathan… —Se sentó en frente de mí y me acarició la mejilla—. No tienes que corresponder, sé que no valgo…—No digas eso, estoy obsesionado contigo, Adriana.—¿Obsesionado conmigo o con mi caso? Son dos cosas distint

  • Bajo su secuestro    Vidrios rotos

    Llegamos a casa y dejé las cosas en el baño, revisé mi rostro y estaba menos hinchado, me pregunto si alguien lo habrá notado. Me toqué para saber que tanto me dolía, y el dolor era menos, era aceptable, los cuidados de Nathan eran efectivos. Me cambié la toalla y bajé a la sala. Nathan estaba esperándome y percibió mi perfume. Se me acercó y me susurró—Huele muy rico.—Nathan…—¿Se lo puso a propósito?—Soy una chica, Nathan, puedo hacerlo ya que es muy normal entre nosotras.—Sé también que lo hacen cuando quieren probar, pero no estoy seguro de qué.—¿Qué tal si lo adivina mientras le indico cómo cocinar?—Sé cocinar.—Pero no con mi sazón.—Usted gana, me enseñará cómo cocinar su plato estrella.—No te burles.—Me parece muy graciosa que se porte de esta forma.—Puedo ser mala si me lo propongo.—No cabe duda. ¿Qué planea que cocinemos?—Chaulafán especial.—Una elección muy rica.—Solo me pregunto si Jaime tendrá todos los ingredientes.—¿Qué necesitamos? —preguntó fingiendo que

  • Bajo su secuestro    Periodo

    No sé en qué momento Nathan salió de mi habitación, era de mañana y me levanté sola en la cama, no sentía dolor en el brazo y hombro, pero si podía sentir mi mejilla hinchada, esto no se va a ver bien, me dije a mí misma. Me dirigí a la puerta y llamé a Lupe para que me pudiera ayudar a cambiarme, pero en su lugar contestó Nathan.—¿Señorita Adriana? —preguntó al subir las escaleras.—¿Dónde está Lupe?—Salió con Daniel.—¿Y Jaime?—Salieron los tres y no regresarán hasta la noche.—Genial, entonces solo somos nosotros —dije sarcásticamente.—Así parece, ¿necesita ayuda en algo?—Quiero tomar una ducha, pero no puedo sola.—Su mejilla —dijo con preocupación—. ¿Le duele?—Sí, ¿está bien hinchada?—Sí, un poco. Tendré que ponerle un poco de hielo otra vez.—Pero me ayuda primero a bañarme, en verdad lo necesito…—¿Se encuentra bien?—No, la verdad.Mi cuerpo se tambaleaba, y solo ocurría cuando me enfermaba de la regla, cogí mi vientre y sentía como me ardía por dentro. Reí sin parar al

  • Bajo su secuestro    Descontrol

    —Los golpes no mejorarán nada, ella se pondrá más terca de lo normal —dijo Nathan.—¿Ahora la proteges de mí? —dijo Jaime furioso.—Señor, usted me pidió cuidarla y si debo hacerlo de usted lo haré.—No seas estúpido, yo tengo control sobre ella y como quiera.—Déjalo —dije mientras lo apartaba a Nathan—, que haga lo que quiera. Sabía que no decía la verdad sobre ser el padre estrella y recuperar a su hija, todo era una mentira desde el inicio.—Hija, no era lo que tenía en mente, no me pude controlar y…—Señor, su mejilla no se ve nada bien —intentó tocarme el rostro, pero lo rechacé.—No me interrumpas, ya veo lo que planean entre los dos…—No le comprendo, señor, ¿a qué se refiere?—Adriana, ven acá… —dijo mientras se acercaba. Su cuerpo se agrandó y tenía los ojos llenos de furia. Nathan no pudo interponerse, Jaime estaba en completo descontrol.—No te me acerques —dije con convicción para olvidar el miedo que me recorría todo el cuerpo—. No quiero que me vuelvas a poner una mano

Bab Lainnya
Jelajahi dan baca novel bagus secara gratis
Akses gratis ke berbagai novel bagus di aplikasi GoodNovel. Unduh buku yang kamu suka dan baca di mana saja & kapan saja.
Baca buku gratis di Aplikasi
Pindai kode untuk membaca di Aplikasi
DMCA.com Protection Status