INICIAR SESIÓNEl eco de la declaración aún flotaba en el aire cuando el nikâh memuru extendió la pluma hacia Aysun.
—Por favor, la firma de la novia —indicó con su tono neutro, como si se tratara de un trámite más. Aysun sintió cómo las miradas se clavaban en su espalda mientras se levantaba. Sus piernas parecían de plomo, cada paso hacia la mesa era una condena. Se inclinó apenas, tomó la pluma entre sus dedos temblorosos y escribió su nombre con caligrafía trémula, como si esa tinta no solo manchara el papel, sino su propio destino. Cuando dejó la pluma, no se atrevió a mirar a nadie. Su respiración estaba agitada, y la sensación de encierro le subía por la garganta como un nudo imposible de tragar. El funcionario, impasible, giró la pluma hacia Serhan. —Ahora, la firma del novio. Serhan se levantó con un movimiento firme, casi violento. Su traje impecable, su porte imponente, eran un escudo que cubría el torbellino que ardía dentro de él. Tomó la pluma sin vacilar y estampó su firma con trazos duros, tajantes, como si cada letra fuera un golpe. En su mente, Aylen volvía a aparecer, su risa traicionera, su perfume aún grabado en la memoria. Odió ese momento. Días antes creyó qué e llenaría su casa con el canto dulce de la voz de Aylen, pero ahora en su lugar, estaba una mujer que no conocía, a quien había decidido amarrar y condenar sin razón alguna, sólo quería desquitarse y convertir su fracaso en un triunfo, Aysun ahora era suya, la heredera de Yusuf, ahora pertenecía a la familia Demir. Ellos era un negocio. El nikâh memuru recogió los documentos, satisfecho. Aysun y Serhan parecían estatuas heladas, incapaces de fingir alegría. Una anciana de la familia Demir con voz emocionada, exclamó: —¡Un beso, un beso para los recién casados! El murmullo se repitió entre los presentes que no conocían la verdad, de que Aysun era la novia sustituta. Aysun sintió que el suelo se hundía bajo sus pies. El calor le subió a las mejillas, y por un instante deseó desaparecer. Serhan, con el ceño fruncido, giró la cabeza apenas hacia ella, y por fin la miró. No había ternura en su mirada, solo un abismo oscuro donde la rabia y la tristeza se confundían. Se inclinó apenas, como cumpliendo un protocolo sin alma, y rozó su mejilla con los labios en un gesto seco, distante. Los aplausos se intensificaron, pero Aysun sintió que ese contacto había sellado su destino más que la firma en el acta. Era oficial: estaba unida a un mafioso atrapado en sus propias heridas… y ella, una víctima más de una alianza sin corazón. *** Pasaron las horas, entre charlas y danzas, hasta que comenzaron a retirarse, bullicio se fue apagando poco a poco hasta quedar reducido a un murmullo lejano en el pasillo. De repente, Serhan se levantó de la mesa, agarró a Aysun de la mano y la hizo ponerse de pie. —Ya es hora de marcharnos. —¿A dónde? —preguntó preocupada. —Él la miró fijamente. —A nuestro nido de amor. —Aysin se puso pálida. Serhan se despidió de los invitados que quedaban, no soltó la mano de Aysun, luego la llevó adentro de la casa. Serhan soltó su mano en cuanto cruzaron la puerta y entraron a la casa, bajaron el par de escalones que habían en la sala. El ama de llaves les ofreció un té y preguntó si deseaban algo. Serhan con un ademán seco indicó que los dejara solos. —Vamos Aysun. Caminó delante de su esposa, sin ofrecerle el brazo ni un gesto de cortesía. Aysun lo siguió en silencio, observando los pasillos adornados con retratos familiares y muebles de madera tallada. Todo en aquella casa era majestuoso, pero también frío, carente de calidez para ella. De repente Serhan se detuvo y se volvió hacia ella. Su rostro estaba endurecido, y en sus ojos grises brillaba la rabia que había contenido durante toda la ceremonia. —Bienvenida a tu nuevo hogar —dijo con ironía, la voz impregnada de veneno—. ¿Qué tal se siente, señora Demir? ¿Orgullosa de llevar el apellido que su hermana ensució con su traición? Aysun dio un paso atrás. —Yo no tengo la culpa de lo que hizo Aylen. Serhan soltó una risa amarga, sin alegría. —¿No? ¿Y cómo voy a creerlo? Vivían en la misma casa, ¿Pretende que me convenza de que no sabía nada? ¿De que no estaba enterada de su huida con ese miserable? Aysun negó con la cabeza. —No lo sabía… lo juro. —¡Basta! —interrumpió él, elevando la voz—. ¡No me jure nada! Aylen me engañó, me humilló delante de todos, y cada vez que la miro a usted, lo único que veo es su rostro, su sombra. Aysun espondió con enojo. —Pues no soy ella. Él se acercó un paso, con la mirada fría, implacable. —No me importa. Para mí, son lo mismo. Una traición con otro nombre. Aysun respiraba un aire pesado, estaba ahogada, sentía que cada palabra de Serhan la desgarraba por dentro. —Entonces… —murmuró con voz quebrada—. ¿Este será mi destino? ¿Ser su esposa y, al mismo tiempo, su enemiga? Serhan la sostuvo con la mirada, los labios apretados en una línea cruel. —No esperaba menos de usted. Su destino, es recordarme todos los días lo que perdí. Y créame… se lo haré pagar. Ella bajó la cabeza, sintiendo que las paredes de aquella casa se cerraban sobre ella. Comprendió que había sellado su vida a un hombe que sin justificación la odiaba con cada fibra de su ser. Él continuó sus pasos, dejándola sola en medio del pasillo, Aysun sintió que su nueva vida acababa de comenzar… una vida marcada por el sacrificio, la soledad y la condena de un amor imposible. —¿Qué esperas? —Dijo Serhan con una voz áspera—. No te quedes ahí. Ella lo siguió. Él abrió la puerta de la habitación nupcial. —¡Oh mira cómo prepararon nuestra habitación. —Dijo con la voz cargada de sarcasmo. Aysun con un gesto tímido miró , vio las rosas sobre la comosa, los pétalos adornando el piso, sobre la cama sus trajes de dormir. —Pasa. —Ella dudó. —¿Para qué? Él la agarró con brusquedad y la hizo entrar, luego cerró la puerta. La habitación era muy amplia, había un área con un recibidor, parecía la suite de un lujoso hotel de los que Aysun había visto en las revistas, con paredes decoradas en tonos cálidos, un gran ventanal cubierto por cortinas pesadas y una cama de dosel adornada con sábanas blancas. Todo allí parecía preparado para un comienzo lleno de esperanza… pero para ella, el ambiente se sentía opresivo. —Aquí dormirás… sola, si piensas que voy a tocarte te equivocas. —ella respiró aliviada—. Aunque… debes darme un hijo. Ella lo miró con asombro. —¿Un hijo? Pero… —Podemos ir a una clínica, usaremos la inseminación artificial. —No. —¿Qué? Frunció el ceño. —No te daré hijos, no deberías ni siquiera considerar en traer a una criatura a sufrir con la vida tan horripilante que tienes. —Serhan apretó los labios, sus ojos parecían que iban a desprender fuego, la agarró del cabello con furia, ella gritó. —Podria embarazarte esta misma noche, pero no sé me da la gana de cogerte, no eres suficiente hembra para que me hagas sentir ni una gota de pasión, pero no me retes y no me hagas enojar Aysun, porque puedo matarte. Mientras dijo esas palabras, jaló su cabello casi hasta arrancarlo de su cabeza, luego la tiró sobre la cama, ella volvió a gritar. Él estaba airado y aplastó su figura con la mirada. —Obedeceme cuando te lo diga. Luego se dio vuelta y se marchó, cerró la puerta tras de sí Aysun no pudo contener su llanto. —Esto tiene que ser una pesadilla —su voz estaba resquebrajada—. Oh Dios, ¿qué mal he hecho para merecer este destino? Estoy casada con un despiadado que quiere que le dé un hijo.La arrastró por el corredor; la luz cambiaba, los rostros de los hombres que cuidaban aquel lugar parecían tener sus rostros duros como el hierro. Ella miró una última vez el sótano: Mert temblaba en la silla, los ojos fijos en ella, sin poder decir nada. En la piel de Aysun se dibujó una certeza terrible: aquel no era un traslado para reparar una ofensa. Era un juicio cuyo veredicto él ya había decidido pronunciar.El viaje hasta el vehículo fue frío y silencioso. Aysun clavó los dedos en su blusa, tratando de retener algo que ni ella misma sabía nombrar. Serhan permanecía en silencio, con la mandíbula apretada.Salieron del edificio, Aysun estaba temblando por dentro, le daba horror solo de imaginar la ejecución de Mert. Algo debía hacer para impedirlo, pero no sabía cómo, no conocía a Serhan, nada podía darle ventaja ni ideas para detenerlo.Él abrió la puerta del auto, sin mirarla esperó que ella subiera. Antes de subir al auto, ella se detuvo frente a él.—¿De verdad piensas lle
Él auto se detuvo frente a un edificio en la zona industrial del puerto de Estambul, cerca de los astilleros. El chófer le abrió la puerta del auto a Aysun, ella bajó y miró las fachadas del viejo edificio.Karahan SteelDecía en inmensas letras metálicas con un fondo rojo. Era la fábrica de función de piezas metálicas para exportación, la cual pertenecía a la familia Demir desde varias generaciones atrás. En realidad dicha fábrica era la fachada de un negocio ilegal de fabricación y tráfico de armas y otros componentes de guerra que eran distribuidos en el Oriente Medio.Los hombres llevaron a Aysun adentro. Primero había mucho ruido, de los cortes de las piezas metálicas, las soldaduras y martillazos. Pero después entraron a un área aislada, donde habían oficinas. El corredor estaba frío tan denso que Aysun podía escuchar el roce de su propia respiración. Los hombres que la escoltaban caminaban a su lado sin pronunciar palabra, con el rostro impenetrable y las manos firmes sobre l
—No era a ti a quien seguía, tú no estabas en el plan. —dijo Mert.—No te creo, Aylen era mi prometida, la trajiste muchas veces a mi casa.El Alacrán regresó tras el llamado de Serhan y encendió el mechero. Una llama azul iluminó la estancia. El calor se sintió de inmediato, mezclado con el olor agrio del gas. Él hombre se rio mirando a Mert.—No tienes salvación amigo.—Dime —prosiguió Serhan, sin alzar la voz—. ¿Quién te envió? ¿Qué tanto saben de mí?Mert respiraba con dificultad. El sudor le caía por la frente.—Nada.Serhan sonrió, una sonrisa lenta y helada.—¿Ella se acostó contigo? ¿Fingiste quererla para sacarle información?—La amo —dijo Mert—. Le juro que jamás le pregunté nada, Aysun…—No pronuncies su nombre.Ese fue el límite. En un segundo, Serhan lo tomó del cuello y lo empujó hacia atrás con tal fuerza que la silla se tambaleó. Su rostro se endureció; ya no había control, solo furia contenida.—¡No vuelvas a decir su nombre! ella es la señora Demir.Lo soltó de golpe
Aysun observaba el rostro de Mert al otro lado de la mesa. El café se había enfriado entre ambos. El bullicio del restaurante contrastaba con el silencio pesado que se había instalado entre ellos. Mert rompió el silencio.—No tienes que volver ahí —murmuró Mert, con los puños apretados sobre la mesa—. Ese hombre no te ama y tú tampoco lo amas a él.—No es tan simple, Mert.—Sí lo es. Podemos irnos esta noche. Tengo todo listo. Pasaportes, dinero… —su voz se quebró—. No puedo dejarte en manos de ese monstruo.Aysun tragó saliva, conteniendo las lágrimas. Sentía que cada palabra suya le abría una herida más profunda.—No digas eso. No entiendes lo que dices.Mert se inclinó hacia ella, desesperado.—¡Claro que lo entiendo! ese hombre va a destruirteElla se puso de pie con lentitud. Su silla rozó el suelo.—Lo siento Mert, no voy a huir contigo.Él intentó tomarle la mano, pero ella la retiró antes de que la alcanzara.—Por favor, no hagas esto…Aysun respiró hondo, con el corazón apret
El corazón de Aysun latía tan rápido que apenas podía respirar. Había logrado escapar. Durante una hora de clase, con la esperanza de que nadie la siguiera. Ahora estaba allí, en el pequeño restaurante donde la esperaba Mert.El local olía a pan recién hecho y a café. Era modesto, pero cálido. La madre de Mert atendía detrás del mostrador, y al verla entrar, le dedicó una sonrisa amable y salió a darle un abrazo.—¿Cómo estás hija? —Bien, gracias. —Le había preguntado a Mert por qué no habías vuelto.—Es que he estado ocupada con exámenes de la universidad. —Miró a Mert, la mujer no sabía nada de la boda de Aysun con Serhan.Ella y Mert se sentaron en una mesa, desde la calle, El alacrán podía verlos a atreves del vidrio de las ventanas.—Pensé que no vendrías.Ella bajó la mirada, nerviosa.—Fue difícil salir… él tiene hombres que van conmigo a todas partes.Mert apretó los puños, conteniendo la rabia.—No puede seguir tratándote así. No eres su prisionera, Aysun —le agarró las man
Un nuevo amanecer llegó cubierto de una niebla espesa, el invierno se acercaba cada vez más. Aysun despertó con el corazón acelerado, recordando cada palabra de la conversación con Mert. Apenas pudo dormir algunas horas.Se propuso a actuar con naturalidad delante de todos, aunque sentía que Serhan podía leer sus pensamientos, el temor a que algo malo pudiese ocurrir le hacía sentir así.Eligió una blusa sencilla, sin colores llamativos, y recogió su cabello en una trenza baja. Quería parecer tranquila, invisible. Luego cubrió su cabello con una seda color azul.Al bajar a la planta principal, el aire de la casa estaba impregnado de ese silencio tenso que siempre precedía la aparición de Feride.La matriarca estaba sentada en el salón, tomando su té con gesto severo, rodeada de las empleadas que aguardaban sus órdenes.Cuando Aysun pasó frente a ella, la mirada de la anciana la detuvo en seco.—¿A dónde vas? —preguntó con voz firme, sin apartar la taza de los labios.—A la universidad







