LOGINGinevra solo quería ser madre. Un acuerdo anónimo, un donante desconocido y la promesa de una nueva vida. Pero lo que parecía un sueño se convierte en pesadilla cuando es secuestrada por Valentino Salvatore, un hombre poderoso, cruel y decidido a quedarse con lo que considera suyo: el hijo que lleva en el vientre. Encerrada en un mundo de lujos envenenados, silencios peligrosos y miradas que queman, Ginevra luchará por su libertad, por su bebé… y por no caer en la oscuridad que Valentino lleva dentro. Porque el verdadero peligro no es solo perder su libertad, sino también su corazón.
View MoreHabían pasado dos años. Enzo y Luca ya tenían tres, y la nueva casa estaba llena de sus risas. El jardín era enorme, más grande de lo que cualquiera de nosotros imaginó, y los dos corrían por ahí como si el mundo entero fuera suyo. Ginevra y yo estábamos sentados en la mesa del jardín, observándolos mientras el sol bañaba todo con una luz cálida. Ella me miró y sonrió… y esa sonrisa me golpeó directo en el pecho. Después de todo lo que habíamos vivido, verla así —feliz, tranquila, completa— era un milagro que todavía no terminaba de asimilar. —La casa es muy grande y tiene muchas habitaciones —dijo de repente, mirándola con expresión pensativa. Levanté la vista hacia ella. —¿Es algo malo? ¿No te gusta? —pregunté. Ella negó suavemente con la cabeza y una sonrisa pícara curvó sus labios. —Tenemos que llenar las habitaciones —murmuró. Fruncí el ceño, sin entender del todo, hasta que ella se levantó y caminó hacia mí. Tomó mi mano con una suavidad que me derritió los huesos y la c
Los meses pasaron lentos y jodidamente dolorosos.Mi recuperación fue un infierno… lento, insoportable, humillante. Cada día era igual: dolor, dependencia, rabia. Y ella. Siempre ella.—Lárgate, Ginevra —le decía casi todas las mañanas.Mi voz salía fría, cargada de veneno.Ella solo me respondía con un:—No me voy a ir.Y seguía ahí, arreglándome la habitación, cambiando las vendas, trayéndome agua, cuidando a los niños. No importaba cuántas veces la echara, cuántas veces le gritara o la ignorara. Ginevra estaba clavada a mi maldita existencia.Los médicos insistían en que debía someterme a varias operaciones para intentar recuperar movilidad. Implantes, placas, fisioterapia, meses de dolor. Y yo… yo estaba cansado. Harto. Frustrado. No era un experimento.—No lo voy a hacer —les dije.Recuerdo cómo ella me miró cuando solté esas palabras. Con esa intensidad suya que me obligaba a mirar a otro lado.—Lo vas a hacer —me respondió—. Si no por ti… por ellos. Enzo y Luca necesitan a su p
Ginevra actuaba como si nada hubiera pasado. Como si yo siguiera siendo el mismo hombre. Como si no estuviera roto, incompleto, convertido en una sombra de lo que fui. Intentaba estar a mi lado todo el tiempo, hablarme, cuidarme, tocarme… y yo no sabía qué hacer con eso. No sabía si disfrutarlo o rechazarlo. Lo intentaba, pero era imposible ignorar el pensamiento que me devoraba día y noche: está aquí por lástima. Sus ojos brillaban cada vez que me miraba, pero no podía creerlo. ¿Cómo podría quererme alguien así, en este estado? Era más sencillo convencerme de que se obligaba a quedarse. Que lo hacía por los niños. O para no cargar con la culpa. Aun así… tener a mis hijos cerca me daba una extraña calma. No compartía mucho con ellos; a veces solo los observaba desde la distancia, sin atreverme a tocarlos. Pero verlos respirar, ver sus pequeños movimientos… me llenaba el pecho. Aunque también me apuñalaba pensar que quizá terminarían como yo. Envueltos en la misma oscuridad. Marcados
Nunca imaginé que un día iba a estar forcejeando con Fabien, rogándole como si mi vida dependiera de ello. Sus dedos me apretaban el brazo con una fuerza que no parecía humana, como si pudiera quebrarme con solo decidirlo. —¡Déjeme estar con su hijo! —le dije, casi sin aire—. ¡Lo amo, Fabien, lo amo! Él no respondió. Solo me sostuvo con esa expresión de hierro que siempre odió en los demás y cultivó en sí mismo. Me frustré, me desesperé, tiré de mi brazo intentando liberarme, pero fue inútil. Hasta que, de pronto, me soltó. Retrocedí un paso, confundida. Y por primera vez desde que lo conocí… lo vi humano. Lo vi triste. Una grieta en su coraza. Una que nunca pensé que vería. —Por favor… déjeme estar con Valentino —volví a suplicar, con la voz temblando. Fabien respiró hondo, como si las palabras le pesaran. —Será difícil que te acepte, Ginevra —dijo finalmente, sin mirarme—. Él piensa que ya no es… un hombre completo. Sentí que el mundo se me hundía bajo los pies. ¿Cóm
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