LOGINMis mafiosas, he estado un poco indispuesta de salud, pero el maratón va, ¿vale? Las amo.
C98 — LA BODAMESES DESPUÉS...Londres.Afuera de la iglesia, el viento helado golpeaba sin piedad. Santiago metió las manos hasta el fondo de los bolsillos del abrigo y soltó una bocanada de aire helado.—No mames, ¿siempre hace este pinche frío?James, impasible a su lado, ni siquiera se molestó en mirarlo.—No hace tanto frío.Santiago giró bruscamente hacia él.—Tú naciste aquí, tu opinión no cuenta.—Estamos a doce grados —señaló el inglés.—¡Doce! ¿Y lo dices como si estuvieras a treinta?Emiliano, ajustándose con paciencia los puños de la camisa, intervino sin mirarlos:—Deja de chillar, Santiago.—Tú cállate. Te vas a casar adentro, calentito. Yo llevo veinte minutos parado aquí congelándome los huevos por tu culpa.—Nadie te pidió que llegaras cuarenta minutos antes —recordó James.—¡Él me dijo que llegáramos temprano! —acusó Santiago, señalando al novio.Emiliano ni se inmutó.—Porque en México siempre llegas tarde, cabrón.—Pero esto no es México.—También llegaste tarde en
C97 — RECONCILIACIONESEn la mesa, Olivia miró a Emiliano.—Ni se te ocurra ir.Él, que ni siquiera se había movido, respondió:—No iba a ir.—Tenías toda la cara de querer ir.—¿Qué cara?—Mejor dicho, la de querer enterarte del chisme.Emiliano volvió a tomar su café con tranquilidad.—No hace falta, ángel; después me cuenta.(…)En el pasillo exterior, James escuchó los pasos de Katerina detrás de él, pero no giró la cabeza.—No estoy huyendo.—Por supuesto que no —respondió Katerina con sarcasmo.—Solo quiero desayunar en paz.—Como también querías que yo me fuera a Estados Unidos "por mi propio bien", ¿no?James se detuvo y se giró para encararla.—No hagas eso.—¿Qué cosa?—Usar todo lo que digo en mi contra.Katerina se cruzó de brazos.—Entonces dame algo mejor que usar.James apretó la mandíbula, frustrado.—Ya hablamos de esto.—No, no hablamos —dijo ella, acercándose un paso—. Tú tomaste una decisión, yo me enfadé, y después te emborrachaste con tequila junto a Santiago y E
C96 — CUATROEmma cerró los ojos y las lágrimas se le escaparon antes de que pudiera contenerlas. Santiago fue a ella rápidamente.—Ey...Ella negó con la cabeza, cubriéndose el rostro.—Dame un segundo... por favor.Él se detuvo a un paso de ella, respetando su espacio. Emma respiró profundo y finalmente, abrió los ojos y lo miró.—¿De verdad?Santiago le entregó la prueba con cuidado. Emma la examinó: era un positivo claro e indiscutible.Se llevó una mano a la boca, conmocionada.—Dios mío...Santiago permaneció de pie frente a ella, sumido en la duda. No sabía si abrazarla, no sabía si celebrar o sonreír.Ella notó la indecisión en su mirada.—¿Por qué pones esa cara?—Porque me estoy muriendo de ganas de sonreír como un pendejo... pero tú estás llorando y no sé si me das permiso de estar feliz.Esa frase terminó de romper la coraza de Emma, quien soltó una carcajada entre lágrimas, dio un paso al frente y lo abrazó con todas sus fuerzas.—Claro que tienes que estar feliz —se apar
C95 — DOS RAYITASEmma seguía apoyada con fuerza contra el pecho de Santiago. Pasaron varios segundos hasta que ella finalmente levantó la cabeza.—Santiago.—¿Qué pasa, güera?—La prueba de embarazo no va a aparecer mágicamente sola aquí.Él parpadeó un par de veces, descolocado.—Ah.Emma lo miró, alzando una ceja y Santiago se puso de pie de inmediato.—Voy por ella.Dio dos pasos decididos hacia la salida, pero se detuvo en seco, rascándose la nuca.—Oye... ¿dónde chingados consigo una prueba de embarazo a esta hora de la madrugada?Emma lo miró con total incredulidad.—A ver, eres un capo mexicano capaz de conseguir un helicóptero privado en mitad de la noche, ¿y me estás diciendo que no puedes conseguir una prueba de embarazo?Santiago giró lentamente hacia ella, con expresión dramática.—Pues no sabía que eso estaba dentro de mis funciones de esposo.A Emma se le escapó una carcajada espontánea.—Pues ve actualizando tus funciones de una vez.—No te burles, de verdad estoy pens
C94 — CELEBRACIÓN Y SORPRESASTras la conmovedora y emotiva ceremonia en la capilla, la celebración dio paso a una auténtica y grandiosa fiesta al más puro estilo mexicano.La música del mariachi retumbaba con alegría, las mesas lucían floridos centros artesanales, y los cazos de tequila, palomas y banquetes tradicionales fluían sin parar.Entre el zapateado, las risas y los brindis, la esencia del capo mexicano y el caluroso hospedaje de su tierra envolvieron a cada uno de los invitados. Además, la fiesta permitió bajar definitivamente toda la tensión acumulada durante semanas.James ya no miraba a Santiago como a un intruso, sino como a un verdadero hermano; Emiliano no perdía oportunidad para burlarse cariñosamente de él; y Esteban bailaba alegremente en el centro de la pista con una de las mellizas.A un lado, Lucien observaba satisfecho a sus dos hijas junto a Grace que estaba sentada cerca de Elena, ambas descansando un momento tras haber bailado bastantes piezas.Elena se abani
C93 — TE VOLVERÍA A ELEGIRSantiago estaba por acomodarse los puños de nuevo cuando, de pronto, sonó la marcha nupcial. Levantó la mirada y perdió completamente el aire.Emma apareció del brazo de su padre, lucía absolutamente impresionante, como una verdadera diosa descendida del cielo.La luz dorada del atardecer de Jalisco bañaba su piel delicada, haciendo resaltar su tono rubio e impecable.Su vestido era una obra de arte de Carla Fernández, una de las diseñadoras mexicanas más reconocidas: blanco marfil, con bordados artesanales en el corpiño que recordaban los patrones tradicionales de Oaxaca.La falda caía en capas ligeras de seda y tul, y las mangas largas terminaban en un encaje delicado.No era ostentoso; era sencillamente perfecto.Santiago no pudo evitar soltar un suspiro ahogado y murmurar para sí mismo, con el corazón saliéndosele del pecho:—Mi güera es la más hermosa de todo el puto mundo... pinche vida, qué afortunado soy.Olvidó dónde estaba, olvidó que había gente mi







