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Capítulo 45

Autor: D. Winter
last update Fecha de publicación: 2026-08-18 03:07:27

Capítulo 45

—¿Qué pasa, Cassandra? —pregunta con voz grave.

​—Quiero que me digas quién es ese hombre que está allá afuera —exijo, yendo directo al grano y apoyándome contra el escritorio—. ¿Cómo se llama y por qué carajos mira a Adriana como si quisiera comérsela?

​Dante parpadea, sorprendido por la pregunta, pero responde sin dudar:

​—Se llama Killian. Es mi Beta... mi mano derecha y mi mejor amigo dentro de la manada.

​—¿Tu Beta?

​—Sí. Es la segunda autoridad al mando después de mí. Cuando m
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  • CUIDANDO AL ALFA EQUIVOCADO   Capítulo 45

    Capítulo 45—¿Qué pasa, Cassandra? —pregunta con voz grave.​—Quiero que me digas quién es ese hombre que está allá afuera —exijo, yendo directo al grano y apoyándome contra el escritorio—. ¿Cómo se llama y por qué carajos mira a Adriana como si quisiera comérsela?​Dante parpadea, sorprendido por la pregunta, pero responde sin dudar:​—Se llama Killian. Es mi Beta... mi mano derecha y mi mejor amigo dentro de la manada.​—¿Tu Beta?​—Sí. Es la segunda autoridad al mando después de mí. Cuando me estaba volviendo loco en la clínica porque los medicamentos de mi familia me tenían sedado, Killian fue el único que dudó de la versión de Francesca. Él no creyó que hubieras muerto en el incendio. Utilizó sus propios recursos en secreto para rastrear las cámaras del aeropuerto y descubrió que habías tomado un vuelo hacia Venezuela. Si hoy estoy aquí parado frente a ti, es porque Killian encontró tu pista.​Las palabras me golpean en el pecho como un puñetazo invisible. Me quedo muda por un se

  • CUIDANDO AL ALFA EQUIVOCADO   Capítulo 44

    Capítulo 44​Acomodo a mi hija en el centro de la cama y la rodeo con almohadas para que no se ruede. Apenas tiene un día de nacida, pero sus ojos se mueven fijamente por la habitación como si estuviera analizando cada rincón, aunque sé que realmente no ve más que sombras... bueno, o eso se dice de un bebé normal, pero estamos hablando de que mi bebé es diferente, es especial. La miro y el pecho se me llena de un amor sofocante, mezclado con un amargo recuerdo: ella tiene la sangre de la familia que intentó destruirme.​Miro hacia la puerta de la habitación. Dante está de pie en el marco, con los brazos cruzados, y es una figura imponente que parece ocupar todo el espacio.​—Te dije que no vas a dormir en mi cama —le recuerdo con voz firme, caminando hacia él sin mostrar un solo segundo de debilidad—. De hecho, no vas a dormir en esta casa. Adriana y Daniela han sido mi familia estos meses; me dieron un techo cuando tu hermana me dio la espalda y no solo eso, me amenazó y destruyó la

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    Capítulo 43​Me despierto sintiendo mis párpados pesados y cada músculo de mi cuerpo se siente como si hubiera sido arrollado por un camión de carga. Lo último que recuerdo es el dolor agonizante, la ayuda de Dante para expulsar lo que creo que era la placenta y el abismo negro al que caigo.​Abro los ojos lentamente y la luz blanca y pulcra me ciega por unos segundos. No estoy en mi habitación de la casa. Hay una vía intravenosa en mi mano, olor a antiséptico y el pitido suave de un monitor médico. Debo de estar en algún hospital.​—¡Dante! —exclamo, o al menos lo intento, porque mi voz sale como un graznido seco y rasposo.​Me incorporo bruscamente ignorando el tirón en mi abdomen. Dante está sentado en una silla reclinable al lado de la cama. Está despierto, vigilante, con la espalda recta y esa mirada de depredador que nunca descansa; se ha cambiado de ropa. En sus brazos, envuelta en una manta suave, tiene a la bebé.​—¿Cómo está? —pregunto con urgencia, mis manos buscando desesp

  • CUIDANDO AL ALFA EQUIVOCADO   Capítulo 42

    Capítulo 42—Es fuerte... —susurra Dante, y veo cómo sus ojos azules se llenan de lágrimas.​—No me toques —le advierto con puro veneno, apretando los dientes.​—Cassandra, está naciendo ahora —dice él, mirando hacia abajo.​En ese mismo instante, siento un líquido caliente correr entre mis piernas, empapando la tela del sofá y mi ropa interior.​—He roto fuente...​—Deberíamos llevarte a un lugar más cómodo.​—Mi habitación... Arriba, a la derecha. Luego pides una ambulancia y te largas —le exijo con la voz temblorosa pero firme.​Dante me lanza una mirada dura, gélida, pero no discute. Me carga nuevamente en sus brazos y sube las escaleras de madera a toda prisa. Entra en mi cuarto y me deposita sobre la cama.​Lo veo quitarse la chaqueta mojada y tirarla al suelo. Se acerca a mí, me sube el vestido y me retira las bragas. El pudor sale por la ventana ante la urgencia de la muerte y el dolor.​—No puedo, Dante... —lloro contra la almohada, rabiosa por tener que mostrarme débil ante

  • CUIDANDO AL ALFA EQUIVOCADO   Capítulo 41

    Capítulo 41​Salgo de la habitación cuando la primera contracción fuerte ha pasado y voy a la cocina para buscar un vaso con agua. Apenas toco la nevera, la segunda contracción me golpea en el vientre como un hachazo y me tengo que agarrar con desesperación a la puerta de la nevera.​Afuera, la lluvia ha decidido hacer su aparición con furia, golpeando las ventanas con la violencia de un huracán. Pero el estruendo del viento y el agua no es nada comparado con el dolor que me desgarra por dentro. Estoy completamente sola en la casa. Adriana, Daniela e Ian han ido a visitar a la abuela Ángela a otro Estado, y esta segunda contracción me ha atrapado sin aviso. El dolor no parece humano; se siente como si cada hueso de mi cadera se estuviera quebrando a la fuerza, como si la bebé luchara por abrirse paso sin importar si me destroza en el proceso.​—Todavía no… por favor, todavía no —suplico, aferrándome a la puerta de la nevera mientras se me corta la respiración.​Un relámpago ilumina la

  • CUIDANDO AL ALFA EQUIVOCADO   Capítulo 40

    Capítulo 40Han pasado seis meses desde que llegué a Venezuela. Seis meses de sol caliente, trabajo duro y una armonía silenciosa. Seguir a esas mujeres en el aeropuerto fue lo mejor que pude haber hecho; no me arrepiento de haber detenido a Adriana aquel día.​Resultó que su madre no vivía con ellas. En una pequeña casa de tres habitaciones en Los Corales, en la parroquia Caraballeda, solo vivían Adriana, su hija Daniela de 17 años y el pequeño Ian, su hijo de 9. Adriana es una madre soltera que efectivamente tuvo a su hija a muy temprana edad. Gracias a ellos he aprendido español a medias; no lo perfecciono aún, pero cada día aprendo más.​También tuve que contarles sobre mi embarazo y me ayudaron a ponerme en control en una clínica en Maiquetía. Recuerdo que fueron conmigo a mi primera cita; son tan cálidas, amables y cariñosas que me siento parte de su familia. Se emocionaron cuando el doctor dijo que tendría una niña. Daniela no cabía en sí de la felicidad; ahora la veo como a un

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