FAZER LOGINAron permaneció inmóvil durante varios segundos después de que el rugido del motor de la motocicleta se perdiera entre los edificios. El eco del aullido que había lanzado aún vibraba en su pecho, como si su propio cuerpo se negara a aceptar la realidad: la había encontrado… y la había perdido en el mismo instante.
Su lobo daba vueltas dentro de él, inquieto, frustrado, golpeando los límites de su autocontrol con una ferocidad que no sentía desde hacía años. No era solo rabia. Era algo más primario, más profundo. Una herida abierta que ardía con cada segundo que pasaba.
—Tranquilo —murmuró entre dientes, más para sí mismo que para la bestia—. La encontraremos.
Pero incluso mientras lo decía, sabía que no era tan sencillo.
Caminó hasta el centro del estacionamiento, inhalando profundamente. Sus sentidos se expandieron, buscando rastros: el olor del caucho caliente, el leve perfume de gasolina, y, por encima de todo, ese aroma. Dulce y salvaje al mismo tiempo. Único. Inconfundible.
Su compañera.
Su Luna.
Su nombre aún no lo sabía, pero su esencia ya estaba grabada en cada fibra de su ser.
El problema era la ciudad.
El concreto, el metal, los olores superpuestos, el tráfico nocturno. Todo conspiraba para borrar un rastro que, en el bosque, habría sido imposible perder. Aron apretó los puños con fuerza. Había cometido un error. Había reaccionado como alfa, como guerrero, cuando debía haber sido estratega.
—Maldita sea… —gruñó nuevamente, esta vez con menos furia y más frustración.
Se obligó a retroceder mentalmente, a analizar cada segundo del encuentro. La puerta entreabierta. El miedo en sus ojos. El reconocimiento inmediato. Ella sabía lo que él era. O, al menos, lo intuía. Eso explicaba la fuerza con la que lo había golpeado, la precisión del ataque, la huida calculada.
No era una humana común.
Y eso complicaba aún más las cosas.
El ascensor llegó con un suave timbre metálico. Aron lo observó abrirse, pero no entró de inmediato. Sacó su teléfono y marcó un número de memoria.
—Taylor —dijo en cuanto su beta respondió—. Necesito que vengas al estacionamiento. Ahora.
—¿Ocurrió algo? —preguntó el otro, alerta al instante.
—Encontré algo… o mejor dicho, a alguien.
Hubo un silencio cargado al otro lado de la línea.
—Voy en camino.
Aron colgó y finalmente entró al ascensor. Mientras subía, apoyó la cabeza contra la pared de metal, cerrando los ojos con fuerza. La imagen de aquellos ojos café, abiertos por el pánico y la sorpresa, se repetía una y otra vez en su mente. No había odio en ellos. Solo miedo. Y algo más. Algo que había reconocido demasiado bien.
Conexión.
El ascensor se abrió directamente en el nivel de su dúplex. Las luces automáticas se encendieron al detectar su presencia, revelando el espacio amplio y elegante que solía reconfortarlo. Esa noche, sin embargo, se sentía frío. Vacío.
Caminó hasta el minibar, sirviéndose un whisky sin hielo. Dio un sorbo largo, pero el ardor del alcohol no logró apagar la inquietud que lo consumía. Su lobo seguía inquieto, golpeando con insistencia.
«Ella huyó porque tiene miedo», pensó. «Y porque ha pasado demasiado tiempo sola».
Eso último lo sintió como una certeza, no como una suposición.
Unos minutos después, el sonido del ascensor anunció la llegada de Taylor. Aron dejó el vaso sobre la barra y se giró justo cuando su beta entraba al dúplex.
—Dime —exigió Taylor—. Tu voz no sonaba normal.
Aron lo miró fijamente.
—La encontré.
Taylor se quedó inmóvil.
—¿Estás seguro?
—Nunca había estado tan seguro de algo —respondió con gravedad—. Mi lobo casi pierde el control. Es ella.
Taylor exhaló despacio, pasándose una mano por el cabello.
—¿Dónde está?
—Huyó —admitió Aron, con el orgullo herido—. En una motocicleta. Rápida. Sabía lo que hacía.
Taylor frunció el ceño.
—¿Una cambiaformas?
—No lo sé. Pero no es humana común. Y sabe lo que somos.
El beta asintió lentamente.
—Entonces esto no puede manejarse como un simple encuentro de compañeros. Si ha vivido oculta… si está huyendo… puede haber más en juego.
Aron lo sabía. Y eso lo inquietaba aún más.
—Quiero vigilancia completa en los accesos —ordenó—. Cámaras, tráfico, cualquier moto que haya salido del área en los últimos treinta minutos. Y quiero discreción absoluta. Esto no sale de nosotros.
—¿Y el consejo?
Los ojos de Aron brillaron con dureza.
—El consejo no necesita saberlo… todavía.
*****************************************************************
Leyla no miró atrás hasta que estuvo a varias calles de distancia. El viento nocturno golpeaba su rostro, mezclándose con las lágrimas que no se permitía derramar. Su corazón latía con violencia, como si quisiera escapar de su pecho.
—Idiota… idiota… —murmuró, sin saber a quién se lo decía.
Sabía que ese momento llegaría tarde o temprano. Siempre lo había sabido. Pero no así. No tan de golpe. No tan… intenso.
El sonido del gruñido aún resonaba en sus oídos. Ese sonido que había marcado su infancia, que le había enseñado a correr, a esconderse, a sobrevivir.
Alfas.
Durante años había logrado mantenerse fuera de su radar. Cambiar de ciudad. De trabajo. De rutinas. Y ahora, por un descuido, por una puerta mal cerrada… todo se había derrumbado.
Y peor aún: lo había reconocido en el instante en que chocó contra él.
No por su tamaño. No por su fuerza. Sino por lo que había sentido al tocarlo.
Ese tirón brutal, visceral, que casi la había hecho caer de rodillas.
—No… —susurró, negándose—. No puede ser.
Aceleró aún más, internándose en calles secundarias hasta llegar a un edificio antiguo donde sabía que nadie la seguiría. Aparcó la motocicleta en un garaje oculto y subió las escaleras de dos en dos hasta su pequeño apartamento.
Cerró la puerta tras de sí con doble cerrojo y se apoyó contra ella, dejándose caer lentamente hasta el suelo.
Sus manos temblaban.
—Tranquila —se dijo, respirando hondo—. Ya pasó.
Pero no era verdad.
Porque, por primera vez desde que había huido, no se sentía sola.
Y eso la aterraba más que cualquier alfa.
Se llevó una mano al pecho, justo donde aún sentía el eco de su contacto. Donde algo profundo había despertado, reclamando una verdad que había pasado toda su vida negando.
—Mía… —susurró sin darse cuenta, recordando el brillo salvaje en aquellos ojos azules.
Cerró los ojos con fuerza.
Huir había sido su única opción. Pero sabía, con una certeza amarga, que él no dejaría de buscarla.
Y, en lo más profundo de su corazón, tampoco estaba segura de querer que lo hiciera.
—Por favor —Un gemido ahogado escapó de entre sus labios a medida que lentamente la consciencia la atraía de vuelta a la realidad, arrastrándola lejos del que debía ser que uno de los mejores sueños que alguna vez hubiese tenido“Estoy despierta, estoy despierta” fue lo primero que pensó mientras se incorporaba en la cama con la respiración agitada y su corazón latiendo acelerado en su pechoCreía haber olvidado apagar la luz pero sus ojos tardaron algo de tiempo en acostumbrarse a la oscuridad, la habitación apenas era iluminada por la pequeña luz de la Luna que entraba por una rendija de la cortina, intento enfocar sus ojos mientras salía del asombroso sueño que habia tenido, no sabia que la habia despertado y frunció el ceño al sentir un peso que estaba hundiendo el colchón a su ladoEl peso se movió y todo su cuerpo se tensó a medida que el miedo empezaba lentamente a abrirse paso en su interior, podía sentir un sudor frío corriendo por su espalda y en lugar de pegar la carrera s
Virginia soltó un gran bostezo para luego mirar a ambos lados para ver si alguien la habia visto bostezar sin la más mínima gracia pero no, se encontraba sola en la sala de estar, acaba de terminar de dibujar algunos bocetos de diseño para bolsos que se le habia ocurrido a lo largo de la tarde, ahora que ya no tenía mercancía disponible era buen momento para volver a coser, no podía decir que la idea no la emocionabaPero ahora estaba cansadaSonrió hacia la sala de estar, admirando su trabajo, las paredes eran beige y con cuadros de flores por los pasillos, algunas rosas y begonias estaban espaciadas por la terraza, así como algunos helechos que daban más vida al lugar, todo ello haciendo juego las cortinas que habia cosido y la nueva tapicería de los sofás y sillas, la tela era piel de durazno blanca con detalles en tonos dorados que combinaba a la perfección, a excepción de su favorito, uno con estampados en flores de color salmón, habían sido esos mínimos detalles hechos con todo
Virginia acababa de cruzar el vestíbulo, recién llegaba de haber pagado las cuentas, luego de la feria habia sido lo primero en su mente, estaba a punto de entrar al ascensor cuando de repente su teléfono empezó a sonar, después de un momento y ya dentro de privacidad en la caja de metal contesto la llamada— ¿Dónde estás?Era Maverick, y no sonaba nada felizSolo esperaba que no estuviera enterado de que estaba empezando a pagar las cuentas y que su enojo no se debería a eso, ya le habia sido que queria ser de ayuda mientras estuviera en Londres, sin embargo planea decírselo en persona muy pronto—En el ascensor. Llegando al apartamento…—Llegaré mañana, como a las 8 de la noche.Al instante una sonrisa curvos sus labios, no podía evitarlo, pronto estarían de nuevo juntos, lo había echado tanto de menos. Como una niña una noche antes de navidad, estaba segura de que no podría pegar el ojo en toda la noche después de esa noticia—Dime algo —Pidió él, su tono de voz más tranquiloElla
Dos semanas más tarde…—Es maravilloso, mi madre lo amara —Dijo sonriendo, una chica rubia, sus ojos brillantes mientras tomaba el bolso—Espero le guste —Virginia le ofreció una sonrisa al tiempo que guardaba el dinero de la compra en su monederoY esa habia sido su última venta por ese díaA su alrededor las personas se aglomeraban, no muy diferente a su estadía en el mercadillo de la ciudad, sin embargo esperaba que le feria artística fuera lo que necesitara para que sus bolsos y las cosas que confeccionaba llegaran a más personas, su corazón se inflaba de orgullo al ver las ventas que habia tenido en tan solo la mañanaHabia sido todo un reto converse a Thomas que estaría solo un par de horas fuera del apartamento, habia necesitado para ello también convencer a Maverick en el proceso antes de que se marchara al otro extremo del país por negocios, de otro modo estaba segura de que el guardaespaldas jamás hubiese dado su brazo a torcer Suspiró tomando asiento en un pequeño banco d
Ni todo el día habría sido suficiente para conocer a profundidad las maravillas que deparara Londres para sus visitantes, su recorrido habia empezado en la galería Nacional, el museo más de artes más famoso a los limites de Trafalgar, en todo el centro del país. Se trataba de la plaza más popular de Londres con el imponente monumento que recuerda la victoria de la corona británica frente a franceses y españolesVirginia no habia parado de mirar todo a su alrededor desde la ventana del copiloto con ojos asombrados en todo trayecto, no tenia la menor duda de lo colorida que estaba resultando ser la ciudad, no habia parado de apreciar la hermosa arquitectura, el estilo… Todo era simplemente maravillosoEstaba encantada con las personas de lugar, amables y en su mayoría educadas, muchos le ofrecieron amables sonrisas, en cada parada tomaba fotos para nunca olvidar aquella salida, Maverick no habia parado de colmarla de algun que otro detalle, desde dulces hasta prendar de vestir, incluso
—Sera un placer ser tu guía en este día —Murmuró Maverick con un marcado acento ingles al tiempo que hacia una pequeña reverencia y abría la puerta del copiloto para que entrara a una BMW para luego el ocupar su lugar detrás del volante, esta vez solo serian ellos dosEse día Virginia habia optado por un suelto vestido amarillo de girasoles y con un escote en V con pequeños olanes alrededor y tirantes, también habia traído consigo el gran sombrero que habia comprado el otro día, pronosticaba un soleado en su máximo esplendor al ver los rayos del sol iluminar todo a su paso desde muy temprano, ni siquiera habian a la vista alguna nube, seria un día maravillosoDe eso estaba segura—Woo—Virginia estaba impactada con el interior del vehículo, el cuero le dio la bienvenida asi como el aire acondicionado del interior, el vehículo parecía nuevo e incluso olía como tal, discretamente inhalo el delicioso aroma de algo nuevo antes de que Maverick se inclinara para abrocharle el cinturón de se







