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Penulis: vanna
last update Tanggal publikasi: 2025-12-31 01:08:06

Un secuestro intrahospitalario

El cubrebocas, los guantes, la cofia y el delantal cubrían la mayor parte de mi cuerpo y rostro. Había solicitado realizar la cirugía que le salvaría la vida a Matt Stone. El proceso era fácil: extirpar tres balas que tenía muy cerca del corazón.

Entré al quirófano lentamente mientras observaba a mis enfermeros de confianza. Leandro y Lorenzo se estaban haciendo pasar por paramédicos, esperando fuera del hospital dentro de una ambulancia, mientras Matteo estaba de
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  • Casada Con El CEO Equivocado... Lo Haré Pagar   83

    Capítulo final: Donde todo, por fin, descansaPasaron muchos años.No fue inmediato, no fue fácil, y definitivamente no fue limpio. El tiempo no llegó como un bálsamo que cura de golpe, sino como una marea lenta que, con cada ida y vuelta, se llevó un poco del dolor… aunque nunca del todo. Algunas heridas no desaparecen; simplemente aprenden a convivir con el cuerpo.Leandro sobrevivió.Eso, durante mucho tiempo, ya fue suficiente.Los meses posteriores a aquella noche en la mansión fueron borrosos, fragmentados, como recuerdos que se ven a través de un vidrio empañado. Hubo investigaciones, declaraciones, silencios incómodos y verdades a medias. La muerte de Agnese fue catalogada como un trágico desenlace en una cadena de eventos demasiado compleja para ser contada completa. Nadie quiso profundizar más de lo necesario. Había demasiados nombres importantes, demasiados acuerdos enterrados, demasiadas sombras.Lorenzo también sobrevivió.Nunca volvió a ser el mismo.Los dos hombres, uni

  • Casada Con El CEO Equivocado... Lo Haré Pagar   82

    Nuestra despedida Dejé el diario a un lado con las manos temblando y salí corriendo por el pasillo del ala privada de la mansión. Sentía el corazón golpeándome el pecho con una fuerza brutal, como si quisiera escapar antes que yo. La cinta VHS pesaba demasiado en mis manos, o quizá era todo lo que acababa de leer lo que me hundía los hombros. Mis pasos resonaban huecos, desordenados, y apenas noté cuándo Agnese y Lorenzo me siguieron hasta la sala de proyección.Encendí el viejo reproductor con torpeza. Mis dedos no respondían bien. La cinta entró con un chasquido seco. Me quedé de pie frente a la pantalla, incapaz de sentarme, con la respiración entrecortada. Agnese se colocó a mi derecha, Lorenzo a la izquierda. Ninguno dijo nada. El silencio era tan espeso que dolía.La imagen apareció con interferencias primero, y luego… ella.Sofía.Mi Sofía.Estaba sentada frente a una pared blanca, el cabello recogido de manera sencilla, el rostro pálido pero sereno. Tenía los ojos enrojecidos

  • Casada Con El CEO Equivocado... Lo Haré Pagar   81

    un diario lleno de verdadNo sé en qué momento mis manos empezaron a temblar.Tal vez fue cuando entendí que aquel cuaderno no era un simple diario, ni un lugar donde Sofía volcaba pensamientos al azar. Tal vez fue cuando sentí cómo el sudor comenzaba a recorrer mi frente, frío, incómodo, como si mi cuerpo supiera antes que mi mente que lo que estaba a punto de leer iba a destruir algo dentro de mí.Me senté en una de las sillas de la sala de espera del hospital, con mi hija dormida contra mi pecho. Su respiración era suave, tranquila, completamente ajena al terremoto que se estaba gestando dentro de mí. El mundo seguía girando con una normalidad insultante mientras yo abría, con dedos torpes, las primeras páginas del diario de Sofía.Su letra era ordenada. Demasiado ordenada.No había tachones impulsivos, ni frases a medio terminar. Cada palabra parecía pensada, medida, calculada. Como ella.“Si alguien alguna vez lee esto, quiero dejar algo claro: nada de lo que hice fue improvisado

  • Casada Con El CEO Equivocado... Lo Haré Pagar   80

    El finSostenerla en mis brazos debería haber sido el momento más feliz de mi vida.Y lo fue… o al menos eso intenté convencerme.Mi hija dormía tranquila, envuelta en una manta blanca, con el rostro sereno, ajena al ruido del mundo y al peso que yo llevaba en el pecho. Tenía las manos pequeñas, frágiles, y una respiración suave que subía y bajaba como una promesa silenciosa de vida. La miré durante largos segundos, intentando grabar cada detalle en mi memoria, como si temiera que incluso esto pudiera desaparecer.Sonreía. Sí. Pero algo dentro de mí ya no era igual.Desde que nació, desde el mismo segundo en que escuché su llanto por primera vez, supe que comenzaba una nueva vida. Una vida distinta. Una vida que no se parecía en nada a la que había imaginado junto a Sofía.El día era hermoso. El sol brillaba con una intensidad suave, cálida, como si el cielo hubiese decidido ser amable por una vez. El jardín estaba lleno de gente. Familia, amigos, rostros conocidos y otros no tanto.

  • Casada Con El CEO Equivocado... Lo Haré Pagar   79

    Buenas noches amor El dolor llegó como una ola violenta, sin aviso, sin piedad.Sofía arqueó la espalda sobre la camilla mientras sus dedos se aferraban a las sábanas blancas. El monitor marcaba contracciones cada vez más seguidas, más intensas. El aire se volvía pesado en sus pulmonos, y cada respiración parecía costarle el doble.—Respirá conmigo, amor —la voz de Leandro temblaba, pero intentaba mantenerse firme—. Estoy acá.Ella giró apenas el rostro para mirarlo. Sus ojos estaban llenos de miedo, pero también de algo más profundo: determinación. Ya no era la mujer que dudaba si quería seguir viviendo. Ya no.—No… no quiero morir —susurró con dificultad—. No ahora.El médico intercambió miradas con la partera. Algo no iba del todo bien. El parto estaba siendo más largo de lo esperado, y su cuerpo, debilitado por meses de quimioterapia, estaba dando señales de agotamiento.—Sofía, necesitamos que te concentres —dijo la doctora con suavidad—. Tu presión está bajando.Ella cerró los

  • Casada Con El CEO Equivocado... Lo Haré Pagar   78

    Esto es un pequeño error Los años pasaron de una manera extraña, casi injusta, parecía que fue ayer cuando me enteré de que estaba embarazada y que era un posible embarazo riesgoso, donde dudaba realmente si quería salvar mi vida porque creía que no valía la pena si quiera intentarlo. Pensar en que realmente estaba a punto de rendirme antes se que si quiera el cáncer comenzará a atacar de verdad los órganos importantes, me sentía como una cobarde, pero ahora ya todo eso había quedado en el pasado, como dije, los años pasaron demasiado rápido, incluso para mi, en un abrir y cerrar de ojos. No lo hicieron despacio ni con la delicadeza que uno espera cuando ha sufrido tanto. Pasaron rápido, como si la vida tuviera prisa por compensar todo lo que me había quitado antes. Un día Marco era apenas un bebé aferrado a mi pecho, y al siguiente ya caminaba solo por la casa, preguntándolo todo, observándolo todo, con esos ojos tan parecidos a los de Leandro. Creció fuerte, inteligente, decidi

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