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Capítulo 5: El mensaje de la manipulación.

Penulis: Anto_2608
last update Tanggal publikasi: 2026-07-13 18:46:37

capítulo 5: El mensaje de la manipulación.

—Debes estar cansada —continuó Jacob, retirándole la taza de las manos una vez que ella hubo tomado un par de sorbos. La colocó en la mesa de noche y la ayudó a recostarse, arropándola con la colcha de plumón—. Duerme, mi vida. Mañana será otro día. No tenemos compromisos por la mañana, así que podemos quedarnos en la cama todo el tiempo que quieras.

—Sí... mañana será otro día —repitió Emma mecánicamente, cerrando los ojos para obligar a Jacob a creer que se disponía a descansar.

Jacob apagó la lámpara principal, dejando la habitación sumida en una semi-oscuridad rota únicamente por los relámpagos lejanos de la tormenta y las luces de la ciudad. Se acomodó a su lado, rodeándola con un brazo protector. Pronto, su respiración se volvió profunda y regular, señal de que se había dormido, rendido por el cansancio y el estrés de la noche.

Sin embargo, para Emma, el sueño era una quimera inalcanzable. Con los ojos abiertos en la penumbra, fija la vista en el techo, el sonido de la lluvia comenzó a transformarse. Ya no era la lluvia de la ciudad de esa epoca, era la lluvia de una tarde de otoño, siete años atrás, en los pasillos de la Facultad de Derecho de la Universidad Central.

El recuerdo la arrastró con la fuerza de un remolino, transportándola al momento exacto donde todo había comenzado.

Siete años y medio antes...

Los pasillos de la prestigiosa facultad de leyes estaban casi desiertos a las siete de la tarde. La biblioteca central exhalaba ese olor característico a papel viejo, cuero y café frío. Emma, que en ese entonces era una estudiante brillante pero de perfil bajo, caminaba con una pila de libros de derecho corporativo entre los brazos. Estaba enamorada. Llevaba dos años contemplando en silencio a Oliver Rossi, el estudiante más destacado de la promoción, un joven de una inteligencia brillante y un atractivo físico que cortaba la respiración, pero que arrastraba una fama de ser un témpano inaccesible.

Para Emma, Oliver no era solo el heredero del imperio Rossi; era el hombre cuyos debates en clase la hacían vibrar, cuyas observaciones agudas demostraban una mente superior. Ella lo amaba en secreto, con la devoción platónica de quien mira a una estrella inalcanzable.

Aquella tarde lluviosa, Oliver la había citado en una de las aulas de tutoría privadas del tercer piso. Cuando Emma entró, con el corazón galopando contra sus costillas, lo encontró de pie junto al ventanal, con la mandíbula apretada y un fajo de documentos legales en la mano. Su padre, el viejo magnate de los mejores despachos de todo el pais, estaba muriendo de un cáncer terminal en una clínica privada, y la guerra por la sucesión ya había comenzado.

—Llegas tarde, Soler —dijo Oliver, sin girarse de inmediato. Su voz, incluso entonces, poseía esa madurez que imponía respeto.

—Lo siento, la biblioteca estaba llena —respondió Emma, dejando los libros sobre la mesa de madera—. ¿Para qué querías verme, Oliver? Tu mensaje decía que era algo urgente sobre el caso de finanzas internacionales.

Oliver se giró. No había en su rostro la menor señal de la camaradería estudiantil. Sus ojos grises estaban fijos en ella con una frialdad comercial que a Emma la descolocó. Lanzó los documentos sobre la mesa, justo frente a ella.

—No tiene nada que ver con la universidad, Emma. Tiene que ver con mi futuro. Y con el tuyo —Oliver se acercó, apoyando las manos en la mesa, inclinándose hacia ella—. Mi padre se está muriendo. El viejo infeliz ha redactado un testamento donde me deja el control total de la dirección ejecutiva de los despachos Rossi, pero con una cláusula de moralidad medieval. No confía en mí. Cree que soy demasiado inestable para mantener el apellido en alto. La condición para que yo reciba la herencia y las acciones mayoritarias es que debo estar casado antes de que él fallezca, y el matrimonio debe durar al menos un año completo bajo el mismo techo.

Emma parpadeó, confundida, sintiendo que el aire se volvía pesado.

—Yo... lamento mucho lo de tu padre, Oliver, pero no entiendo qué tengo que ver yo en todo esto. Tienes a la mitad de las mujeres de la alta sociedad suspirando por una llamada tuya. Cualquier heredera estaría encantada de...

—No quiero una heredera de la alta sociedad —la interrumpió Oliver con brusquedad—. Las mujeres de mi círculo social vienen con familias codiciosas, abogados hambrientos y contratos prenupciales que intentarían desvalijarme a la primera oportunidad. Necesito a alguien de perfil bajo. Alguien inteligente, que entienda las leyes, que sepa guardar un secreto y que sea lo suficientemente maleable como para no darme problemas. Te necesito a ti, Emma.

El corazón de Emma se detuvo. Las palabras "te necesito a ti" resonaron en su mente, pero no de la forma romántica con la que había fantaseado tantas noches en su pequeño departamento de estudiante. Era una propuesta de negocios. Fría. Calculada.

—¿Me estás pidiendo que me case contigo... por un contrato? —preguntó Emma, con la voz temblorosa, sintiendo que una parte de sus ilusiones se rompía en mil pedazos.

—Te estoy proponiendo un negocio multimillonario —corrigió Oliver, cruzando los brazos—. Si te casas conmigo mañana mismo por el civil, firmaremos un acuerdo privado. A cambio de un año de tu vida, de presentarte conmigo ante mi padre en su lecho de muerte y ante la junta directiva como mi flamante esposa, te cederé el cincuenta por ciento de los despachos principales de la firma y la mitad de las acciones que me correspondan por herencia de la empresa de tu padre, de la cual mi familia compró la participación mayoritaria hace años. Serás una de las mujeres más ricas de este país antes de cumplir los veinticinco. Un año, Emma. Un año fingiendo ser mi esposa, y luego te daré el divorcio sin pelear por un solo centavo de lo que te haya cedido.

Emma lo miró, sintiendo una mezcla de dolor profundo y una extraña, peligrosa esperanza. Oliver la miraba como a un socio comercial idóneo, un activo estratégico. No había amor en sus ojos, solo interés, la urgencia de un hombre dispuesto a todo por alcanzar el poder absoluto que su padre le condicionaba.

"Él no me quiere", se dijo Emma a sí misma en ese momento, con los ojos fijos en el contrato que descansaba sobre la mesa. "Solo me quiere por interés. Me ve como una herramienta".

Pero ella... ella estaba perdidamente enamorada. Ingenua, romántica y estúpida, una parte de su mente juvenil le susurró que un año era tiempo suficiente. Que viviendo bajo el mismo techo, compartiendo los días y las noches, ella lograría romper esa coraza de hielo. Que Oliver terminaría descubriendo que ella no era solo una abogada útil, sino la mujer de su vida. Aceptó el trato no por las acciones, no por los despachos, sino por la delirante fantasía de que el amor contractual podría transformarse en un amor real.

—Acepto —había dicho esa tarde, firmando el documento bajo la mirada satisfecha y fría de Oliver, sellando su propio destino.

Lo que la Emma del pasado no sabía era que ese año de matrimonio no sería el inicio de una historia de amor, sino el comienzo de un calvario donde Oliver Rossi le haría la vida miserable, utilizándola y despreciándola, hasta que el divorcio posterior la dejó tan destruida que tuvo que huir del país.

Año actual...

Un trueno ensordecedor sacudió los ventanales de la suite presidencial, devolviendo a Emma a la realidad del presente de golpe. Se incorporó en la cama, con la respiración agitada y la frente perlada de sudor frío. Miró a su lado; Jacob seguía durmiendo plácidamente, con el brazo extendido hacia el lugar que ella acababa de desalojar.

Emma se llevó las manos a la cabeza, sintiendo el peso de la decisión que debía tomar. A las nueve de la mañana debía estar en la oficina de Oliver. Si no iba, Oliver destruiría su relación con Jacob revelando el matrimonio del pasado. Pero si iba... sabía que Oliver volvería a utilizarla, que volvería a atraparla en su red de poder.

Se levantó con cuidado de la cama, descalza, y caminó hacia el ventanal para mirar la tormenta sobre la ciudad. Fue en ese momento cuando el reflejo del cristal le mostró algo que la hizo helarse la sangre.

Sobre la mesa de noche, justo al lado de su anillo de compromiso, la pantalla de su teléfono celular se iluminó en el silencio de la madrugada. No era una alarma. Era un mensaje de texto de un número desconocido, pero el contenido del mensaje hizo que el corazón de Emma dejara de latir por completo.

El mensaje decía:

" Te espero mañana en mi oficina no arruines tu futura familia feliz".

Emma miró el teléfono, luego el rostro dormido de Jacob bajo la penumbra, sintiendo que el suelo volvía a desaparecer bajo sus pies. ¿Enma debia ir y dejar que Oliver la manipulara? La intriga se cerró sobre ella como una telaraña mortal de la que ya no había escapatoria.

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