INICIAR SESIÓN—Padre, no es posible que me obligues a casarme o no me darás la herencia.
La voz de Noah sonó fría, controlada… pero sus ojos ardían de furia.
Frente a él, Richard Lancaster permanecía sentado detrás del enorme escritorio de caoba, completamente imperturbable. La lluvia golpeaba los ventanales de la oficina principal de Lancaster Group mientras el ambiente entre ambos hombres parecía cargado de electricidad.
—Escúchame bien, Noah —dijo el mayor con absoluta calma—. Lily tiene cuatro años. Cuatro años desde que la zorra de su madre los abandonó. Tu hija necesita una madre y tú una esposa.
Noah soltó una risa amarga.
—¿Una esposa? ¿Sabes cuántas mujeres se acercan a mí por dinero? ¿Tú crees que tratarían bien a Lily? ¿Sabes cuántos casos de maltrato existen donde los hijos terminan muertos a manos de madrastas enfermas?
Golpeó el escritorio con fuerza.
—¡Lily es mi hija! Mi razón de vivir. La única mujer en el mundo que me interesa.
Richard ni siquiera pestañeó.
—Te doy seis meses.
Noah lo miró con dureza.
—¿Qué?
—Seis meses para encontrar una mujer adecuada. No me importa si tiene dinero, apellido o estatus. Mientras sea educada y quiera a Lily, será suficiente para mí.
El silencio se volvió pesado.
Entonces Richard añadió con una frialdad brutal:
—Mientras tanto congelaré el cincuenta por ciento de tus activos. Y si en seis meses no estás casado… lo perderás todo.
Noah sintió que la sangre le hervía.
—No serías capaz.
Richard se puso lentamente de pie.
Los mismos ojos color miel que Noah veía cada mañana en el espejo lo observaron sin una pizca de compasión.
—Cualquier juez del mundo me daría la custodia de Lily si tú no tienes dónde caerte muerto.
El aire se congeló.
Por primera vez en años, Noah sintió verdadero odio hacia su padre.
Tomó su saco con brusquedad y salió de la oficina dando un portazo que hizo temblar las paredes.
En la mansión Hale, Olivia llegaba agotada después de otro largo día de trabajo.
Apenas entró, Kyra la miró de pies a cabeza y sonrió con desprecio.
—Ve a cambiarte. Papá quiere que te lleve a un bar.
Olivia frunció el ceño.
—¿Qué? Yo no bebo. No quiero salir, estoy cansada.
Kyra puso los ojos en blanco.
—Por Dios, Olivia, pareces una anciana de cuarenta años.
—Tengo turno mañana temprano.
—Y yo tengo una vida social que mantener. Muévete.
Olivia intentó seguir caminando hacia su habitación, pero la voz de su padre la detuvo desde el comedor.
—Hazle caso a tu hermana.
Ella se giró lentamente.
—Padre, de verdad no quiero ir.
—¿Y qué haces encerrada siempre? Pareces un fantasma en esta casa. Deberías agradecer que Kyra intenta incluirte. Además en estas cuatro paredes, jamás encontrarás esposo, entiende debes casarte.
Kyra sonrió fingiendo dulzura.
—Claro, papi. Me preocupa que Olivia no tenga amigos.
Mentira, ella solo había accedido para verse mucho mejor si la comparaban con su aburrida hermana. A Kyra jamás le había importado ella.
Olivia bajó la mirada, sabía que discutir era inútil.
—Está bien…
Una hora después estaba lista. O al menos lo más lista que podía estar.
Llevaba jeans oscuros, una sudadera holgada y sus eternas gafas gruesas. Intentó acomodarse el cabello frente al espejo roto de su pequeña habitación, pero terminó suspirando derrotada.
Nunca lograba verse bonita, por más que lo intentara, jamás lo lograba, jamás.
Cuando bajó, Kyra soltó una carcajada.
—¿En serio irás así?
Olivia se tensó.
—Es lo que tengo.
—Pareces bibliotecaria deprimida.
El novio de Kyra, Dylan, también rio.
—Déjala, amor. Tal vez en el bar apaguen las luces.
Los dos rieron. Olivia simplemente caminó hacia el auto en silencio.
Estaba acostumbrada a todos sus desplantes.
El bar estaba lleno de música fuerte, luces de neón y gente hermosa.
Olivia se sintió fuera de lugar apenas entró.
Kyra, en cambio, parecía pertenecer ahí.
Todos la miraban. Todos querían hablar con ella.
Mientras Olivia permanecía sentada en una esquina intentando pasar desapercibida.
—Toma —dijo Kyra entregándole un vaso.
—No quiero alcohol, no bebo, no sé beber, lo sabes.
—Solo es un cóctel suave.
Olivia dudó.
—Vamos, Olivia. No seas aburrida por una vez en tu vida —bufó Dylan.
Ella terminó aceptándolo, el líquido sabía dulce, demasiado dulce.
Después vino otro vaso, y otro, y otro.
Las risas alrededor comenzaron a escucharse más lejanas. El cuerpo le pesaba extraño. La cabeza le daba vueltas.
—Creo que… no me siento bien…
Kyra intercambió una mirada divertida con sus amigas.
—Ay, miren qué rápido se emborracha, si hasta para beber eres una inútil.
—Parece cachorrito mareado —rio otra chica.
Olivia intentó levantarse, pero casi tropezó.
Todo se veía borroso, más borroso de lo normal.
Entonces alguien chocó contra ella y sus gafas salieron disparadas.
—¡Mis lentes!
Olivia cayó de rodillas intentando buscarlos a tientas entre la multitud.
Pero no veía nada, absolutamente nada.
Las luces se mezclaban como manchas de colores y las voces eran ecos confusos.
—Creo que la nerd perdió sus binoculares —escuchó burlarse a alguien.
Las risas explotaron alrededor.
Y entonces… una mano masculina apareció frente a ella, grande, elegante.
—¿Buscas esto?
Olivia levantó lentamente la cabeza.
No podía distinguir bien su rostro.
Solo una silueta alta, oscura, peligrosamente atractiva.
Y unos ojos color miel observándola fijamente.
La mañana llegó envuelta en una tranquilidad que parecía imposible después de la pesadilla vivida el día anterior. Los primeros rayos del sol atravesaban suavemente las cortinas de la habitación mientras Bella seguía profundamente dormida, abrazando una de las almohadas de Baltazar. Él había dejado una de sus pijamas sobre ella antes de marcharse y ahora aquella suave seda conservaba por completo su aroma amaderado. Sin darse cuenta, durante toda la noche había buscado ese perfume una y otra vez, aferrándose a Baltazar, ahora se abrazaba a la prenda como si fuera el propio Baltazar quien la abrazara.Poco a poco abrió los ojos. Durante unos segundos permaneció inmóvil, recordando dónde estaba. El miedo de la noche anterior ya no estaba, solo una inmensa paz. Giró apenas la cabeza y lo primero que llamó su atención fue una hermosa rosa roja descansando sobre la mesa de noche.Sonrió.—Ya empezó...Tomó la flor entre sus manos y descubrió una pequeña nota doblada con la inconfundible l
La noche llegó envuelta en un silencio muy distinto al de cualquier otra. La mansión Lancaster, siempre llena de risas infantiles y del ir y venir de los empleados, parecía respirar con dificultad después de todo lo ocurrido. Lily insistió en dormir junto a Oliver y nadie tuvo corazón para negárselo. Los dos pequeños terminaron acurrucados en la enorme cama de la habitación principal. Oliver dormía abrazado a su hermana mayor mientras Lily protegía a su hermanito con un brazo, como si incluso dormida quisiera asegurarse de que nada pudiera volver a lastimarlo.Olivia permaneció varios minutos sentada al borde de la cama observándolos. Acarició con ternura el cabello de ambos y les acomodó la manta hasta los hombros. Solo cuando estuvo completamente segura de que dormían tranquilos apagó la pequeña lámpara de noche y caminó lentamente hasta la cama donde Noah ya la esperaba.Sin decir una palabra, se metió bajo las sábanas y se acurrucó inmediatamente contra su pecho. Noah la rodeó con
Baltazar llegó a la finca con Bella dormitando entre sus brazos. Durante todo el camino ninguno de los dos habló. El único sonido dentro de la camioneta había sido la respiración temblorosa de Bella cada vez que recordaba lo ocurrido. Él simplemente la abrazaba un poco más fuerte cada vez que notaba cómo su cuerpo se estremecía. Apenas cruzaron el portón principal, el personal abrió inmediatamente las puertas de la casa. Nadie hizo preguntas. Nadie comentó lo sucedido. Bastó con ver el rostro de Baltazar y el estado de Bella para comprender que el silencio era la mejor muestra de respeto.Subió directamente hasta la habitación principal sin permitir que nadie se acercara. Al entrar encontró todo preparado. La enorme tina de mármol ya estaba llena de
Lily se acurrucó en los brazos de Noah mientras Jack le cubría la carita con la sudadera de su tío para que no viera el horror que había alrededor. La pequeña obedeció sin protestar, aferrándose al cuello de su padre mientras Oliver seguía abrazado a Olivia, completamente ajeno a la masacre que acababa de ocurrir.Bella lloraba desconsoladamente contra el pecho de Baltazar. Él la sostenía con un brazo mientras sus intensos ojos azules recorrían lentamente el galpón. No buscaban sobrevivientes. Buscaban a una sola persona.Kyra.La encontró de rodillas, con el rostro completamente pálido, incapaz de apartar la vista de aquel hombre que acababa de aparecer como si el mismísimo infierno hubiera abierto sus puertas.Baltazar levantó a Bella entre sus brazos. Ella, completamente quebrada, escondió el rostro en su cuello buscando refugio en aquel aroma amaderado que tanto amaba.—Te atreviste a dañar a mi gatita... y a su familia.Kyra levantó la cabeza con rabia.—¿Quién mierdaaa eres tú?
El hombre que intentaba agredir a Bella cayó pesadamente sobre su cuerpo. La sangre comenzó a extenderse lentamente bajo él mientras sus ojos permanecían abiertos, completamente vacíos. Al mismo tiempo, varios disparos resonaron dentro del galpón. Uno tras otro, los hombres de Kyra fueron cayendo reducidos por los Lirios Negros. Los que alcanzaron a sobrevivir fueron obligados a arrodillarse con las manos detrás de la cabeza, apuntados por decenas de armas mientras mantenían la mirada fija sobre el suelo. Nadie se atrevía a levantar la cabeza. El olor a pólvora, sangre y concreto húmedo se mezclaba con los gritos de dolor de los heridos.Kyra observaba toda la escena completamente paralizada. Sus ojos iban de un lado a otro sin comprender cómo, en apenas unos segundos, todo el control que había tenido sobre la situación se había desmoronado frente a ella.Entonces unos pasos comenzaron a escucharse.Firmes, lentos, pesados.El sonido de las botas hizo crujir los vidrios rotos esparcid
En la camioneta, Bella abrazaba a Oliver detrás de Noah como si tuviera miedo, escondiendo su reloj de los hombres que le apuntaban con un arma. Mandó la ubicación a Baltazar y un mensaje de voz.—Amor, nos secuestraron. Ayúdame, tengo miedo.Entonces sacó el reloj y lo metió en el bolsillo del chalequito del pequeño Oliver, quien se aferraba a los brazos de su tía.—Soy un hombre con mucho dinero. Díganme cuánto les pagó esa loca y yo les doblaré la cantidad.—Lo siento, señor Lancaster. Ella compró el trabajo. No llevarlo a cabo nos costaría la cabeza. Es la ley de la banda.Olivia se aferró a Noah temblando, abrazando a Lily, mientras Bella silenciaba su reloj escondido en el chalequito de Oliver sin que los hombres se dieran cuenta.Pasaron unos minutos y llegaron a un galpón. Los hombres armados llegaron y los tiraron al centro, amarrándolos. A los niños los apartaron.—¡Deja a mis hijos! —gritó Olivia.—Tranquila, hermanita.Entró Kyra con una sonrisa llena de locura.—Pronto lo







