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Capítulo 4

Autor: Luz Aceituno
last update Data de publicação: 2024-04-10 03:01:39

Como bromeando, Marión, ha seguido diciendo que puede chantajearme. Ahora no se conforma con decirlo cuando estamos solas. También, lo hace delante de compañeras de estudio y de trabajo. Incluso lo hizo delante de Eduardo quien la increpó aludiendo a la lealtad de equipo. Cosa que le causó gracia a Marión. Se puso a reír como loca. 

Tras la amenaza que mi compañera hizo delante de Eduardo, tuvimos una larga conversación con él para acordar de qué forma seguiríamos encontrándonos. Quise aprovechar de contarle quién era mi esposo, pero, él insistió que no quería saber nada de mi vida matrimonial. Luego seguimos hablando sobre cómo llevar nuestra relación. Llegamos a la conclusión que solo nos veríamos en su departamento. Nunca nos reuniríamos en lugares públicos. Y en el cabaret me trataría como a una bailarina más. La idea era ocultar lo nuestro a todo el mundo. En especial a Marión y a mi cónyuge.

Después de este acuerdo, comenzamos a vernos casi todos los días. Nos reunimos a almorzar de lunes a viernes en su departamento, exceptuando, cuando él tiene alguna reunión de negocios. Yo no tengo problemas con ausentarme a la hora de almorzar en mi hogar. Mi esposo nunca almuerza en casa. Además, él cree que me ausento por las tardes por los estudios de danza y el ensayo del baile. Así que junto con almorzar me entrego al placer con mi amante. 

Eduardo es muy lúdico en la cama. Descubrí que yo también lo soy. Mi marido es muy tradicional y no varía mucho a la hora de tener sexo, en cambio, mi concubino es muy creativo y extremadamente apasionado. Me encanta aprender y experimentar nuevos juegos sexuales con él. Me siento más joven y más libre. Me hace olvidar que soy la esposa de un médico que no me ama y que me es infiel descaradamente. 

Tampoco puedo culpar a Cristian por no amarme. Nuestro matrimonio fue por conveniencia. Él nunca me ha tratado, ni respetado como su esposa en la vida privada. Frente a los demás se muestra como un esposo amoroso y preocupado. Nada que ver como me trata cuando estamos solos. En privado, yo soy una muñeca con la cual puede jugar cuando a él se le ocurra. Desde que supe que tenía un amante menos entiendo que no quiera divorciarse de mí. 

Eduardo es muy distinto a Cristian a la hora de tratarme. Es amable y cálido. Incluso me atrevería a decir que es amoroso conmigo, pese a que, nos conocemos hace poco. Me encanta estar a solas con él. Me siento una mujer valiosa y deseada. Aunque no puedo negar que a veces me siento culpable de ser su amante. Sea como sea yo tengo un esposo al cual debiese serle fiel. Y a veces me conflictúa la diferencia de edad. Estos malos pensamientos no duran mucho, ya que,. él se encarga de traerme a un presente que me encanta. 

Otra diferencia que hay entre Cristian y Eduardo es su aspecto físico. Mi amante es un hombre muly guapo, en cambio, mi esposo es un tipo común y corriente. Tiene el pelo y los ojos oscuros, en cambio, mi concubino tiene el pelo castaño y unos ojos de gato dominante que me fascinan. Si no fuera por los apellidos y porque conozco la historia de la “oveja negra” de la familia jamás me habría imaginado que ellos son hermanos. No se parecen en nada.

Mientras bailaba en el cabaret pensaba en lo anterior. Y me alegré genuinamente que estos hermanos no se parecieran. Eduardo es mi lugar seguro. Un refugio a la vida de m****a que Cristian me da. Mi esposo se limita a darme cosas materiales, pero, se olvida que tengo sentimientos y emociones. Mi amante con sus atenciones y su forma de tratarme se encarga de llenar todos los vacíos que mi cónyuge no cubre.

Tras terminar mis horas de trabajo me fui a la academia. Me encontré con la ingrata noticia que mi marido había estado ahí. Habló con la directora para pedirle que me convenciera de no seguir estudiando. A cambio le ofreció una alta suma de dinero, lo cual, ella no aceptó. Al enterarme me puse a llorar de rabia. No entendía como Cristian podía llegar a esos extremos con tal de controlarme. Catalina, la directora, me sugirió analizar mi vida matrimonial y de ser necesario me recomendó divorciarme. Ella es feminista, por lo que, los machos retrógrados le dan alergia.

Al llegar a la casa, como ya era costumbre, Cristian estaba bebiendo Whisky. Me preguntó cínicamente cómo me había ido. Yo exploté. Lo increpé de mala forma por lo que había hecho. Le dije que el ser su esposa no me convertía en algo de su propiedad, por lo que, no tenía ningún derecho de tratar de coimear a la directora de mi academia para que me convenciera de no seguir estudiando ahí. 

—No voy a seguir financiando tus caprichos, Ángela—dijo Cristian interrumpiendo mi reproche.

Le respondí que no necesitaba su dinero. Que tenía ahorros con los cuales podía pagar mis estudios y todo lo que necesitara. Él me amenazó con cerrar las cuentas bancarias bipersonales que teníamos juntos. Yo había tenido la precaución de abrir una cuenta de débito donde guardo mis ahorros. Lo hice en un banco donde él no es cliente, por lo tanto, solo yo podría gestionar su cierre. 

Se levantó y se dirigió hacia mí. Me tomó del cuello y me empujó hacia la pared. Me costaba respirar. Y ya estaba aburrida de escuchar sus amenazas. Le pedí que me soltara. No lo hizo. Le pegué un rodillazo en su entrepierna. Me soltó y se agachó por el dolor. Le dije que esta era la primera y última vez que él iba a maltratarme de esta forma. Le advertí que la próxima vez lo denunciaría a la policía y que contactaría a un abogado para iniciar los trámites de divorcio. Sé que no quiere ninguna de las dos cosas, por lo que, creo que no volverá a vejarme físicamente. 

Luego me fui a duchar. Cuando salí del baño él no estaba. Seguramente, había ido donde su amante y pasaría la noche con ella. No cené. Solo comí una ensalada de frutas que me preparó Ana. Luego me acosté, pero, no pude dormir. Pasé toda la noche despierta y sola rumiando lo acontecido recientemente. 

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    Pensé que el tema judicial iba a ser más fácil y más corto en el tiempo, pero, no fue así por la intervención de la familia Marín de la Cruz. Ellos trataron de armar un caso en contra mía. Me acusaban de matar a sangre fría a Cristian y a Eduardo. Las indagaciones no le dieron el favor a esta gente y salí libre de toda acusación.La alegría de no tener temas legales pendientes se vio empañada por la muerte de Eduardo. No fue repentina. De a poco fueron disminuyendo los movimientos involuntarios, su temperatura era cada vez más baja, lo mismo pasaba con el pulso y la presión, entre otros.Yo estaba trabajando en el departamento de Eduardo y me llamaron avisando que él estaba grave. Me indicaron que llegara rápido si quería despedirme de él. Tomé la cartera y salí corriendo en busca del auto. Manejé a una velocidad más rápida de lo habitual. Y corrí hacia la unidad donde estaba internado mi novio.Cuando llegué en la habitación estaba el médico junto a personal médico. Les pedí que me d

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