Mag-log inLa puerta de la habitación fue cerrada a duras penas. Entre besos y caricias se fueron desvistiendo mutuamente, el desespero estaba presente en cada una de sus manos, las cuales parecían nunca estar conformes de tocarse. Se entregaron a la pasión en aquel motel de paso, uno que vieron de camino a la universidad, y al cual simplemente no pudieron resistirse a entrar. Necesitaban consumar aquella relación que recién iniciaba. Porque sí, aquel sería el inicio de noches fugaces cargadas de adrenalina y una entrega sin límite. La entrega de dos amantes. —Patri...Sophie no era capaz de articular ninguna palabra coherente. Se sentía ida, perdida, entre aquella pasión desatada. Los dos se movían al ritmo de la necesidad que sentían sus cuerpos: más profundo, más rápido, más intenso.Pero nada parecía ser suficiente. Necesitaban más y más del cuerpo del otro. Se besaban con desesperación, mientras sus partes se encajaban repetidamente. El sudor y los fluidos de ambos inundaban aquel colc
—Lindo anillo —halago Luisa a la hora del almuerzo.Sophie miró el anillo que usaba en su mano izquierda, un instante antes de levantar su mirada y encontrarse de frente con unos ojos dorados. Le mantuvo la mirada por un segundo a Patrick, un segundo en el que parecieron decirse muchas cosas y que a la vez no se dijeron absolutamente nada. —¿Es de compromiso? —se interesó Laila. —No es de promesa —contestó Roberto por ella, tomando su mano y acariciándola suavemente. —Oh, quiere decir que piensan casarse en un futuro. —Sí, algún día —decidió responder finalmente. Esa era la verdad. Si iba a casarse con alguien, ese alguien tenía que ser Roberto.La conversación murió después de eso y decidieron pasar a otros temas. Sophie pudo percatarse de que Patrick la estaba viendo más de lo normal y eso de alguna forma la puso nerviosa. Una hora más tarde, cuando salía de una de sus clases, el muchacho la interceptó en uno de los pasillos de la universidad. Sus intenciones eran desconocidas
Todo había terminado. Los días volvieron a la normalidad, a aquel ritmo monótono que siempre los había acompañado. Ya no había búsquedas en los pasillos, ya no había esa sensación de peligro y excitación a la que rápidamente se había acostumbrado. Ahora, cuando su mirada se encontraba con aquellos ojos dorados, no había más que un mínimo reconocimiento de parte de ambos.Eran como dos extraños que compartían juntos un secreto. El secreto de haberse unido carnalmente, de haberse entregado a una pasión que estuvo a punto de dejarlos a ambos calcinados. Afortunadamente, pudo detenerlo a tiempo... O, por lo menos, eso esperaba. -Amor, no olvides lo de esta noche -le dijo Roberto un instante antes de darle un beso en los labios.-No lo he olvidado, amor. Nos vemos más tarde -se despidió de su novio, bajándose del auto que acababa de dejarla en la puerta de su casa. La castaña se adentró a aquel lugar tan conocido, pensando en la cena a la que asistiría dentro de unas horas. Los padres
Cuando Sophie regresó del baño, evitó mirar a la pareja que tenía delante. No hizo ningún comentario para llamar la atención e incluso las palabras que salieron de su boca fueron contadas. Se concentró solamente en su novio y en la bonita relación que habían cultivado con el paso de los años. Porque sí, a pesar de su reciente infidelidad, las cosas con Roberto siempre habían sido muy sanas. Se enamoraron desde niños, niños que se regalaban cartas y se sonrojaban cuando compartían miradas. Todo fue fluyendo a paso lento, un día a la vez, hasta llegar a lo que habían formado hasta entonces.Roberto había sido su único novio, al igual que ella de él y por eso su padre, tan estricto, no se había opuesto. Quizás esa falta de experiencia fue lo que la motivó a lanzarse en los brazos de otro. Quizás se dejó engañar por aquel concepto que había escuchado tantas veces en el pasado. "Experimentar" ¿Qué de bueno podía haber en eso? Tarde descubrió que nada, tarde se dio cuenta de que aquel
Sophie se removió incómoda en su silla, cuando su novio se acercó peligrosamente. Se suponía que habían ido a la casa de Roberto a estudiar para un examen importante que tenían el viernes, sin embargo, su novio parecía creer que había oportunidad también para hacer otras cosas. Nada estaba más alejado de la realidad, porque no podía dejar que se le acercara. No cuando su cuerpo estaba lleno de marcas luego de su reciente encuentro con el mayor de los Morgan.—Es importante que nos concentremos en esto, Roberto —lo regaño, cuando el muchacho quiso remover la bufanda que estaba usando en su cuello. —Lo sé, amor. Pero no nos tomará mucho tiempo —insistió él con una voz insinuante que no le provocó nada. —No, necesito concentrarme —se rehusó, pero el verdadero motivo radicaba en lo que tenía oculto tras aquella prenda. Apenas habían pasado dos días desde el encuentro con Patrick, las marcas que había dejado en su cuello y hombro seguían vigentes. No podía permitir que Roberto las viera
—¿Qué crees que estás haciendo? —preguntó la castaña entrando detrás de él al baño de hombres. Ciertamente no estaba pensando, solo actuando movida por los celos.Patrick se giró para descubrir a una Sophie de mirada furiosa que parecía reclamarle algo, aunque no tenía ningún derecho a hacerlo. —¿Disculpa? —le parecían insólitas este tipo de escenitas.—No permitiré que te burles de mi amiga —le hizo saber la razón de su molestia, aunque esa no era ni de cerca la causa. El muchacho bufó antes de responder con indiferencia: —Eso no te lo crees ni tú misma. —Laila es mi amiga y sé muy bien que no la quieres, así que te pido que la dejes tranquila. —¿Y quién eres tú para saber a quién quiero y a quién no? Hazme un favor y deja de perseguirme —le soltó rudo, haciendo que toda su firmeza temblará para dejar en su lugar una sensación de vacío que no podía llenar con nada. ¿Por qué sus palabras le dolían si ya sabía que era un malnacido?Sophie sintió un malestar en el pecho ante la pos







