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Capítulo 3

Autor: T. Lili
Lulu Méndez era la mejor amiga de Elena y también quien la había ayudado la noche anterior a ponerle excusas a Bruno.

Como no quería causarle problemas a su amiga, decidió no seguir discutiendo con él.

—Ya —respondió ella con frialdad.

Bruno, al ver su reacción, no sospechó nada. Al fin y al cabo, Elena estaba perdidamente enamorada de él y confiaba plenamente en todo lo que él hacía.

—Amor, tengo que decirte algo.

—¿Qué?

Elena sabía que aún no era el momento de enfrentarlo, tenía que seguirle el juego o todo su plan se arruinaría.

—Valentina está embarazada y no se siente muy bien de salud. Los padres quieren que se venga a vivir un tiempo con nosotros. Como eres nutricionista profesional, podrías cuidarla. Total, como tú nunca vas a poder quedar embarazada ni tener hijos, aprovecha esta oportunidad para ver qué se siente estar en ese estado.

Cada palabra de Bruno se clavó en el corazón de Elena. Aunque se obligaba a enfrentar la realidad, el dolor era inevitable.

Tenía que cuidar a Valentina solo para experimentar lo que era un embarazo. Pensó: "¿Acaso les debo algo de una vida pasada?"

Estaba tan furiosa que sentía una punzada en el estómago y tenía ganas de mandarlo todo al diablo y desenmascararlo en ese instante, pero eso solo beneficiaría a ese par de cínicos.

Respiró hondo y dijo con desdén:

—¿Está embarazada y quiere que yo la cuide? ¿Acaso se murió el padre?

—Elena. No hables de forma tan grosera —respondió Bruno molesto, usando un tono autoritario.

—Ya basta, sé más generosa. Vuelve ahora mismo a preparar la habitación, que esta tarde iré a buscar a Valentina. Elena, mira cuánto me esfuerzo para que tu relación con la familia Castillo mejore.

Sin esperar respuesta, Bruno colgó.

Para él, Elena solo debía obedecer sin cuestionar cualquier decisión que él tomara. Pero ahora que ella conocía su verdadera cara, no pensaba quedarse de brazos cruzados. Si él pretendía meter a Valentina en su casa, ¿significaba que ya iban a empezar a ejecutar sus planes?

Fuera lo que fuera, Elena no iba a permitir que la siguiera manipulando.

Elena manejó hasta Villa Montegrande, la casa donde vivía con Bruno. Era una propiedad de lujo que la familia del Valle les había entregado ya decorada, pero nada de lo que había ahí era de su agrado.

En su momento no le importó. Pensó: "Mientras esté con el hombre que amo, lo demás me da igual".

Ahora se daba cuenta de lo tonta que había sido. Al dejar de lado su ceguera por amor, veía que Bruno estaba lleno de defectos. Realmente había estado muy equivocada con él.

Estacionó el auto y entró a la villa con el cuerpo todavía dolorido.

Fue directo al depósito y salió con una pala de hierro en la mano.

Ya que iban a recibir a una invitada de honor, necesitaba darle una bienvenida a la altura.

Se paró en la entrada, apretó la pala con fuerza y, con una mirada gélida, la lanzó con todas sus fuerzas contra un mural de vidrio carísimo que decoraba el ingreso. Bruno le había dicho que esa pieza valía unos 500 mil dólares.

Se escuchó un estruendo metálico seguido del sonido de los cristales rompiéndose.

Ese ruido rompió el silencio de la villa y pareció darle energías a Elena. Empezó a revolear la pala contra todo lo que encontraba a su paso, desde la entrada hasta la sala.

¿El sofá de cuero de edición limitada? Destrozado.

¿Los jarrones y adornos antiguos? Al suelo.

¿Y las pinturas abstractas que Bruno había colgado solo para presumir? Hechas pedazos.

Por donde ella pasaba, no quedaba ni un solo objeto en pie.

Al ver el caos que había provocado, finalmente se sintió mucho mejor.

Después de tanto esfuerzo, estaba empapada en sudor, así que fue a su habitación a darse un baño con agua caliente.

Al quitarse la ropa y verse al espejo, notó que su piel blanca estaba llena de marcas. Además, se dio cuenta de que estaba sangrando un poco. Pensó: "¿Será que anoche me lastimó?"

En ese momento se había dejado llevar por el impulso, pero ahora, calmada, sentía que había sido muy arriesgada. Pensó: "¿Y si me contagió alguna enfermedad?"

Acababa de salir de un pozo y no quería caer en otro abismo.

Tenía que ir al hospital a hacerse un chequeo y un análisis de sangre.

***

Poco después, Elena llegó al Hospital Central. Había sacado el turno por el celular mientras esperaba en los semáforos, eligiendo específicamente a un médico jefe de ginecología. Su lógica era simple: cuanto más cara la consulta y más alto el cargo, mejor sería el médico.

Siguiendo las indicaciones de la pantalla, entró al consultorio y saludó con cortesía:

—Buen día, doctor.

Detrás del escritorio estaba sentado un hombre con bata blanca y anteojos de marco dorado. Llevaba mascarilla, pero no podía ocultar ese aire de elegancia y frialdad que emanaba.

Parecía alguien muy distante.

Por la luz, Elena no pudo verle bien la cara, pero le resultó extrañamente familiar.

¿Será porque se parecía a un famoso?

Dejó de lado sus pensamientos y se sentó.

—¿Qué le sucede? —preguntó el hombre con una voz grave y clara.

Él levantó la vista y la miró con ojos oscuros y expresión indiferente.

Elena bajó la mirada para evitar el contacto visual, por lo que no notó que, detrás de los lentes, los ojos del médico brillaron con una intensidad difícil de captar.

—Tengo un poco de sangrado.

—¿Sangrado? Explíqueme con detalle —dijo él.

¿Con detalle? ¿Cómo se suponía que explicara algo así? Elena se sentía muy incómoda.

—Es en la parte de abajo. Estoy sangrando un poco.

—¿En dónde exactamente?

—Abajo —susurró ella con una voz casi imperceptible.

—¿Cuál fue la causa? —preguntó el doctor.

—Supongo que fue por el roce.

¿Cómo le iba a decir que fue por culpa de un hombre?

"¿Aún estoy a tiempo de pedir que me cambien el médico?", pensó.

Cuando reservó el turno no se fijó en el sexo del doctor, solo buscó al de mayor rango.

Pero sus dudas se disiparon rápido.

El hombre se levantó, rodeó el escritorio y se dirigió a la sala de examen.

—Pase, voy a revisarla —dijo con voz indiferente.

A Elena se le aceleró el corazón.

Pensó: "¿Revisarme? ¿Cómo?"

Se quedó paralizada y trató de negarse.

—No hace falta que me revise, solo quería que me recete algún medicamento.

Él no se detuvo y entró a la sala.

—En ginecología, la revisión es la base de todo. Hay muchas causas para un sangrado y, si no reviso bien, no puedo darle el tratamiento adecuado —explicó él con un tono profesional y tranquilo, como si fuera un procedimiento de rutina.

Elena sentía que se moría de la vergüenza. Apretó las manos y volvió a insistir:

—Es que es algo sin importancia.

—Señorita Elena, el tiempo en el hospital es valioso —dijo el hombre con voz profunda—. Si se demora más, retrasará al resto de los pacientes. Si quiere, puedo llamar a una enfermera para que esté presente.

Elena sintió que no tenía escapatoria.

Ya había perdido mucho tiempo y no quería causar más molestias, así que no le quedó otra que levantarse.

Respiró profundo y se dijo a sí misma que para un médico todos los pacientes eran iguales.

Sí, exacto. ¿A qué le tenía miedo? Al fin y al cabo, era un completo desconocido.

Caminó hacia adentro con pasos lentos, sintiendo que sus pies pesaban tanto como los latidos de su corazón.
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Último capítulo

  • Del matrimonio falso a esposa del heredero supremo   Capítulo 20

    Si ella no podía dormir, entonces había personas que tampoco.Movida por un impulso casi involuntario, Elena abrió la aplicación de las cámaras de vigilancia de Villa Montegrande.Eso se lo debía a Lulu. Cuando había comprado muebles de segunda mano, de paso había mandado instalar varias cámaras.Abrió varias pantallas a la vez y, en la de su dormitorio principal, vio a alguien.Valentina estaba recostada en su cama, sin el menor reparo, incluso con una expresión de autosatisfacción descarada.Era repugnante, sencillamente repugnante.¿De verdad le gustaba ese tipo de perversión?Está bien. Algún día les mandaría un gran regalo a los dos.En la pantalla, Bruno salió del baño con una toalla alrededor de la cintura. Caminó directo hacia la cama y se lanzó sobre Valentina, con una mezcla de pericia e impaciencia.Elena no tenía ningún interés en seguir viendo algo tan desagradable. Tomó el celular que usaba para el trabajo y, sin apartar la vista de la pantalla, marcó el número de Bruno.

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    Aquella señora era, al parecer, la segunda esposa.La primera había fallecido joven y había dejado un hijo, aunque su relación con la familia Aguirre no era precisamente cercana.Pero, al fin y al cabo, donde hay madrastra, suele aparecer también un padrastro. Ni siquiera las familias adineradas se salvan de eso.A las diez de la noche, Elena volvió a ducharse y luego hizo una videollamada a Lulu. Quería saber si había algún avance con el asunto de Bruno.Colocó el celular sobre la mesa de noche y, mientras se aplicaba crema corporal, esperó a que la llamada se conectara.En cuanto escuchó el sonido de conexión, habló sin mirar la pantalla:—Cariño, te digo algo. En la próxima vida sí o sí voy a conquistar al heredero de la familia Aguirre, te voy a llevar conmigo a vivir rodeada de lujos. Lástima que en esta vida ya no se pueda.Levantó una pierna y la apoyó en el borde de la cama, presionó el dispensador y extendió una buena cantidad de crema por la pantorrilla.—Por cierto, ¿hay alg

  • Del matrimonio falso a esposa del heredero supremo   Capítulo 18

    El primer día de trabajo de Elena en la mansión Aguirre fue todo un éxito.Durante la cena volvió a ganarse el gran reconocimiento de Doña Aguirre, quien incluso la invitó a que, de ahora en adelante, comieran juntas.Con la cena terminada, también daba por finalizada su jornada laboral.Aun así, no se quedó quieta. Fue a buscar al chef y le pidió un frasco de vidrio. Dentro colocó algunas verduras que había pedido al mediodía a AndrésLos cubrió con sal y agua limpia, añadió unos granos de pimienta fresca y unas gotas de licor fuerte. Tras dejarlos en remojo alrededor de una semana, servirían como un acompañamiento fresco y apetitoso.El mayordomo Andrés sonrió y comentó:—Señorita Elena, con todo el cuidado que pone para la Doña Aguirre, seguro que le va a encantar.—Andrés, mejor llámeme por mi nombre —respondió ella mientras llevaba el frasco a un lugar fresco—. Cuando esté listo, que todos lo prueben. Si hay algo que mejorar, díganmelo.—De acuerdo, entonces te llamaré Elena.—Gr

  • Del matrimonio falso a esposa del heredero supremo   Capítulo 17

    Todas las miradas se dirigieron entonces hacia Elena, que estaba de pie junto a Doña Aguirre. Mantenía la espalda recta, vestida con una camisa blanca y pantalón negro. Su rostro era sencillo, pero delicado.Inclinó levemente la cabeza ante los presentes.—Las enfermedades de base de Doña Aguirre no son compatibles con alimentos altos en grasa ni en azúcar. Eso dificulta el control de su condición.Habló con calma y claridad.—El arroz integral es rico en fibra y tiene un índice glucémico bajo. La cocción al vapor es la forma más saludable de preparar los alimentos. Las verduras se adaptan a sus preferencias y, además, son adecuadas para el otoño, ayudan a aliviar la sequedad del organismo.Blanca puso los ojos en blanco mientras giraba el enorme diamante de su anillo.—Hablas muy bonito. Pero quién sabe si no nos estás tomando el pelo.—Basta.La voz de Doña Aguirre sonó de repente. Sus ojos, aunque velados por la edad, lanzaron una mirada fulminante a Blanca.—No eres quién para cues

  • Del matrimonio falso a esposa del heredero supremo   Capítulo 16

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  • Del matrimonio falso a esposa del heredero supremo   Capítulo 15

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