Había oído que en los bares todo funcionaba así.Simple y directo.Visto de cerca, aquel hombre era realmente atractivo. En especial, el lunar en la esquina de su ojo izquierdo, como un hechizo seductor que provocaba una inquietud difícil de ignorar.Elena no pudo evitar estirar la mano, pero antes de llegar a tocarlo, una fuerza firme le sujetó la muñeca.El hombre frunció ligeramente el ceño. Sus ojos profundos, en la penumbra, se veían aún más fríos. Su voz fue distante:—Aléjate de mí.Agresivo y frío.Y, sin embargo, eso solo despertó el espíritu rebelde de Elena. Tras el diagnóstico de sus problemas de salud, frente a Bruno siempre se había sentido inferior y culpable, ahora y le urgía liberarse de ese peso.Mandó la ética y la timidez a paseo, en ese momento, nada era más importante que conquistar ese hombre.Impulsada por el alcohol, se puso de puntillas de golpe, rodeó el cuello del hombre con ambos brazos y acercó su rostro ardiente al suyo, soltó en un tono que mezclaba el d
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