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last update Data de publicação: 2025-01-14 11:12:35

Desde la densa oscuridad de su despacho en casa, casi en tinieblas, su padre lo observó. 

—Sí, ve en mi lugar. Allí está la dirección —señaló con la cabeza. 

Karim no quería ir, pero terminó animado. Cogió el móvil desechable y se marchó en su auto. Estaba tan enojado esa noche, aborrecía casarse con una desconocida, y ese enojo se transformaba en un oscuro deseo por dañar a la susodicha. Apretó con fiereza el volante, dió un giró y aparcó. 

***

En un ambiente sombrío y frío, Juliette luchaba y resistía, enfrentando un huracán de incertidumbre y vulnerabilidad. Intentaba descansar en una cama precaria, pero el silencio opresivo y los miedos sin barreras lo sumergían en la desesperación. 

La extinción parecía inminente, sin escape. 

—¡Saquenme de aquí! ¡Se lo suplico, déjenme salir! —pidió con ese ardor deslizándose en su garganta. 

Pasó un tiempo allí, horas inacabables.

El dolor físico y el hambre la consumían, mientras la debilidad limitaba sus movimientos. 

En medio de la oscuridad, escuchó pisadas que aceleraron su corazón y se encogió temblando, esperando la llegada de un tercero 

—¿Está allí dentro? —soltó el tipo de voz gruesa y penetrante. 

—Sí, señor, creí que vendría su padre en lugar de usted —se escuchó alguien más, con voz sumisa. 

Juliette seguía con un retortijon en el estómago. Le daba terror no saber que pasaría con ella, aunque nada bueno sería. 

En cuestión de segundos la puerta se abrió, dejando ver a un sujeto fornido; Juliette no podía apartar la mirada del hombre de ascendencia árabe, cautivada por sus ojos verdes intensos y su apariencia imponente. Sus rasgos faciales bien definidos, como su mandíbula cuadrada y sus cejas pobladas, solo aumentaban su atractivo. El cabello oscuro y bien cuidado de este hombre enigmático, le añadía un toque de misterio. 

Y tuvo una corazonada, como si esa no fuera la primera vez que lo veía. 

El tipo se inclinó y la atravesó con potencia, antes de un movimiento brusco, apresar su barbilla, la elevó con fiereza y conectó con ella. Sus ojos ámbar llenos de temor y con todo su cabello castaño despeinado, ella tenía terror de él.  

—Eres un regalo de mi padre, ¿y sabes qué? Me encanta deshacerme de la envoltura, me divertiré demasiado contigo, Juliette —saboreó su nombre con perversidad, al tiempo de besar con rudeza su cuello y soltarla. 

—¿Q-quién eres? —titubeó con miedo, lágrimas salían sin parar —. ¡¿Quién?! 

El se volvió y sonrió soberbio. 

—Tu dueño, ¡soy tu dueño, m*****a sea! Debes obedecerme sin rechistar o conocerás mi furia, ahora levántate y sígueme —soltó con una sonrisa en los labios.

Ella quiso escupirle improperios, pero sus ojos llameantes le advirtieron que desataría el infierno allí mismo si se atrevía a decir una sola palabra. 

¡Era un tirano! 

"Te odio con todo mi corazón". Dijo para sus adentros, aferrada a la idea de ver la luz, pero en el solo encontraría un rayo carbonizado. 

Algunos minutos pasaron, Juliette temblaba de miedo, pero sabía que no tenía opción. Se levantó con dificultad y lo siguió, sintiendo que estaba encarcelada en su propia pesadilla.

***

En el exterior, Karim Ghazaleh empezaba a sentirse aturdido, ella, la virgen que su padre compró, era la joven que una vez lo miró a los ojos y le pidió que conservara su cinta rosa para el cabello, asegurando que un día se encontrarían otra vez. 

Ahora, con la respiración irregular, después de hurgar en el bolsillo de su pantalón, la encontró. 

Al percatarse de que ella estaba allí, volvió a ponerse la coraza, regresando a ser frío y dominante. 

—¿Qué demonios estás mirando? 

Juliette apartó la vista, dejó caer la cabeza; esa docilidad le fascinó al árabe. La delgada chica, estaba encapsulando todo lo que deseaba soltarle a ese cretino. 

Unas horas después se adentraba a la propiedad del millonario, el miedo trepaba en ella, que no pudo estudiar el lugar. Estaba bloqueada, solo sabía que había lujo por doquier. Y finalmente fue empujada a una habitación. 

—¡Te quedarás allí! —dictaminó antes de echarle una última mirada y ponerle seguro a la puerta. 

Ella no tocó a la puerta, no pidió por ayuda, era consciente de que su voz era silenciada en aquella jaula de oro. 

Intentaba descubrir por qué estaba allí, por qué motivo ese hombre le dedicaba odio, y qué hizo para merecer un lugar al lado de aquel sujeto detestable. 

—A partir de ahora estarás a cargo de mi prometida, Melanie, está cansada, no la molestes —ordenó a alguien más. 

—Sí, señor. 

"¡¿Su prometida?!" 

Si ya estaba aterrada, ahora aún más, al enterarse que ese cruel espécimen la forzaría a ser su esposa.

***

Juliette ya estaba bajo su dominio, en esa habitación tan desolada, pero plagada de lujo; volvió a ser atenazada por el millonario, quien la apabulló con solo mirarla. 

—¿Crees que puedes quebrar mi paciencia cada vez que te plazca? Odio que hagas eso, ¡Come! —exclamó e impacientado le tiró la bandeja de comida encima. 

La sopa caliente se derramó en las piernas de la joven, ella se quejó de dolor. El ardor la recorría con ferocidad, y él solo la miró satisfecho con la escena. 

—¡Duele mucho! 

Juliette corrió al baño y vertió con urgencia agua fría sobre la zona, creyendo que aplacaría el dolor. 

—¡Te quedarás encerrada! Hoy tampoco verás la luz del día —lanzó antes de irse cerrando la puerta. 

Se dio cuenta de que no era suficiente y que necesitaba atención médica urgente. Sin embargo, recordó que estaba encerrada y no tenía forma de salir.

El dolor seguía aumentando y las lágrimas comenzaron a correr por sus mejillas mientras intentaba encontrar una forma de escapar. Pero todo fue en vano, ya que la puerta seguía cerrada con llave y no había señal de que alguien fuera a ayudarla.

Juliette se sintió atrapada y desesperada mientras luchaba contra el dolor y la impotencia. ¿Cómo podía alguien ser tan cruel como para dejarla encerrada así? 

Karim en su habitación clavó los ojos en el látigo, su corazón bombeaba con fuerza, sus manos se humedecían de solo evocarlo. Respiraba con dificultad y las voces se mezclaban en su cabeza. 

No podría hacerlo.

Mientras que Juliette lloraba a mares en esa habitación. 

—Debes salir de aquí, podrás hacerlo —susurró desanimada, extraviada en la desazón. 

¡No, no habría una liberación para ella! 

En busca de algún ungüento para la quemadura, se topó con un cúter. Lo cogió y se lo guardó, no quería ser descubierta. Esperaba que él no se diera cuenta de su intención. Sí, Juliette solo quería matar a ese tipo y huir lejos. 

—He llegado con las frazadas, señorita Juliette ¿está allí? —era la mucama. 

—Estoy en el baño —expresó a duras penas. 

—Si necesita algo, solo dígame. 

—Gracias —se limitó a decir.

La crema para quemaduras iluminó sus ojos y pronto aplicó un poco en sus extremidades lastimadas. 

Aliviada se encontró la zona despejada más tarde. La mujer no estaba allí, se recostó sobre la cama y observó una vez más el cúter. 

¿Sería suficiente el filoso objeto y efectivo con solo hundirlo en su pecho? 

¿Lo mataría? 

No sé quedaría de brazos cruzados, necesitaba intentarlo. 

Y de pronto volvió a escuchar su voz. 

—Sí, padre, ella continúa en la habitación. 

Estaba en una llamada telefónica. Eso parecía. 

Cuando de pronto la puerta se abrió. Otra vez sus ojos furiosos y posesivos se clavaron en ella. 

"¿Por qué tenía que aparecerse de nuevo?" ¡No tenía ni un solo segundo de paz! 

Su mirada penetrante recorría la habitación, pero cuando sus ojos se posaron en ella, algo cambió. Una chispa de interés y deseo surgió en los abisales de sus ojos profundos.

La joven sintió cómo su corazón empezaba a latir más rápido y sus mejillas se colorearon levemente. Aquella mirada imperiosa despertó una mezcla de emociones en ella: intriga, pero un toque de inseguridad que le arrebataba el aire. 

¿Por qué su captor la hacía sentir así? 

El árabe, sin perder ni un segundo, se aproximó a la temblorosa Juliette. Su paso era firme y decidido, mientras ella luchaba por mantener la calma y disimular el impacto que aquel hombre poderoso tenía sobre ella.

Karim apretó con rudeza sus mejillas y cuando intentó la joven maniobrar con el cúter, su objetivo se quedó en el amago, porque él lo adivinó y se apresuró en cogerlo. 

—¿Qué m****a quieres hacer, eh? —despotricó pese a saberlo, ella se llenó de terror —. ¡¿Por qué te quedas callada?!

Su mente se nubló, solo tartamudeaba cosas incomprensibles. Hasta que hizo algo inesperado, se atrevió a besar al hombre, 

El tiempo pareció detenerse mientras sentía la correspondencia de Karim, no, no tenía que ser un momento mágico, tampoco debía entregarse por completo a él. Pero el beso, fue una sinfonía de emociones, una danza exigente y ebullición que la traspasó, trascendió incluso en él, esa extraña conexión en lo más profundo de su oscuridad. 

Pero reaccionó y la apartó de golpe. 

—No sabes qué decir, pero me besas. ¿Eres una mujer fácil? Eso sí que es interesante. 

Juliette apretó los dientes. 

—¡Te mataré! 

Él eso sí que no se lo esperaba. ¿En dónde quedó la docilidad? Ahora se convertía en una felina. Pero seguía viéndose como una gatita desesperada. 

—¡Mátame de una vez! ¡Hazlo! —desafió cerca, tirando a algún lado el cúter. 

Ella sin armaduras, no podría hacer nada contra él. Por eso se burló, una carcajada que le congeló la sangre. 

—Imbécil —masculló por lo bajo. 

Se incineró el aludido, al punto de volver a atacarla. 

—Puedo escucharte, sé tus movimientos también. No des un paso en falso, tampoco me insultes, no tendré compasión de ti, querida prometida. 

—¡No me casaré con un tipo como tú! 

Karim la soltó y recuperó el objeto filoso, antes de ponerlo sobre su delicado y delgado cuello. Ella casi se queda sin aire. 

—¿Quién dice que quiero un matrimonio como este? Pero aquí no tienes ni voz ni voto, soy tu amo, Juliette, tu futuro esposo hasta que la muerte nos separe. 

Se le cristalizaron los ojos, apenas la punta rozó su pálida piel, lo suficiente para dejar un cardenal, la marca de aquel monstruo.

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