INICIAR SESIÓNPor la mañana Génesis estuvo en una llamada con su madre todo el recorrido hacia la empresa, mientras cargó con su maletín que le entregó a uno de sus mörder al verse con las manos llenas por las carpetas y el móvil, caminando sin mirar atrás, concentrada en su trabajo, mientras las miradas se enfocaban en ella, algo de lo que era consciente, pero le daba igual.
Una mujer con su complexión y físico no era fácil de ignorar. La falda de lápiz, ceñida a su figura, realzaba sus curvas mientras sus tacones altos resonaban en el suelo de mármol. La blusa de seda, color marfil, se adhería suavemente a su piel, revelando la delicadeza de sus hombros y la línea de su cuello. En tanto su cabello caía con gracia, moviéndose con el viento y causando un bamboleo de las hebras agrupadas que iban al mismo ritmo de sus pasos. Al llegar al elevador, se detuvo un momento. Sus ojos oscuros escudriñaron la pantalla digital que indicaba los pisos. La puerta se abrió, y ella entró con la misma gracia con la que había caminado todo el trayecto. —¿Señor Crown? —exclamó con sorpresa al verlo en ese sitio. Anthony bajó el teléfono en cuanto la vio quitándose el manos libres. —¿Había…Buenos días, disculpe, pero no recuerdo que se acordara una reunión para hoy. —Por lo visto olvidó también mi nombre. —mencionó el hombre de abrigo marrón. De alguna manera inconsciente se fijó en cada detalle que veía en ella. —Lo acordé con el señor Pembroke, pero al parecer su novio tuvo un contratiempo porque no llegó a la hora pactada y no soy de los que esperan. —¿No ha llegado? —miró la hora en su reloj. —Dígale, si lo ve, que odio la impuntualidad y las personas irresponsables. —salió del elevador llamando a su chófer. —Si me dice el asunto a tratar, podemos tener la reunión y ver lo que se acordó. —habló para detenerlo. Anthony se dio la vuelta con la ceja elevada. —Si usted tiene tiempo ahora mismo, claro. Anthony se lo pensó por un momento, pero el colgante de obsidiana negra en su cuello lo distrajo al ver la figura grabada en ella. La mirada oscura que le dedicó lo dejó sin argumentos, tenía algo en ellos que lo atraía más que la obsidiana rodeado por plata. Por lo que entró de nuevo en la caja metálica y le hizo saber el tema, a lo cual la vio muy informada, confirmando lo que se decía de ella. Era una mujer muy inteligente, audaz y severamente convincente, porque jamás le había dado un minuto a nadie, pero lo hizo muy fácil en esa ocasión. Por cuanto el nombre que se estaba ganando por méritos propios era real. La vio desenvolverse muy bien en la reunión, presentando datos reales, muestras sustentadas y prototipos de lo que se podía esconder bajo las piedras o chapas de joyería. Verla inclinarse sobre la mesa lo distrajo de nuevo, su cabello se ondeó y dejó escapar el aroma a flor de cerezo que lo hizo contener el aliento y verla por un segundo. Cada rasgo de su rostro era atrayente. La suavidad de su rostro contribuía mucho a la sensación de sus dedos. En lo que ella se dio la vuelta con el rostro ardiendo sin razón alguna. —Si planeas que tu reloj sea… —Un anillo con un diamante muy ostentoso. —comentó viendo su mano, ella también lo hizo. —Pero los cortes en la piedra también revelan la pureza, señorita Blackwood. —Lo sé. Pero no es el tema. —lo esquivó con destreza. —Parece que le molesta. —atacó de nuevo, sentándose en una de las sillas sin quitarle los ojos de encima. —No lo hace, pero estoy explicando y cuando hablo me gusta que me den su atención. —exclamó con dureza, algo que a este la hizo subir una de sus comisuras. —Ya veo, Génesis. —saboreó el nombre con lentitud. Ella sintió un escalofrío cubriendo su cuerpo por completo cuando sintió al tipo observarla, al punto de perder la estabilidad en esa mesa, pero no dijo nada y solo se removió para evitar el contacto visual. Nadie la había puesto nerviosa antes, ¿porqué sucedía eso con él? No debía pensar en cosas como las que tenía en la cabeza, no cuando tenía un prometido y… —Perdón por la tardanza. —entró un apresurado Ever. —Mi auto se averió. El seguro tardó más de la cuenta y no pude hacer nada para llegar más temprano, pero si gusta podemos tener la reunión predicha. —No es necesario. —dijo Anthony. —Su prometida me dio lo que necesitaba. No tengo más tiempo, así que nos veremos hasta dentro de 3 días para ver todos los prototipos de una vez. —añadió girando en dirección de Nessi. —Puede apartar la fecha también para dentro de un mes, que será la revelación de la nueva colección de nuestra joyería y también, le puedo asegurar que tendrá su colección exclusiva. —propuso Nessi. —Es solo una invitación, la colección es suya y podemos enviarla a su casa si así lo dispone. —Asistiré el día de la revelación. —contestó Anthony sin más, extendiendo su mano. —Felicidades por su próximo matrimonio, futura señora Pembroke. El apellido junto a ese nombre le pareció una aberración, pero se abstuvo de comentar al respecto. Siendo el caballero que sostuvo la mano de la ojinegra, quien sintió esa misma llama apoderarse de su rostro y su piel al percibir la mirada imponente de ese hombre sobre ella. —Amiga, lo lamento. —dijo Carol desde la puerta. —Mi apartamento se inundó, el… ¡Anthony, que gusto verlo por aquí de nuevo! —cambió su semblante, extendiendo la mano para él. —Debo marcharme. —dijo para todos esta vez. —Pero podemos ver los prototipos en tres días. Puntualmente. —enfatizó hacia los tres, para segundos después abandonar la oficina en completo silencio. Génesis recogió lo que había desacomodado, mientras trató de no explotar como tanto quería. —Amor, lo siento si… —No me hables ahora, Ever. —dijo Nessi. —Sabes cuánto detesto la irresponsabilidad y más cuando no sé de reuniones que nos pueden poner en aprietos. —respiró profundamente. —Un retraso de unos minutos es tolerable, pero de casi dos horas, Ever. Sin ninguna llamada, no lo es para mí. —Vamos, cariño. —trató de acercarse y Carol carraspeó. —Es una falta de… —Que estemos comprometidos no te quita el papel en esta empresa. —resaltó. —Ni siquiera yo me quito esa responsabilidad y no te estoy hablando como prometida, sino como jefa. La cara de Ever fue un poema, pero cuando ese brillo de firmeza recaía en la mirada de su prometida, lo odiaba en absoluto. —No estarás hablando en serio. —Lo hago muy en serio. —destacó con firmeza. —Le prometí a mi padre y Anthony Crown no tener fallas y me haces quedar mal con ellos al segundo día. —Soy tu… —Ness, considero que no es buena idea que te pongas así por una falta. —comentó Carol. —Solo es un retraso. —Un retraso que pudo resultar en algo peor. No es algo que quiera tratar contigo. —se dio un respiro. —¿Encontraste solución para tu apartamento? —Llegó el fontanero y arreglé todo. —mencionó mirando el anillo en su dedo. —Invito el almuerzo si dejas el enojo. Nessi sonrió tensa y vio a su prometido con un suspiro agobiado, para luego aceptar la propuesta. Los engranajes se estaban moviendo por una dirección que no le gustó, pues tan solo era una coincidencia que… Sacudió la cabeza, sabiendo que no se podía desconcentrar de su trabajo esos días y eso definitivamente lo haría. No necesitaba de más estrés, pero cuando Carol le dio un abrazo, el aroma presente en su cabello lo reconoció y le hizo pensar que eran más posibilidades que tomaban fuerza. Por más que quisiera negarse ante esa opción, había algo que estaba ahí, presionando para que lo viera.Tres años después... En un sitio alejado del resto del mundo, con inexistente contacto con el mundo y la privacidad suficiente para hacerlo tener paz y tranquilidad por fin, luego de interminables meses llenos de trabajo, se encontraba Génesis sentada en una roca, mientras veía la cascada frente a sus ojos. La camisa seca cubría su cuerpo, brindando un poco de calor luego de haber estado durante varios minutos dentro del agua, algo que ahora solo se dedicaba a ver, pues logró que esa atención de sus hijos se fuera con su padre. Por lo que ver a Anthony ocupado, tratando de seguirle el paso a dos terremotos era motivo para ser espectadora. Linneth por lo visto se dedicaba a crear desafíos para poner a prueba la respuesta de su padre, quien debía lograr distraerla con alguna otra cosa, pues lograba que este no le quitara los ojos de encima en ningún momento. Linneth a sus 3 años era una niña con una energía contagiosa y una curiosidad insaciable. Todo lo que quería saber lo pregun
La luz del amanecer se filtraba suavemente a través de las cortinas de la habitación, iluminando el rostro de Génesis. Ella arrugó la cara, buscando a su lado ese torso que siempre la acompañaba por las mañanas, aunque en ese momento no lo encontró. Abrió los ojos rápidamente, notando que no se encontraba en la habitación, las cortinas se habían abierto ligeramente y el móvil estaba en la mesita de noche, por lo que no salió por trabajo. Sacudió su cabello yendo directamente a la habitación donde estaba convencida que lo hallaría. Y no se equivocó. Ahí se encontraba su esposo con la bebé en su brazo, mientras con la otra mano sostenía el biberón de su hijo. Tenía solo dos meses y medio y ya lo hacían maniobrar para darles atención a ambos. —Braulio tenía hambre y Linneth no quería su biberón, pero tampoco en su cuna. —exhaló. —Solo así se calmaron ambos. —¿Dónde quedó el “Aquí no estamos para complacer a nadie"? —se rió de él al verlo no descuidar a ninguno, después que a solo dí
—Los rumores plantean una reunión con el señor Pembroke. ¿Retoma una amistad con él, luego de los incidentes que tuvieron? Porque es el menor de los rumores que rondan por ahí —comentó el periodista, dirigiéndose a la mujer de vestido marrón y vientre abultado. Las cámaras enfocaron su sonrisa, mientras su esposo se mostraba indiferente hacia la pregunta.Aunque sólo Génesis podía saber cuánto le molestaba que ese apellido volviera a mencionarse.—Te seré sincera —respondió con humor—. Ni siquiera tenía conocimiento de que el señor Ever Pembroke se encontraba en ese sitio. Fue una desafortunada casualidad.El periodista colocó las tarjetas sobre la mesa, buscando provocar una reacción.—Él afirmó que podría haber una bonita amistad entre ustedes. ¿Qué opina usted sobre eso, señor Crown?El periodista sabía que podía obtener una buena entrevista si hacía preguntas al hombre que tachaban de celoso extremo.—No me conciernen en absoluto las afirmaciones que haga Pembroke —dijo Anthony, c
Las semanas se fueron convirtiendo en meses llenos de nuevos retos para una mujer embarazada con cambios en la sensibilidad de su cuerpo. Cambios que también podía percibir su esposo, quien con ciertas molestias no podía tolerar los aromas que nadie más sentía tan fuertes, pero al ver su semblante no tenían más alternativa que alejar la fuente de su molestia. Si los Crown eran estrictos para el cuidado de Génesis, incrementaron luego de saber que eran dos y no uno; para los Blackwood eso no cambió. Mörder se dispusieron específicamente para brindar la protección de los herederos de dos legados. Bastian jamás creyó que algo lo volvería a emocionar como la llegada de sus hijos. Su corazón no era algo dejara libres las emociones pocas vistas por alguien fuera de su familia. Samara celebró por medio del teléfono cuando la noticia llegó a sus oídos. Para Evelyn no fue diferente. Ella y su hija decidieron viajar y los días que estuvieron con Génesis en New York, los regalos no faltaron.
Génesis caminó con rapidez desde que el avión abrió sus puertas. El tiempo no le era suficiente, pues era la única dama de honor que faltaba y no podía fallar. Tenía solo media hora para llegar a la mansión Crown, vestirse y estar en la iglesia. Sentía que algo se le olvidaba cuando descendió. El clima fresco golpeó su cara dándole un respiro, aunque no era suficiente. Aún esa presión no se iba. —Más despacio, Florence —la detuvo su esposo, esperándola cuando la vio tan agitada. Con su esmoquin le robó un suspiro desde el primer segundo que lo vio. Su figura imponente destacando entre todos los hombres presentes. Con esa mirada llena de luz, pero inundada de soberbia, la sostuvo de la barbilla. La Emperatriz que había frenado de golpe sintió que levitaba por tenerlo tan cerca, entendiendo lo que quería decirle cuando este le mostró una botella con agua. Eso era. Había olvidado la prenatal de ese día. Bajó los hombros y se rió. ¿Cómo lo sabía? Adivino claramente no era, pero siempre
—¿Qué pasa? ¿Sucede algo con el bebé? —preguntó una asustada Génesis, mientras sus ojos se movían frenéticamente, tratando de descifrar lo que ocurría. La falta de respuestas la tenían con las venas pulsando descontroladas. El médico, con el ceño fruncido, apartó el doppler y llamó a su enfermera. El silencio en la sala era ensordecedor, cada segundo se sentía como una eternidad. Anthony comenzaba a desesperarse y eso era algo que no podían permitir de ningún modo. El ángel de la muerte no es lo que Génesis quería ver, aunque si lograba hacer hablar al médico no lo iba a detener. —No es nada malo. El tratamiento usado fue un gran éxito. De eso no cabe duda. —dijo éste, mientras pedía el cambio del aparato. Anthony, con el corazón latiendo desbocado, no entendía nada. Génesis aún menos. —Hable de una vez. No le dé largas al asunto. —espetó Anthony, su voz cargada de impaciencia y temor. El doctor sintió que en cualquier momento acabaría con su vida. Aunque era peor dar datos sin e







