Masuk***Lía***Desperté… pero no fue un despertar normal. No abrí los ojos de inmediato, ni me moví. Porque algo dentro de mí ya estaba despierto, algo que no había estado ahí antes. O peor… algo que siempre estuvo… esperando.Mi cuerpo estaba en calma, pero mi piel… mi piel ardía distinto. No como la noche anterior, ni como deseo, sino que era más profundo, incluso más poderoso.Tragué saliva y el aire tembló. Abrí los ojos de golpe y el espacio a mi alrededor vibraba como si respondiera a algo invisible que salía de mí.Giré lentamente la cabeza, Kael estaba despierto observándome. Pero no como antes. No había paz en su mirada, pero sí había tensión, oscuridad y miedo.—Lo sentiste… —murmuré.No era una pregunta, su mandíbula se tensó y sus ojos bajaron lentamente hasta mi pecho y luego a mi brazo… hasta la marca.Y entonces lo noté, mi respiración se detuvo. Brillaba, no como antes, sino más intensa, pura y viva. Como si ya no fuera solo una marca. Como si fuera… algo sellado, algo acti
La puerta se cerró de golpe. El sonido retumbó en la habitación como un disparo contenido.Lía no se giró de inmediato. Su pecho subía y bajaba con fuerza, la marca ardiendo bajo su piel, latiendo al mismo ritmo desbocado de su corazón. Podía sentirlo ahí atrás… su presencia llenándolo todo, volviendo el aire denso, irrespirable.Le ardía la sangre al pensar en todo lo que pasó durante la ausencia de su marido, en cuánto lo había pensado, en cuánto lo había necesitado… para encontrarlo junto a ella, verla tocarlo sin miedo a arder como le pasaba a ella, sin miedo a causar un desastre. La envidia brotó de su pecho. Detrás de ella, Kael entró a la habitación. Él tampoco habló enseguida. La miraba, la recorría, como si necesitara asegurarse de que estaba ahí… y no salir corriendo tras ella. Pero lo que realmente lo consumía… no era su huida.Era Dalan.—¿Seguirás huyendo? —la voz de Kael salió grave, tensa, cargada de algo más que enojo.Lía soltó una risa corta, amarga, y por fin
**Lía**La casa de mi padre nunca me había parecido tan ajena. Cada paso que daba dentro de ella se sentía… distinto. Como si ya no fuera mi lugar. Como si algo se hubiera roto antes incluso de cruzar la puerta.Él estaba donde siempre. Sentado, rígido, como si el tiempo no pasara por él. Pero esta vez… no vine a callar esta vez.—Tenemos que hablar.Mi voz no tembló. Y eso pareció incomodarlo más que cualquier grito, Sus ojos se clavaron en los míos, evaluando y midiéndome.—No es un buen momento.—Para mí sí.El silencio cayó entre nosotros, tenso… inevitable.—Quiero la verdad —seguí—. Sobre mamá. Pero, sobre todo, sobre mí.Algo en su expresión cambió, apenas, pero lo suficiente.—Hay cosas que es mejor no remover.—Ya es tarde para eso.Un paso más cerca, sin retroceder.—Escuché nombres. Sé que hay algo más, y no voy a parar.Su mandíbula se tensó, lo vi debatirse, y por primera vez… dudó. Eso me dio la certeza de que estaba en lo correcto.—No soy tu padre.El mundo se detuvo.
**Lía**No podía sacarme esos nombres de la cabeza. Asmodeo y Rafael. No sonaban igual, tampoco se sentían igual.Uno era pesado. Oscuro. Como si arrastrara algo antiguo, peligroso… algo que no debía ser nombrado. El otro… era distinto. Más limpio, pero no por eso menos inquietante. Como si su luz pudiera quemar tanto como la oscuridad. Y lo peor… era que ambos parecían estar conectados con nosotros.Caminé sin rumbo por los límites de la manada, sintiendo el aire frío rozar mi piel. Necesitaba pensar… pero cada vez que lo intentaba, algo dentro de mí se agitaba más. Como si esas palabras hubieran despertado algo. Y había una sola persona que podía decirme la verdad.Dalan.Lo encontré donde siempre. En el borde del bosque, entrenando solo. Su cuerpo se movía con precisión, pero cuando me vio… se detuvo.Siempre se detenía por mí.—Lía —dijo, bajando apenas la guardia—. No deberías estar sola.No respondí a eso.—Necesito que me digas la verdad.Su expresión cambió apenas. Sutil… pero
**Kael**El templo no era un lugar simplemente. Era una memoria. Cada paso dentro de él pesaba distinto, como si no caminara sobre piedra… sino sobre todo lo que había sido antes que él. El aire estaba quieto. Demasiado para mi gusto.Avancé sin mirar atrás. Mi beta se detuvo donde le indiqué. Nadie hablaba en ese lugar si no era necesario. Tampoco podíamos hacerlo ni comunicarnos por nuestro enlace mental.El círculo central apareció frente a mí como un viejo enemigo. Tallado en la roca, marcado por símbolos extraños, era un lenguaje antiguo que solo los sabios entendían. Ellos eran el punto límite, conocían los secretos de todas las criaturas del mundo humano y sobrenatural.Sentí el ardor de mi marca al reconocer el lugar. Mi cuerpo se tensó, pero no me detuve. Entré en el centro.El cambio fue inmediato. El aire se volvió más pesado. Más denso. Como si algo me envolviera desde adentro hacia afuera.—Sigues resistiendo.La voz no sonó en mis oídos y se deslizó por mi mente. Pero no
**Lía**Al llegar la noche, el jardín estaba iluminado apenas por antorchas bajas y la luz de la luna que se filtraba entre las hojas, atenta. Kael estaba sentado en el borde de la fuente, con los antebrazos apoyados sobre las rodillas, mirando el agua sin verla del todo.Estaba completamente raro luego de lo sucedido en la clínica, o, preocupado quizás. Me acerqué sin anunciarme. No hizo falta. Él siempre sabía cuándo yo estaba cerca.—Pensé que dormirías —dijo, sin mirarme.—No tenía sueño.Me senté a su lado. El mármol estaba frío, pero su cercanía lo templaba todo. Durante unos segundos no hablamos. El silencio ya era una costumbre entre nosotros, pero ya no incomodaba, como si hubiéramos aprendido a habitarlo juntos.Kael respiró hondo.—Mañana voy a ir al templo —dijo—. Con mi beta.Lo miré recién entonces.—¿Por cuánto tiempo?—No lo sé.No había dureza en su voz. Tampoco distancia. Solo honestidad.—¿Es peligroso?Kael negó despacio.—No más que quedarme.—Llévame contigo— le







