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3. Polos opuestos

last update Fecha de publicación: 2026-01-13 13:10:24

~Rowan~

Cuando la vi entrar al comedor junto a esa anciana, por un momento pensé que era otra persona. Incluso la idea del matrimonio empezó a parecerme menos absurda, porque la mujer que mi abuelo había elegido era hermosa y, por su porte, parecía de buena familia.

Pero al verla de cerca, sentí un nudo entre mis tripas. Era ella. La maldita mujer de antes. La revoltosa de lengua afilada, la jovencita de mirada venenosa.

Debí haberme confundido. Aunque su cabello estaba bien peinado, lucía maltratado. El vestido y los zapatos eran decentes, pero el olor de su origen humilde se notaba a kilómetros. Sus manos callosas, uñas mordidas y piel reseca delataban todo lo que era ella.

Y ahora, sumado a las palabras que lanzó mi abuelo, todo esto me parecía una broma de mal gusto. Esa tal Ivette, la sirvienta que me bañó con agua de alcantarilla —o lo que haya sido— resultaba ser la supuesta prometida. ¿Acaso maté a un cura o qué demonios hice para merecer esto?

—Seguro es otra de tus bromas —me reí con nerviosismo, intentando evadir la realidad—. Abuelo, sé que quieres fastidiarme por portarme mal, pero te estás pasando.

—No estoy bromeando, Rowan —aclaró con seriedad—. Hablo completamente en serio. Esta joven es tu prometida.

—¡¿Qué?! —bramó Ivette, sobresaltándome—. ¡Oiga, anciano! ¿De qué demonios habla? Sea lo que sea esto, no tiene ni pizca de gracia.

Así que la mugrosa tampoco sabía. Pero no me engañaba. Todas las de su clase eran iguales, aprovechadas. Aunque… mi abuelo parecía tenerle cierto aprecio. ¿Será que había algo entre ellos?

—Ivette, cálmate. Sé que es sorpresivo para ti, y lamento decírtelo así —prosiguió mi abuelo, apoyando su mano sobre la mesa. Ese gesto me pareció sospechoso—. Eres una muchacha trabajadora, de buen corazón, y me encantaría que seas tú quien esté al lado de mi nieto como su esposa.

—No quiero —ella apartó la mano con brusquedad y me lanzó una mirada fulminante—. ¿Acaso sabe lo grosero que es ese tipo? Es insoportable, arrogante y un creído de primera. Preferiría casarme con un burro.

—¿Ves cómo me habla esta vulgar e insolente? Estás equivocado conmigo, abuelo —repliqué con rabia, devolviéndole la misma mirada—. No tiene modales, no tiene clase, y está lejos de ser de mi gusto.

—Ay, por favor, el inalcanzable —me lanzó con sarcasmo—. ¿Qué haremos con don perfecto? No eres más que un muñequito de plástico fabricado por papi y mami.

—¡Tú…!

—¡Ya basta! —el abuelo golpeó la mesa con la palma—. ¿Pueden dejar de comportarse como niños? Esto es un asunto serio.

—No pienso casarme con esta mugrosa —declaré sin dudar—. Elige a otra, abuelo. Acepto tus condiciones, pero solo si es otra persona. Con esta, no.

Los ojos de Ivette se entrecerraron, como si buscara un cuchillo de mantequilla para lanzármelo entre ceja y ceja.

—Ya conoces mi respuesta, Rowan —me recordó el anciano—. O te casas… o no hay herencia.

—Con todo respeto, creo que está yendo demasiado lejos —espetó Ivette—. Y para que quede claro: yo no he aceptado nada. No pienso casarme, no tengo edad para eso y, sinceramente, no tengo el hígado para soportar a este imbécil. Y disculpe que se lo diga así, pero yo soy de frente.

—Un insulto más hacia mí y no respondo —advertí, con los dientes apretados—. No estamos al mismo nivel, así que cuida tus palabras.

—¿Cuántas veces te he dicho que dejes ese comportamiento clasista? —me reprendió el abuelo con severidad—. Ella es tu prometida ahora.

—¡¿Prometida yo?! —chilló Ivette, exasperada—. ¡Ni lo sueñen! Ya le dije que no he aceptado nada. Arreglen sus líos ustedes solos. Me voy.

—Espera —el abuelo la detuvo, y ella volvió a sentarse a regañadientes—. Hablemos con calma, Ivette. Tengo mis razones, y no pienso retractarme de mi decisión.

—Parece que te importan más los sentimientos de esta mujer que los míos —gruñí, cerrando los puños—. Mi respuesta sigue siendo la misma.

—Mi respuesta también sigue siendo la misma —declaró él—. Te daré tiempo para pensarlo. Si no aceptas, te vas de aquí con las manos vacías.

—¡Eso no es justo para mí! —me levanté furioso—. Eres el peor, abuelo. No puedo creer que me estés haciendo esto. ¿Mamá sabe? ¿Papá?

—Nadie lo sabe, solo nosotros. Se enterarán cuando aceptes.

Ni en sueños. ¿Qué pensaría la sociedad si me casaba con una campesina mal hablada? Antes muerto. Mis amigos se burlarían de mí por años. A mi madre le daría un paro cardíaco. Y mi padre... bueno, él no era lo que más me preocupaba. Siempre estaba de viaje, metido en sus negocios, y apenas si pisaba la casa.

—Esto es absurdo —escupí con rabia—. Estás cometiendo un gran error.

Sin tocar un solo bocado de la cena, subí a mi habitación hecho una furia. Toda mi vida perfecta se había venido abajo en un solo día. No debí venir. Debí casarme con Margoth antes, y evitar todo esto. Prefería mil veces casarme con esa mujer, aunque me haya destrozado el corazón, que terminar atado a esta campesina.

Me encerré en mi recámara y me dejé caer sobre la cama. Extrañaba mi habitación. La mía era más cómoda, más cálida… y, sobre todo, no tenía que lidiar con esta locura.

Mañana me iré. No pienso quedarme un día más en este lugar. Seguro que a mi abuelo se le pasará esa absurda idea de querer casarme con una campesina. Le mentiré si hace falta, le diré que ya tengo a alguien en mi vida. Y si tengo que contratar a ese alguien para que finja ser mi pareja, lo haré.

Pero de que no me casaba, no me casaba.

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Comentarios (15)
goodnovel comment avatar
Casandra Cruz Cruz
por favor rowan te Vas a casar con ella aunque no quieras y será la mejor mujer que has tenido
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Valeria Guadalupe JM
Así que si tiene corazón y la ex se lo rompió, mira que interesante
goodnovel comment avatar
Valeria Guadalupe JM
Así que se volvió así de clasista por la madre que tiene.
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Último capítulo

  • Domando a un millonario    192. Epilogo.

    [...]~Ivette~ Abrí los ojos lentamente, encontrándome con la luz suave de la mañana filtrándose por las cortinas de la cabaña. Durante unos segundos me quedé quieta, disfrutando de aquella tranquilidad extraña que rara vez existía en nuestras vidas desde que nos habíamos convertido en padres.Sentí un brazo rodeándome la cintura casi de inmediato cuando intenté moverme. —No te levantes todavía… —murmuró Rowan con la voz pastosa mientras hundía el rostro en mi cuello.Sonreí.—Tengo que preparar el desayuno.—El desayuno está sobrevalorado.—Eso lo dices porque no eres tú quien amanece con hambre.Él gruñó bajito, aferrándose más a mí como un niño caprichoso.—Cinco minutos más.—Dijiste eso hace diez minutos.—Entonces dame otros diez.Solté una pequeña risa y me giré para besarle la frente.—Descansa. Rowan protestó algo inentendible, pero terminó soltándome de mala gana. Aproveché para salir de la cama antes de que cambiara de opinión y me arrastrara otra vez entre las sábanas.

  • Domando a un millonario    191. Final

    ***~Rowan~ Apretar el botón del calentador de agua con una mano mientras sostenía a Sharon contra mi pecho con la otra se estaba convirtiendo en mi especialidad. Mi hija no había dejado de llorar en los últimos veinte minutos, un llanto enérgico que inundaba cada rincón de la cocina y me ponía los nervios de punta. Me moví hacia la barra, arrastrando los pies por el cansancio acumulado, para prepararle su tercer biberón. Había memorizado decenas de videos tutoriales en internet sobre las medidas exactas, la temperatura ideal y la forma correcta de agitar la mezcla para evitar las burbujas de aire que le provocaban cólicos. Sharon tenía apenas unos meses de vida, pero poseía una personalidad indomable; era una miniatura perfecta de Ivette, con unas pestañas largas que se mantenían húmedas por las lágrimas y unos puños diminutos que no dejaban de agitarse en el aire buscando comida. En cuanto la mamila estuvo lista y se la acerqué a los labios, el silencio regresó de nuevo a la esta

  • Domando a un millonario    190. La cúspide de la felicidad.

    ~Ivette~ El dolor físico superaba cualquier expectativa lógica que me hubiera forjado durante los meses de gestación. Cada contracción se sentía como una fuerza arrolladora que intentaba partirme el cuerpo en dos, un eco profundo que nacía en la base de la espalda y se extendía por todo mi abdomen, obligándome a perder el control de la respiración.La sala de partos, con sus luces blancas e intensas y el murmullo constante del personal médico, habría resultado un escenario completamente aterrador de no ser por la presencia constante de Rowan a la cabecera de la camilla. Su mano derecha sostenía la mía, absorbiendo la fuerza desmedida de mis dedos cada vez que una nueva ola de dolor llegaba.Sentir su piel cálida, escuchar su voz pausada susurrándome al oído que lo estaba haciendo bien y percibir su aliento cerca de mi rostro se convirtió en el único anclaje real que me quedaba para no sucumbir ante el agotamiento físico.—Solo un poco más, Ivette, ya falta muy poco, estás siendo incr

  • Domando a un millonario    189. Boda y parto.

    ***~Rowan~ Jamás habría imaginado ver a mi padre frente a un altar por segunda vez. En mi antigua ignorancia, durante los años en que la frialdad y las apariencias dominaban nuestra casa, llegué a creer que mis padres estaban destinados a permanecer juntos a pesar de la distancia emocional que los separaba.Qué equivocado había estado todo ese tiempo. Fue necesario atravesar tormentas desgarradoras y descubrir verdades ocultas para comprender los verdaderos sentimientos de mi padre. Ahora, despojado de cualquier venda del pasado, me invadía una inmensa gratitud al verlo unirse formalmente a la mujer que realmente amaba.Mi padre permanecía de pie en el presbiterio vistiendo un impecable traje negro, adornado únicamente con una pequeña flor blanca en la solapa. Anastacia se encontraba a su lado, sosteniéndole las manos con suavidad mientras ambos recitaban sus votos matrimoniales frente al altar. Contemplar la complicidad de sus miradas me transmitió una calidez profunda en el pecho

  • Domando a un millonario    188. Un ciclo cerrado.

    ~Narrador omnisciente~ Habían pasado meses y William todavía no lograba procesar la idea de tener que ver a esa mujer otra vez. El tiempo transcurrido debió amortiguar el rencor, pero la sola mención de su nombre le revolvía el estómago. Aun así, aquel paso era indispensable; necesitaba cerrar ese ciclo de manera definitiva, tanto por su propia paz mental como por el futuro sólido que estaba construyendo al lado de Anastacia.Tras cruzar los rigurosos controles de seguridad de la prisión, los custodios lo guiaron por un pasillo gris y frío hasta el área destinada a las visitas con los internos de alta peligrosidad.Cuando la puerta de metal se abrió y permitieron el ingreso de Victoria, William experimentó una fuerte sacudida interna. Le resultó sumamente difícil reconocer en esa figura a la persona con la que había compartido tantos años de su vida.Lucía extremadamente delgada, con unas ojeras profundas que le hundían la mirada y un aspecto demacrado. El uniforme naranja de la inst

  • Domando a un millonario    187. Unidos para siempre.

    ***~Narrador omnisciente~ Flor parpadeó varias veces seguidas para retener las lágrimas que amenazaban con estropear su maquillaje. Le resultaba casi imposible procesar que cada uno de sus anhelos se estuviera materializando con tanta perfección; desde la planificación de una boda de ensueño hasta el hecho de unir su vida a la del hombre que amaba.Inhaló profundamente para estabilizar las pulsaciones. Sabía de sobra que el embarazo y el cóctel de hormonas revolucionadas la volvían el doble de vulnerable en un día como este.—¿Estás llorando, mi niña?Flor negó con la cabeza de inmediato, forzando una sonrisa tímida mientras se miraba en el espejo del camerino improvisado.—No, para nada, señora.—Pero mira esos ojos, los tienes completamente rojos —Vivian se acercó, dejando de lado los detalles del tocado para concentrarse en ella—. No me vas a engañar.—Es solo... la emoción del momento. Es difícil de controlar hoy.Vivian suavizó la expresión, mostrando una calidez que disipó cua

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